Friday, February 15, 2008

EL HOMBRE DOMINICANO EN LA HISTORIA DE SÁNCHEZ VALVERDE


En la foto, de derecha a izquierda: Quisqueya Lora y los archivistas Antonio González Quintana (español), Ana Felix, y Andrea Paz.

La visión del criollo en Antonio Sánchez Valverde

Quisqueya Lora H.

(Archivista del Archivo General de la Nación, República Dominicana. Licenciada en Historia, Escuela de Historia de la UASD, y Maestría en Historia Dominicana, Facultad de Humanidades, UASD).

Introducción

La obra de Antonio Sánchez Valverde constituye un referente básico en lo que ha sido la historiografía dominicana, especialmente en su obra Idea del valor de la isla Española, se encuentran los mitos fundacionales sobre los que se ha formado una visión y concepción del pasado dominicano.

En el presente trabajo trataremos de analizar la visión del criollo que Sánchez Valverde desarrolla, tomando en cuenta que es una de las primeras, sino la primera, imagen y defensa del conglomerado humano que, desde finales del siglo XVI, empieza un proceso de definición cultural y apego al nuevo escenario en el que se ve obligado a interactuar creando las bases de lo que será el criollismo.

Nos concentraremos en dos obras fundamentales, Idea del valor de la isla Española y La América vindicada de la calumnia de haber sido madre del mal venéreo a través de las cuales nos proponemos apuntalar tres aspectos que entendemos nos permitirán desentrañar la imagen del criollo que predomina a fines del siglo XVIII. Esta imagen da cuenta de la temprana formación de una identidad ligada al territorio que crea un sentido de pertenencia, que, a su vez, puede considerarse el germen de una identidad nacional.

Básicamente abordaremos cuatro puntos, inicialmente, una contextualización histórica que nos permitirá ubicar al personaje en la correlación de fuerzas e intereses en los que se desenvuelve. Podremos entender cómo ese contexto da sentido a una serie de posiciones y razonamientos en la obra de Sánchez Valverde. En segundo lugar, empezaremos a analizar los planteamientos del autor, básicamente aquellos que nos permiten interpretar que hubo un distanciamiento entre los habitantes de la colonia y su metrópoli como proceso nodal en la formación del criollo y un pensamiento criollista. Esto puede ser inferido a través de la forma sutil en que Sánchez Valverde plantea los problemas de la colonia pero que denuncian las deficiencias de la corona para satisfacer las necesidades de sus súbditos en Santo Domingo. En tercer lugar, señalaremos la clara y explícita defensa del criollo dominicano
[1] que lo lleva a contraponerlo con el hombre europeo y, en algunos casos, incluso con el resto de América. Por último, el tema de la esclavitud y raza, punto complejo y ambiguo en la visión de Sánchez Valverde de la sociedad colonial dominicana.

Contexto histórico de Antonio Sánchez Valverde.

El pensamiento de Sánchez Valverde se desarrolló en la segunda mitad del siglo XVIII cuando La Española dejó atrás el dramático período de miseria generalizada que siguió las devastaciones de 1605. Se iniciaba un lento proceso de recuperación estimulado por la prosperidad que vivía la vecina colonia francesa de Saint Domingue.

Esta recuperación se producía en momentos en que, a lo interno de Santo Domingo, se vivían complejos procesos de cambio. Por un lado, hubo un “debilitamiento de la economía esclavista”
[2] que significó un aumento en la cantidad de libertos y de los esclavos jornaleros. Por otro lado, las clases dominantes deseaban beneficiarse de las posibilidades económicas que propiciaba Saint Domingue pero la falta de mano de obra esclava así como la forma en que se habían estructurado las relaciones de trabajo entre la clase dominante y la dominada limitaban estas posibilidades.

En éste período los poderosos de la colonia se sienten alarmados por diferentes situaciones que atentan contra sus intereses, entre ellas, la falta de mano de obra esclava debido, entre otras razones, al crecimiento de la cantidad de esclavos manumisos que tendieron a aislarse en los montes y campos donde formaron lo que Raymundo González llama el campesinado arcaico y que se mantuvo aislado y huyendo de los intentos de subordinación de las autoridades y las clases dominantes; la creciente cantidad de esclavos jornaleros, forma que resultó más práctica para los intereses de los pequeños esclavistas que así se abastecían de los bienes necesarios y de cierta cantidad de recursos pecuniarios. La demanda originada en Saint Domingue hizo que las autoridades y los grandes propietarios quisieran revertir estas tendencias y, más aun, la dispersión rural que en ese momento caracterizaba la colonia
[3]. La colonia seguía estando fuera de las rutas comerciales de la metrópoli y sufría el desinterés o, por lo menos, la falta de respuesta adecuada, por parte de la corona, a los múltiples problemas que enfrentaba. Santo Domingo se encontraba marginada de las preocupaciones imperiales y esto acentuaba el sentimiento de aislamiento entre sus pobladores.

En la caracterización de esta segunda mitad del siglo XVIII no puede dejarse fuera el contexto externo. Este siglo fue el del pensamiento ilustrado en Europa y esto tuvo su impacto en las colonias americanas, en las que se desarrolló un criollismo ilustrado
[4]. Sánchez Valverde es un personaje involucrado en las polémicas de su época y que demandaban el contacto con las corrientes de pensamiento predominantes en Europa y, por lo tanto, un alto grado de erudición. En su obra es posible apreciar la influencia de su formación jesuita, que en ese tiempo asumen las ideas que traen las nuevas teorías científicas y buscan el equilibrio entre la fe y la razón. Fruto de esas nuevas corrientes de pensamiento ilustrado en la obra de Sánchez Valverde la referencia histórica será usada para validar sus argumentos.

Acorde con las teorías de la fisiocracia, representada por Francisco Quesnay, la tierra y su riqueza es la clave para el progreso. En el siglo XVIII era muy común entre los escritores hispanoamericanos hacer descripciones de la naturaleza. Una obra como “Idea del valor de la isla Española”
[5] se inserta claramente en esta tendencia. Otro aspecto fomentado por el liberalismo, teoría que también tiene su origen en esta época, es la noción de libre comercio. En “Idea” hay continuas alusiones a las retrancas al comercio como factor decisivo de la crisis económica de la colonia. No es casual que esta obra se iniciara con una descripción de los puertos y bahías apropiados para el comercio. Pero definitivamente será la polémica en relación a la superioridad o inferioridad americana la más sentida por Sánchez Valverde y la que lo impulsa a escribir sus principales obras.

En la mayoría de los pensadores americanos, en medio de esta efervescencia de las ideas ilustradas, la inclinación fue al desarrollo de una tendencia independentista, pero en el caso de Santo Domingo, los criollos apenas propusieron un reformismo velado que tuvo su mayor representante en Sánchez Valverde. Aun con estas limitantes puede considerarse que el siglo XVIII fue un momento de “eclosión de una identidad colectiva”
[6]. Esta identidad se fundamentó en el apego al territorio que fue acentuado por los continuos ataques piratas, como el de Francis Drake o la invasión de Penn y Venables, que obligaron a sus pobladores a defenderse y defender su territorio. Hechos como estos hicieron que surgiera una identidad basada en la oposición a lo extranjero.[7]

El aislamiento en que se encontró La Española, sin duda alguna, hizo que sus habitantes, por lo menos los que no pudieron irse, vieran su destino unido a este territorio. La identidad de rechazo a lo extranjero hizo que se afianzara la reivindicación del carácter español de los pobladores de Santo Domingo pero que en realidad se refería a lo criollo. Otro elemento a tomar en cuenta es que en ese siglo es cuando se acentúa definitivamente el predominio mulato de la población y la población blanca y negra se reducen a un mínimo histórico. Esta minoría blanca, que monopolizaba los cargos importantes en el gobierno colonial, tendió por igual a acentuar el carácter discriminatorio de la vida colonial.

Algunos aspectos biográficos de Sánchez Valverde[8]

Sánchez Valverde nació presumiblemente en 1729, en una familia de clase alta, pero criolla. Su abuelo tenía un origen metropolitano y llegó a la isla como militar en 1692. Aquí casó con una criolla, probablemente mulata. De esta unión nació el que sería el padre de nuestro personaje, Juan Sánchez Valverde, quien tuvo un oficio nada despreciable en la época, el de agrimensor, esto le permitió hacerse propietario de tierras. Juan casó con Clara Díaz de Ocaña, hija de un capitán de la ciudad de Bayaguana y, por lo tanto, de clase alta. También es muy probable que Díaz de Ocaña y su familia tuvieran origen mulato. Desde ya sobresalen dos contradicciones nodales para el desarrollo de la vida de Sánchez Valverde, por un lado su origen de clase alta, por el otro, su condición de mulato. La primera condición le abrió puertas que su segunda condición le cerró.

Su origen de clase alta le permitió convertirse en sacerdote, pero el hecho de ser mulato le acarreó problemas insalvables. Sánchez Valverde no pudo subir en la escala de los puestos de la Iglesia Católica a pesar de su incuestionable formación erudita, que no se limitó a los asuntos eclesiásticos. Este se formó en la Universidad de Santo Tomás de Aquino en la que adquirió el grado de bachiller en Derecho Civil. Pero como dijimos, su condición de mulato impidió su ascenso en la jerarquía católica. Para lograr la dignidad de racionero viajó a España donde defendió este puesto y lo consiguió. Posteriormente trató de alcanzar una canonjía de la Catedral, en tres ocasiones perdió las oposiciones, a pesar de su evidente calificación y que superaba a sus contrincantes. Incluso trató de probar suerte en otros medios como Caracas y Santiago de Cuba pero allí corrió igual suerte. Eventualmente su actitud beligerante y defensiva le trajo problemas que culminaron con su envío a México como racionero en Guadalajara, lugar en que murió poco después. Sin duda alguna, este extrañamiento debió resultar especialmente duro para un personaje con tan especiales lazos afectivos con Santo Domingo.

A pesar del tormentoso derrotero que llevó su vida, Sánchez Valverde se mantuvo escribiendo y en España logró publicar varios de sus escritos, entre los que sobresalieron Idea del valor de la isla Española y utilidades que de ella puede sacar su monarquía, La América vindicada de la calumnia de haber sido madre del mal venéreo y Sermones, panegíricos y misterios, todos publicados en 1785.

El distanciamiento insular de la metrópoli.

Sánchez Valverde escribió la que puede ser considerada su principal obra Idea del valor de la isla española con un fin específico, contribuir “para la felicidad común de aquella sociedad en que vive”. Su objetivo era la defensa de los españoles criollos o indohispanos, para esto buscó evitar que la ignorancia de la corona de las riquezas de la isla deje “perecer en la miseria a millares de individuos”
[9]. El racionero era un criollo, hijo de una familia pudiente que había sufrido las vicisitudes económicas de la colonia y que aspiraba a vivir dentro de los niveles que su posición social impone. Esta misma clase social, permeada por el mestizaje, sufre el embate de las inapropiadas medidas tomadas por la corona. Extrañamente, Sánchez Valverde, que vive en carne propia el injusto sistema discriminatorio que impera en la colonia, calla, a pesar de su beligerante actitud en otros aspectos. El elemento mulato que lo caracterizó aparece silenciando, o más bien, negado, no existe.

Sus problemas son otros, son el monopolio comercial, la falta de esclavos y la ligereza con que se mantiene el sistema esclavista y la defensa del potencial natural y humano que hay en la isla. Estas son las problemáticas centrales en las que se desenvuelve Sánchez Valverde y a través de las cuáles se puede interpretar su visión del criollo. Su obra “Idea” se inserta claramente en una tendencia predominante en la época, los pensadores hispanoamericanos hacían descripciones de la naturaleza que, conjuntamente con las influencias de la Ilustración y el Enciclopedismo, le darían un tono político.
[10] Frente a la visión europea que tendía a menospreciar a América se formó una visión hispanoamericana del Nuevo Mundo, que contrarresta los discursos de superioridad europea.[11] En el prólogo a “La América vindicada…”[12], el autor insta a los americanos, tal como él ha hecho, a escribir en defensa de América.

El aislamiento que sufrió La Española a partir del siglo XVII provocó un distanciamiento afectivo y real de los colonos hacia la metrópoli, formándose lo que John Lynch llama “el apego a las patrias regionales”
[13]. Los colonos continuamente hicieron solicitudes para que se permitiera la negociación con otros puertos españoles u otras naciones amigas de España. Cuando estas gestiones no dieron resultado entonces el contrabando fue la única forma de subsistencia efectiva. Sánchez Valverde sugiere la necesidad de apertura comercial y en su ausencia justifica el contrabando. Hay que entender que el autor no podía ni quería atacar frontalmente las decisiones de la corona, pero entre líneas es lo que puede leerse.

Sánchez Valverde trata de hacer “desvanecer la preocupación vulgar que atribuye la decadencia a la misma isla y sus habitantes”
[14]. Para él esta decadencia de la isla se debe a elementos externos: la desgracia en que cayó el almirante, la muerte de los Reyes Católicos, la rebelión de Roldán, los descubrimientos en el continente y, claro esta, las emigraciones que se llevaron a las mejores familias. Pero incluso al mencionar este último hecho el autor se cuida y lo achaca a las “desavenencias intestinas”[15]. Aunque la decadencia no sea culpa de los habitantes, el culpable no se nombra o resulta ser un ente impersonal como por ejemplo, la falta de esclavos. Explica que, gracias al contrabando, por lo menos se mantenía la colonia, pero contradictoriamente afirma que la corona tomó la medida mas eficaz de todas “que fue demoler las plazas marítimas que no podía guardar”[16]. Las devastaciones son descritas como un huracán. Las ciudades que se poblaron con los habitantes de las zonas despobladas eran miserables y “lo que acabó de arruinar aquella Isla fueron las epidemias de viruelas, sarampión y disentería” que afectaron a los negros e indios, lo que no dejó manos para el cultivo[17].

El autor se cuida de las críticas a la corona, señala como el estado de despoblación que vivía la isla se debe a “nuestro descuido” y al “sistema de las cosas en la isla”
[18] sin hacer mención al origen de ese sistema de las cosas. En el trasfondo subyace la incompatibilidad entre los intereses coloniales y los de la metrópoli. En última instancia justifica el abandono de España a su colonia por las guerras y la necesidad de atender sus otros territorios[19]. Sánchez Valverde hace un gran esfuerzo por encontrar un equilibrio favorable a las medidas de la corona. Pero al mismo tiempo hay un reconocimiento implícito al hecho de que España mantiene abandonada su colonia. Igualmente en su defensa de las acusaciones de indolencia que se le hacen a los criollos y que explican la pobreza de la colonia, el racionero, como punto nodal de todo el problema, afirma que la falta de esclavos es la causa de los problemas que sufre la colonia, pero esto no es culpa de los criollos, ¿De quién es la culpa? No lo dice, pero es fácilmente deducible.

Otra forma táctica de crítica a la corona ocurre cuando Sánchez Valverde introduce el tema del problema del abastecimiento de esclavos planteando su incompetencia para opinar. Considera que una decisión así no debe ser tomada por una persona con “un pulso tan débil, ni para unas miras tan cortas” como las suyas
[20], pero aun así propone dos alternativas para que el Rey, en su infinita sabiduría, tome la decisión más correcta. Pero al argumentarlas es evidente que el autor toma partido por una de ellas, opina que “permitir que los estrangeros lleven a Santo Domingo sus negros parece más ventajoso”[21]. Esta aparentemente sutil propuesta lo que plantea es el fin del monopolio comercial y en esencia amenaza uno de los pilares de la política económica colonial.

Estas críticas implícitas a la corona nos sirven para mostrar el creciente desarrollo de un pensamiento criollo, que plantea sus propias necesidades y sus propias soluciones. Hechos descritos por el autor, como que son los propietarios, por iniciativa propia, quienes construyen los caminos y las acequias
[22], muestran como los criollos son cada vez más autosuficientes y capaces de mostrar independencia.

Como representante de su clase, Sánchez Valverde hace, en diferentes ocasiones, alusión a la derogación del monopolio
[23], una de las demandas mas sentidas por los criollos. Por otro lado, en varias ocasiones justifica el contrabando como único medio de afrontar la decadencia colonial[24], en este punto se coloca en el centro de la lógica de defensa de los intereses de los criollos. En ocasiones se sirve de otro autor para hacer sus críticas a la corona, tal es el caso de Weuves[25]. De esta forma evita hacer una crítica frontal. En esencia en la obra del autor están presentes, en líneas generales, las crecientes inquietudes de los sectores dominantes de la colonia, pero evidentemente de aquellos en los que empieza a surgir una identidad diferenciada de España, la que ya, en muchos aspectos, no responde por sus intereses.

La defensa del criollo.

El sentido de pertenencia que desarrollaron los criollos estaba muy asociado a la defensa del territorio, por eso para Sánchez Valverde lo fundamental es, en un principio, describir las bondades de la isla. Por ello su defensa empieza incluyendo a los naturales originarios del territorio americano, los indígenas, a los que describe como “bien alimentados, ágiles, sanos y propagativos o fecundos”
[26], eran gentes que “vivieron naturalmente felices”, con los “desperdicios” que daba la pródiga naturaleza[27]. Es decir, que la bondad del territorio de La Española es anterior a la llegada de los españoles.

A los indígenas siguieron los conquistadores de los que el autor se siente formar parte. Al referirse al hecho de la conquista y, específicamente, a la llegada de Colón, se incluye, diciendo que “enarbolamos y plantamos el soberano estandarte de la Santa Cruz”
[28]. Aunque se incluye en la estirpe de los conquistadores, a quien él realmente se siente ligado es a los criollos españoles, estableciendo una diferenciación con los metropolitanos.[29] Para él son esos criollos, que sienten amor y fidelidad por los Reyes Católicos, los que han conservado para España, La Española.[30], pues las naciones extranjeras no se atrevieron a tomarla por la defensa de un puñado de bravos criollos.[31]

Sánchez Valverde hace una mitificación del arrojo y la valentía de los criollos creando una épica de la defensa del territorio, “pocos centenares de nuestros lanceros, cuyo nombre sólo velaba el corazón francés, acababan de humillar esta nación y hacerla correr por las montañas como ciervos”
[32]. Las pruebas de bravura y, por encima de todo, fidelidad de los criollos están por doquier, estos han decidido por voluntad propia mantenerse españoles y están “resueltos a no reconocer otro señor”[33].

Sánchez Valverde inicia un arduo trabajo de defensa del criollo de todas las injurias que los pensadores europeos, amigos y enemigos de España, les atribuyen. Los considera “esforzados y diestros para el corso”
[34], dedica un capítulo completo a rebatir las acusaciones de holgazanería[35].
“En fin, nada puede ser más imaginario que caracterizar a los Franceses de activos para el trabajo en Santo Domingo, quando sobre este género de vida que acabamos de pintar, es constante que su delicadeza nacional les hace menos a propósito para aquel clima, no digo que los Criollos pero aún más que los Españoles Europeos.”
[36]

Aquí puede percibirse que la defensa de los nacidos en esta isla lleva al autor a considerarlos mas aptos para el medio, no solo que los franceses sino incluso, que los “españoles europeos”, como él los llama. Para defender al criollo Sánchez Valverde parte de la diferenciación de los franceses, estos son los verdaderos “delicados y holgazanes”
[37].

Aunque aspira a igualar la riqueza de Saint Domingue, la riqueza y ostentación de los propietarios franceses le sirve para criticarlos y probar que no están mejor preparados para el trabajo en la isla, por el contrario, esta riqueza los hace débiles. La pobreza de Santo Domingo le permite probar la dureza del hombre dominicano, su capacidad de trabajo y sacrificio y, por lo tanto, dadas las condiciones apropiadas estaría en mayor capacidad que los franceses de generar riqueza. Las siguientes son descripciones de cómo Sánchez Valverde visualiza al hombre trabajador dominicano, pues para él todos son trabajadores, como podrá verse.
“Se ve el Regidor, el Capitán, el Canónigo en la triste necesidad de asistir a su hacienda al menos todo aquel tiempo que le permiten sus respectivos empleos o aquel preciso de las cosechas y zafras. ¿Y con qué comodidad? En Calesa o Birlocho es imposible porque ni el caudal lo sufre, ni los caminos lo permiten. Va a caballo, expuesto a los ardores de aquel sol y a las lluvias. El hospedage que le espera es una choza pagiza y mal entablada, con una sala de quatro o seis varas, en que hay una pequeña mesa, dos o tres taburetes y una hamaca, un aposento del mismo tamaño, o menor, con quatro o seis varas, en que hay una pequeña mesa, dos o tres taburetes y una hamaca, un aposento del mismo tamaño, o menor, con quatro horquillas clavadas en tierra, en que descansan los palos y se echan seis ú ocho tablas de palma, un cuervo y algunas veces un colchón. Si llueve, escurren dentro las goteras que caen sobre un suelo sin ladrillos y que por lo regular no tiene otra diferencia del campo que haberse muerto la yerva con el piso. Desayúnase el más acomodado con una xícara de chocolate y un poco de pan, que cuenta tantos días de cocido como el amo de viage. Los otros hacen esta diligencia con Café o agua de Jengibre y un Plátano asado.”
[38]
“…hay innumerables rancherías de gentes pobres que viven de la montería, y quatro animales domésticos, los quales pasan el año sin ver las Capitales al modo que los primeros indios:..”
“…un número muy considerable de pobres que solamente tienen sus casucas en el campo y los corrales de sus Cerdos, en cuya crianza se entretienen o sus siembras de tabaco.”
[39]

Los franceses deben su éxito simple y sencillamente a que tienen esclavos y muchos,
[40] no porque posean un genio propio de su naturaleza. Sánchez Valverde cita a Charlevoix cuando este afirma que “los criollos a proporción que se alejan de su origen Europeo, se hacen más sanos, más fuertes y viven mas largo tiempo”[41]. Con esta afirmación nuevamente se produce un distanciamiento de la madre patria e incluso se plantea la supremacia del hombre americano sobre el europeo.

Establece una diferenciación entre el pastor español y el dominicano
[42]. Naturalmente el pastor dominicano, que es el montero, supera con creces al español por las dificultades que afronta y la fortaleza con la que se desenvuelve. La vida del pastor español es calificada como lenta y calmada y que no necesita de grandes talentos, a diferencia del montero cuya vida es descrita con toda crudeza y gran dramatismo. Nuevamente la pobreza y el primitivismo que caracteriza al hombre trabajador dominicano le permiten argumentar su superioridad frente a lo europeo.

En otra obra de Sánchez Valverde, La América vindicada de la calumnia de haber sido madre del mal venéreo, éste se propone tumbar los argumentos que atribuyen el origen americano de la sífilis. Para hacer esta tarea no sólo apuesta a que la naturaleza de los habitantes de La Española es más apta que la del resto de América para resistir esta enfermedad
[43] sino que ataca con fuerza a Europa, en la que este mal encontró el ámbito más propicio para su propagación[44]. Concluye que es en Europa donde se haya la cuna del mal.[45] No puede confundirse su preocupación por desmentir el origen americano de la sífilis con una preocupación simplemente centrada en la defensa del criollo, hay todo un trasfondo económico de por medio. A Sánchez Valverde le preocupa que esa calumnia “puede retraer del comercio y habitación de La Española a los europeos”[46]. La preocupación central es que esto pueda reducir el comercio, aspecto básico de la problemática criolla.

El discurso de Sánchez Valverde permite interpretar el claro sentimiento criollista que desarrolla. Es en este autor donde encontramos tempranamente el uso del término dominicano, para referirse explícitamente al conglomerado humano que habita Santo Domingo y que se diferencia del europeo. También utiliza otras expresiones distintivas como el término indo-hispano para referirse a los criollos. En esta expresión puede percibirse su apego al territorio. Combina lo nativo, “indo”, con lo español, “hispano”, y, por lo tanto, establece un claro distanciamiento con lo simplemente español. En un punto se refiere a los habitantes de Santo Domingo como “mis amados compatriotas”
[47]. Todas estas alusiones sugieren su identificación con la formación de una cultura criolla y su necesidad de identificarlos apropiadamente y distintivamente de España.

Esclavitud y raza en Sánchez Valverde

En los escritos de Sánchez Valverde está ausente la existencia de un problema racial, por lo menos concientemente o quizás explísitamente. Él se asume como un esclavista y, como tal, asume la defensa de este sistema. Todo el problema de La Española podría resolverse con la traída de esclavos. Esta es la razón de la prosperidad de la colonia francesa, punto de comparación y referencia. La presencia de esclavos hace que Saint Domingue sea próspera, a pesar del carácter perezoso y delicado que demuestran tener los esclavistas franceses.

Santo Domingo debe traer esclavos porque, no solo no hay suficientes, sino que los pocos que hay están subutilizados. Problemas como la gran cantidad de días festivos de que disfrutan los esclavos, la esclavitud a jornal, que hace que vivan sin disciplina y sin sujeción, que saquen su jornal de la prostitución, las mujeres, y del robo, los hombres
[48], explican la subutilización. Continúa sus reflexiones criticando la facilidad con que los esclavos obtienen su libertad en la parte española. Para Sánchez Valverde solo aquel esclavo “aplicado, laborioso y exento de vicios” y cuyo dueño no tiene descendientes merece la libertad. En este aspecto debe copiarse a los franceses que “han cortado sabiamente estos abusos”. Para él estas manumisiones “llena los pueblos de ladrones, prostitutas y fautores de los vicios” [49]. Los esclavos son verdaderos indolentes, tendentes a la vagancia y al delito. Contradictoriamente, no se percata que esos campesinos pobres y esos monteros que tan duro trabajan en terribles condiciones son en gran medida los mismos libertos a quienes el atribuye terribles deformaciones. Son esos humildes pobladores dominicanos los que le dan base a su argumento de la superioridad de nuestros criollos ante los franceses.

Sánchez Valverde jamás hace alusión de que estos criollos sean mezclados racialmente. Contrariamente se manifiesta profundamente dolido por aquellos que osan “abrir nuestras venas y manchar la sangre, tanto de los indo-hispanos, como de sus progenitores europeos”. Los americanos han procurado mantener su pureza a diferencia de los franceses que se mezclan con mulatas
[50]. No obstante, reconoce que los propietarios españoles establecen “familiaridad pecaminosa” con las esclavas, incluso afirma que los concubinatos son demasiado comunes[51].

Sánchez Valverde idealiza la esclavitud, llegando al punto de argumentar que hasta los jornaleros europeos trabajarían gustosamente bajo un régimen en el que se les diera casa, ropa, alimento para ellos, sus hijos y mujeres, medicina, entre otros beneficios, como el de la esclavitud en las colonias, incluso muchos esclavos dilatan la compra de su libertad para prolongar la obtención de estos beneficios
[52]. Su idealización llega al punto de atribuir a “la humanidad y religión que la caracterizan” que España no participara directamente en el comercio de esclavos[53]. Además, ya que han sido extraídos de sus tierras y sometidos a la esclavitud, España los compraba no solo por la demanda económica de sus colonias sino también para la altruista función de “hacerles más llevadero su yugo”[54].

Visto de esta manera la esclavitud es un sistema benigno y justificado. Como puede verse no hay alusión efectiva al fenómeno del mestizaje, en un período en el que los mulatos ya eran mayoría y ocupaban diferentes estratos de la sociedad pero sufrían las restricciones que una minoría blanca y fundamentalmente metropolitana imponía a aquellos que no conservaban pureza racial. Sánchez Valverde no se asume como mulato y niega o ignora el problema para Santo Domingo. De color son únicamente los esclavos y, por su discurso, así debe continuar siendo, para lo que deben tomarse las medidas restrictivas ya mencionadas.

CONCLUSIÓN

En el presente ensayo hemos tratado de presentar la visión que, a través de Sánchez Valverde, podemos obtener del criollo dominicano, los problemas que enfrenta y su relación conflictiva con la metrópoli.

El origen y el contexto histórico de Sánchez Valverde explican su actitud de defensa radical de los intereses de la colonia y de los criollos de esta. Es posible percibir la forma velada y sutil a través de la cual el autor hace críticas al gobierno de la corona y permite interpretar los conflictos que existen entre las élites criollas y los intereses metropolitanos. Así como Sánchez Valverde no hace una crítica explícita al gobierno colonial, tampoco dejar entrever el conflicto racial que marca las relaciones sociales de la colonia. Este es un conflicto que él vive en carne propia dada su condición de mulato. Su defensa de la esclavitud traduce sus intereses de clase y nos permite reafirmar la negación y el distanciamiento expreso entre los sectores dominantes y los dominados directamente relacionados con la cuestión racial.

Sánchez Valverde, cuando asume la defensa de los intereses de los criollos, no se refiere a las grandes masas de descendientes de esclavos que ahora se dedican a diferentes oficios, mucho menos a los esclavos propiamente. Sus reflexiones están dirigidas a los criollos pudientes, pertenecientes a las clases dirigentes, de esos de los que él se siente parte. Aun así el autor nos da un panorama de la sociedad dominicana a finales del siglo XVIII donde es posible sacar valiosas interpretaciones, no solo de las concepciones de los criollos, a los que él representa, sino también de la forma de vida del hombre dominicano a través de sus generosas descripciones del trabajo humano en el hato, el ingenio y el conuco, así como el drama tanto en la vida del hombre común, como en la de las clases gobernantes.

BIBLIOGRAFÍA

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González, Raymundo. Campesino y sociedad colonial en el siglo XVIII dominicano, Estudios Sociales, Año XXV, No.87, ene-mar, 1992.

Lynch, John. América Latina, entre colonia y nación. Barcelona: Crítica, 2001.

Rossi Jr., Máximo. Praxis, historia y filosofía en el siglo XVIII: Textos de Antonio Sánchez Valverde (1729-90). Santo Domingo: Taller, 1994.

San Miguel, Pedro L. La isla imaginada, San Juan-Santo Domingo: Isla Negra/La Trinitaria, 1997.

Sánchez Valverde, Antonio. Idea del Valor de la isla Española, ed. anotada por Emilio Rodríguez Demorizi y Fray Cipriano de Utrera. Santo Domingo: Fundación Corripio, 1988.

La América vindicada de la calumnia de haber sido madre del mal venéreo, ed. anotada por Emilio Rodríguez Demorizi y Fray Cipriano de Utrera. Santo Domingo: Fundación Corripio, 1988.


Notas Bibliográficas.



[1] Cuando hablamos de dominicanos nos referimos a los habitantes de Santo Domingo y no al conglomerado humano que asumió el concepto de dominicanos a partir de la fundación de la República Dominicana a mediados del siglo XIX.
[2] González, Raymundo. “Campesinos y sociedad colonial en el siglo XVIII dominicano”, Estudios Sociales, Año XXV, No.87, ene-mar, 1992, p.15
[3] Estas ideas se deben fundamentalmente al trabajo de Raymundo González “Campesinos…”, passim.
[4] Rossi, “Praxis, historia y filosofía en el siglo XVIII: textos de Antonio Sánchez Valverde (1729-90)”(Santo Domingo,: Taller, 1994), p.11. Se citará a partir de ahora como “Praxis…”, seguido de la(s) página(s) correspondiente(s).
[5] Sánchez Valverde, Antonio, “Idea del valor de la isla Española”, ed. anotada por Emilio Rodríguez Demorizi y Fray Cipriano de Utrera (Santo Domingo: Fundación Corripio, 1988). Se mencionara en el texto “Idea” y en las citas igual seguido de la(s) página(s) correspondiente.
[6] Cassá, Roberto; Rodríguez, Genaro, “Algunos procesos formativos de identidad nacional dominicana”, Estudios Sociales, Año XXV, No.88, abr-jun, 1992, p.88
[7] La idea de la identidad fundamentada en el territorio y de oposición a lo extranjero provienen de la cita anterior, p.91
[8] Estas informaciones biográficas se deben fundamentalmente al trabajo: Cassá, Roberto, “Antonio Sánchez Valverde, intelectual del criollismo”, ed. Alfa y Omega, Santo Domingo
[9] Sánchez Valverde, “Idea”, pp. 47-50.
[10] Sánchez Valverde viajó a diferentes lugares de América como Cuba, Venezuela y Saint Domingue, donde probablemente entró en contacto con el pensamiento criollista que allí se desarrollaba.
[11] Estas ideas provienen de Rossi, capítulo 3, p.69
[12] Sánchez Valverde. “La América vindicada de la calumnia de haber sido madre del mal venéreo”, ed. anotada por Emilio Rodríguez Demorizi y Fray Cipriano de Utrera. (Santo Domingo: Fundación Corripio, 1988).
[13] Lynch, John. “América Latina, entre colonia y nación”. (Barcelona: Crítica, 2001), p.91
[14] “Idea..”, p.167
[15] “Idea…”, p.170
[16] “Idea…” p.172.
[17] Ibidem.
[18] “Idea…”, p. 221
[19] “Idea…”. p.244-245
[20] “Idea…”., p.259
[21] Ibidem
[22] “Idea…”., p.264
[23] “Idea…”., p.265
[24] “Idea…”., p.269
[25] Sánchez Valverde enrrostra la incapacidad de la corona para ver lo que incluso los extranjeros perciben. Le Jeune Weuves (1719-90) francés, autor de la obra histórica “Réflexions historiques et politiques sur le commerce de France avec ses colonies de l´Amerique", “Idea…”., p.296-297
[26] “Idea…”., p.78
[27] “Idea…”., p.153
[28] “Idea…”., p.72
[29] “Idea…”., p.198
[30] “Idea…”., p.183
[31] Por ejemplo, insiste en como un “cortísimo número de los defensores criollos” repelió la invasión de Penn y Venable, “Idea…”, p.184.
[32] “Idea…”., p. 189
[33] “Idea…”., p.194
[34] “Idea…”., p.214
[35] “Idea…”. Capítulo XIX, p. 239-246
[36] “Idea…”., p.242
[37] “Idea…”., p.243
[38] “Idea…”.
[39] “Idea…”., p.223
[40] “Idea…”., p.248
[41] “Idea…”., p.242
[42] Es el propio Sánchez Valverde quien se refiere a los habitantes de Santo Domingo como dominicanos. Aunque el término venía siendo utilizado desde 1621 cuando apareció impreso por primera vez en una Real Cédula, según registra Juan Daniel Balcacer en su obra Acerca del nombre de nuestro país. Santo Domingo, Ed. Pedagógicas Dominicanas, 1977, no necesariamente expresaba un sentimiento diferenciador, como lo implicaba claramente el término, en las palabras de Sánchez Valverde, en 1785.
[43] “La constitución física de ésta, con mas especialidad, que el resto de la América es contraria al mal nefando”, Ibidem, p.311
[44] “Idea…”., p.357
[45] “Idea…”., p.367
[46] “Idea…”., p. 310
[47] “Idea…”., p.311
[48] “Idea…”., p.249-250
[49] “Idea…”., p. 253-255
[50] “Idea…”., p.245-246
[51] “Idea…”., p. 254
[52] “Idea…”., p.255, nota 221
[53] “Idea…”., p. 258
[54] “Idea…”., ibidem.

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