Monday, November 17, 2008

ESCUELA HISTORIA UASD: CERRARLA O SANEARLA?


Hoy.com.do , Areito. 14 Noviembre 2008

Debate La historia y la UASD: ¿Un barco a la deriva?

Por: José Guerrero
El autor sostiene que en la UASD lo único que predomina actualmente son objetivos políticos-personales, rara vez académicos
La Escuela de Historia de la UASD se creó en 1968 como producto del Movimiento Renovador y del proceso democrático surgido después de la muerte de Trujillo.
Predominaba la historiografía tradicional basada en el culto al héroe y al Estado al margen de las estructuras económicas, sociales y políticas forjadas por el pueblo dominicano. Para que la juventud fuese motor de los cambios sociales y del suyo propio se implementó el pensamiento crítico en el que el conocimiento histórico era imprescindible. Desde entonces se imparte Historia Social Dominicana a todos los estudiantes. La escuela la integraban distinguidos académicos, algunos protagonistas de la lucha democrática. La nueva historiografía científica y también la Antropología no se conciben sin ella.
Sin embargo, males de la sociedad y de la universidad la vienen afectando como la politiquería y el clientelismo, la falta de pertinencia social y de ética por lo que ha descendido la calidad del alumno, del profesor y de la enseñanza.
El presidente de la Academia Dominicana de la Historia, doctor Emilio Cordero Michel, después de participar en un concurso para ayudantes de profesor, propuso el cierre de la escuela. El Presidente de la República, en un seminario organizado por dicha academia sobre la Independencia de América, en el que participó como expositor un solo profesor activo de la escuela, mostró preocupación por el bajo número de estudiantes de la misma. Un alto funcionario universitario y algunos profesores defienden la escuela sin reconocer los problemas cognitivos y éticos existentes, ni plantear siquiera el cliché de un seminario. En 2004 quien suscribe hizo un estudio y una propuesta para dicha escuela –sólo con la ayuda de una profesora y algunos estudiantes- como parte del equipo que realizó junto a Ligia Amada Melo, Evarista Matías, Guillermo Díaz y otros académicos, un diagnóstico y el rediseño curricular de la Facultad de Humanidades. La propuesta de la Escuela de Historia fue la única aprobada por el Consejo Universitario. Hoy duerme el sueño eterno y muy pocos la conocen.
Se pretende desestimar la crítica del profesor meritísimo Cordero Michel con pruritos legales y hasta se cuestiona irrespetuosamente su obra historiográfica. Cuando se carece de argumento se ataca a la persona. Pero la situación es mucho peor de lo que se dice. El primer síntoma de una enfermedad es su negación por el paciente. Existe una categoría de ¨historiadores ágrafos¨ que nada investiga ni publica, aunque la escritura sea inherente a la Historia. Estos componen el grupo que en la Escuela de Historia abusa del poder, se reparte la mayor carga horaria y se ampara en la cultura que bifurca poder, saber y ética. Que alguien publique o investigue, que participe en eventos, sea miembro o asista a la Academia Dominicana de la Historia, lo convierte en ¨tonto o elitista peligroso¨ y se le advierte que puede tener el saber, pero no el poder, claro, el poder del clientelismo.
¿Qué escuela está exenta de estos problemas? Política y academia van de la mano en la UASD. Lo único que actualmente predomina son objetivos políticos-personales, rara vez académicos. Imposible llegar a un cargo electivo o designado sin cuñas políticas. Muchos de los ganadores de concursos para la docencia y la investigación, como denunció responsablemente el profesor Alejandro Paulino, se deciden de antemano. Son famosas la pérdida de expedientes o las patrañas para hacer fracasar a uno y beneficiar a otro. En general, la investigación y la producción de conocimientos, cuando se realizan, nada tienen que ver con la universidad ni con el apoyo a la docencia.
Platón se removería en su tumba si se entera de que la Vicerrectoría de Investigación se escoge por voto. ¡Es una cuestión de conocimiento, no de opinión o masa! El criterio de publicación no es relevante a la hora de votar por un candidato. Se podría justificar que al docente se le paga por enseñar y
que el régimen de 40 horas no deja tiempo nada más, pero entonces se debería cambiar el nombre a la institución ya que, según Pedro Henríquez Ureña, desde el siglo XIX la universidad se diferencia de la escuela porque enseña e investiga. El director de la Escuela de Pedagogía ha dicho que el 75% de los futuros pedagogos del país entra a la universidad con un 5to.grado, pero no dijo con cuántos grados sale. Esto sí es realmente grave. No sorprende que recientemente el país sacara el último lugar de 17 países en matemáticas, lengua y lectura.
Pero el gran dolor de cabeza es la asignación docente cada semestre. Gran parte del trabajo de la Comisión de Asuntos Docentes se pierde en dirimir quejas y denuncias al respecto, no obstante existan criterios objetivos para hacerla: categoría, antigüedad y competencia. Si se informatizara, nadie podría burlar el derecho de los profesores, el coordinador de cátedra activaría su importante función y por fin las oficinas de planificación planificarían algo. Además, hay asuntos éticos que implican sanción según ordenanzas como el cobro prohibido compulsivo a estudiantes por ¨excursiones¨ y la venta de libros o material didáctico, algo común y hasta justificado públicamente. Se estima que unos 300 profesores incurren en esta práctica, número suficiente para decidir la elección del rector o del director de turno.
Por eso no se combate.
El Rector Magnífico y demás autoridades deberían organizar un amplio debate sobre la problemática porque ¨el que calla otorga¨, aparte de que la universidad se aboca a un proceso de reforma y rediseño, al parecer partiendo de cero y desconociendo muchas experiencias y estudios anteriores. La falta de coordinación institucional y continuidad en las políticas educativas son un grave problema de la UASD, no de una gestión en particular: por eso es una estructura, no un sistema académico. Según Demerval Saviani, la primera la constituyen los estatutos e instituciones, el segundo la coherencia teórica de la gestión científica y académica. Si no hacemos pequeñas acciones como un debate puntual, una revista académica institucional, concursos limpios, un congreso anual o la impresión de libros sin fallas mecánicas, más difícil sería una reforma. Lawrence Stenhouse advierte que es imposible reforma alguna si los miembros o la institución no quieren cambiar y de que jamás se debe cambiar algo dejando todo como está. El ¨pecado¨ de toda reforma es ponerle nuevo nombre a lo viejo y caduco. La estrategia de la reforma es analizar, debatir y construir consensos.
Así, no hay historia ni universidad que avance o justifique su función social. Es tiempo para el debate y demostrar que en la UASD se puede luchar más allá del beneficio propio y del fracaso del contrario. Como bien dice Orlson Marden, no se sale adelante celebrando éxitos, sino superando fracasos. No hay crítica capaz de construir o convencer sin autocrítica. El problema es que la UASD no dialoga ni con ella misma. Quizás no se ha dado cuenta, como el viejo de Zaratustra de Nietzsche sobre el Dios de antaño, que hace mucho que murió o que nosotros la matamos.
En síntesis
Propuesta de debate
El Rector Magnífico y demás autoridades deberían organizar un amplio debate sobre la problemática porque, a juicio del autor, “el que calla otorga”, aparte de que la universidad se aboca a un proceso de reforma y rediseño, al parecer partiendo de cero y desconociendo muchas experiencias anteriores.
José Guerrero es historiador, antropólogo, catedrático universitario, investigador arqueológico. Fue subdirector del Museo del Hombre Dominicano. Autor de varias obras de folklore, estudios arqueológicos, cultura e historia dominicanas.

ESCUELA DE HISTORIA UASD : EL DEBATE SIGUE


Hoy.com.do , Areito. 15 Noviembre 2008

En las fotos: Emilio Cordero Michel, Teodoro Viola y Kelvin Mejía

Cuestionamientos a concurso historia UASD
El controversial concurso para catedráticos de historia había sido declarado nulo por subconsejo directivo de la Escuela de historia de la Casa de Estudios
Escrito por: ÁNGELA PEÑA

Ante tantas irregularidades que acompañaron el concurso para ayudantes de profesores de la Cátedra de Historia Dominicana de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, el Subconsejo Directivo de esa Escuela lo había declarado nulo, a unanimidad, el pasado 28 de agosto y solicitó al honorable Consejo Directivo del departamento que lo proclamara desierto.
En un documento redactado por el organismo para elevar las peticiones se detalla un sin fin de accidentes previos a la realización del examen para optar por el cargo en el que de 20 aspirantes sólo tres pasaron las pruebas oral y escrita. Todos son licenciados en Historia y Pedagogía y la mayoría tiene maestría en la asignatura, cursada en la UASD, según reportaron los miembros del jurado examinador.
Dos jurados anteriores fueron desestimados debido a comentarios, rumores, acciones inconsultas. Hubo inhibiciones, retiros, renuncias, declaraciones de inhabilidad y otros incidentes antes de que se escogiera ese tercer y último jurado de “jubilados” que el Subconsejo directivo consideró como una designación “irregular”.
En el informe se relata que el director de la Escuela de Historia destinó de manera verbal, para el primer jurado, a los catedráticos Ramón Paniagua y Álvaro Caamaño, pero estos no estuvieron a tiempo en el concurso debido a que fueron convocados a una hora distinta a la de la celebración de las pruebas y entonces se procedió a incluir al profesor Miguel Ángel Díaz, por vía telefónica y con carácter de urgencia.
La supuesta anormalidad como se condujo el concurso dio lugar a runrunes que provocaron que el coordinador de la cátedra de Historia, Oscar Diloné, se inhibiera, quedando inhabilitado, según se explica, para continuar en el desarrollo del caso.
Se inició entonces la formación de un segundo jurado pero, “sin ser sometido al conocimiento del Consejo Directivo de la Escuela”, por lo que también optó por retirarse. Empero, ambos jurados concluyeron el examen escrito y el reporte del Subconsejo dice que desconoce cuál fue el mecanismo de validación ni quien lo procesó. Fue a partir de ese retiro que se designó el jurado formado por los historiadores Emilio Cordero Michel, Jaime de Jesús Domínguez, Dioris Antigua Correa y Ana Daisy García.
Sobre ellos dice el documento ignorar “en qué base legal diferente y contraria a los reglamentos, estatutos y costumbres vigentes en las demás Escuelas de la Universidad se sustentó el Director de la Escuela para designar un tercer jurado compuesto por jubilados, el cual concluyó el proceso, siendo su designación irregular al igual que las dos anteriores”.
Agrega que “todas las acciones vinculadas al concurso de ayudantes para la Cátedra de Historia Dominicana están afectadas de nulidad absoluta, por ser hechas contrarias a los reglamentos y estatutos, y en segundo lugar, por la incapacidad de algunos de los firmantes de los documentos relativos a dicho concurso por haberse sustraído del mismo”.
Aclara que su oposición a las anomalías no constituye cuestionamiento a la capacidad y la dignidad de los jurados y concursantes, “lo que está evidenciado en que iniciamos nuestras acciones antes de conocerse resultados algunos”.
El profesor Teodoro Viola, miembro del Subconsejo Directivo de la Escuela de Historia de la UASD, entregó a HOY copia de los reglamentos de Ingreso, Evaluación y Retiro del Personal Docente que demuestran que, presuntamente, no se tomaron en cuenta los artículos 8 y 17 para el debatido concurso.
Aspirante rechazado. Kelvin Mejía, licenciado en Historia de la UASD que cursa una maestría en Archivística y es profesor de historia dominicana en un colegio privado, se atrevió a dar la cara para reclamar y criticar el concurso, pese a que fue reprobado. Su nombre, ni los de sus compañeros descalificados, figuran en el reportaje en que se hizo la denuncia en Areíto. Solo se dieron a conocer los tres que aprobaron.
“Respeto la posición de los firmantes del informe, más no la comparto, primero por mi trayectoria dentro de la carrera, que lo confirman mis notas, el índice acumulado y docentes que me han dado clases”, manifestó.
Agregó que lo motivó a declarar el no tener respuestas “a ciertas interrogantes, como ¿por qué se cambió de jurado en medio del concurso? Nosotros empezamos con un jurado que nos evaluó en la parte escrita, integrado por Oscar Diloné y Miguel Ángel Díaz”, relató.
Dijo desconocer “cómo se repartió la puntuación en cada uno de los aspectos”, señalando que debía considerarse “la parte escrita, el currículum, la formación académica, publicaciones, la parte oral”. Comunicó que, al menos en su caso, sólo participó en el examen oral y planteó otro cuestionamiento: “¿Por qué el departamento no publicó oficialmente los resultados?”. Afirmó que se enteró por el trabajo de Areíto.
Interrogó además: “¿Por qué en el examen oral todo se circunscribió a preguntas rebuscadas, capciosas?” y comentó que no hubo preguntas “en cuanto a procesos históricos ni a metodología de la enseñanza de la historia”.
Alegó que su reacción se debe a que siente que pudo haber ganado y, sin embargo, “al no publicarse oficialmente el resultado ¿a quién le reclamo?”.
Porque Kelvin Mejía entiende que él tenía derecho a apelar.
En la carta que anexaron a los resultados del concurso, dirigida al rector y otros altos funcionarios de la Autónoma, los suscritos comunicaron que “para seguir graduando licenciados en Historia o en Pedagogía Mención Ciencias Sociales con tan deplorable cognición histórica”, es preferible “cerrar la Escuela”, pues, en vez de enseñar, “deformarían a nuestros jóvenes estudiantes”.
En síntesis
Reacción de un reprobado
Kelvin Mejía, licenciado de Historia que fue rechazado en el concurso (su nombre no fue dado a conocer en la denuncia original sobre deficiencias de la escuela) dio la cara para reclamar y criticar el concurso afirmando que el examen se circunscribió a preguntas rebuscadas y capciosas.

Sunday, November 09, 2008

ESCUELA DE HISTORIA AL DESNUDO





Fracasos de UASD al formar “profesores”

(La crónica que desató la polémica. Las preguntas que debemos contestar: ¿Se salvará la Escuela de Historia, la transformaremos para que cumpla con su papel en la educación dominicana, el conocimiento se pondrá por sobre la politequería, o terminará cerrada como plantea el presidente de la Academia Dominicana de la Historia? www.historiadoresdominicanos.blogspot.com está abierta a todas las opiniones responsables que quieran participar en el debate y publicaremos los artículos y noticias que aparezcan en la prensa nacional. Pueden escribir a: alejopaulino@gmail.com )

(Tomado de Areito: www.hoy.com.do , 1 noviembre 2008)
En las fotos 1 y 2 edificio de la Academia Dominicana de la Historia, en la 3 el doctor Emilio Cordero Michel, presidente de la Academia Dominicana de la Historia y la arquitecta Ana Valdez.

Escrito por: ÁNGELA PEÑA

Es realmente alarmante que egresados como licenciados en Historia y en Pedagogía Mención Estudios Sociales, y con Maestría en Historia, de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, obtuvieran bajísimas puntuaciones por haber evidenciado una gran ignorancia en el conocimiento de temas básicos del pasado dominicano, de historia universal y del Caribe. “Realmente no comprendemos cómo pudieron ser promovidos en sus estudios cuando han demostrado tan gran desconocimiento histórico”.
Emilio Cordero Michel escribió, alarmado, estas consideraciones tras presidir el jurado del Concurso para Ayudantes de Profesores de la Cátedra de Historia Dominicana de esa academia. De 20 aspirantes, solamente tres pasaron las pruebas. Las valoraciones de los restantes fueron entre 18, 21, 25, 33, 38, 40, 41, 43, 44, 45, 47, 49, 53, 62.
El presidente de la Academia Dominicana de la Historia sugiere en una misiva que dirigió al doctor Dioris Antigua Correa, director de la Escuela de Historia y Antropología de la alta casa de estudios, que “para seguir graduando licenciados en Historia o en Pedagogía Mención Ciencias Sociales con tan deplorable cognición histórica”, es preferible “cerrar la Escuela”, pues, en vez de enseñar, “deformarían a nuestros jóvenes estudiantes”.
El escritor, que durante años fue catedrático y fundó y dirigió varios departamentos y facultades de la Autónoma, solicitó en la correspondencia “que se proceda a revisar profundamente tanto los pensa de la carrera de Historia como la capacidad de los profesores que imparten docencia, tanto en la Licenciatura como en las maestrías”.
El consagrado investigador autorizó a HOY a reproducir tanto la carta como la evaluación de esta deplorable experiencia, de las cuales anexa copia al rector Franklin García Fermín; al doctor Iván Grullón, vicerrector académico, y a M. A. Morla, decano de la facultad de Humanidades de la UASD. El informe está firmado por Cordero Michel, Jaime de Jesús Domínguez, Dioris Antigua y Ana Daisy García, integrantes del Jurado.
De los 20 participantes sólo tres no tienen maestría. Algunos son profesores de universidades, colegios y escuelas, informó Cordero. Los tres que aprobaron fueron los licenciados Quisqueya Lora Hugui, con 90; Andrés J. Morillo Martínez, 71 y Fanny Capellán Almonte con 70.
“Como una zanahoria”. Relató Cordero Michel que la mayoría de los aspirantes examinados no sólo demostró ignorancia en la prueba escrita sino en la oral. A una estudiante se le preguntó si sabía lo que era una pieza de ébano y respondió que no. Ante la pregunta reiterada contestó que “es como una zanahoria”. Cordero Michel le ofreció con detalles la respuesta.
A otro se le planteó: “El descubrimiento del Nuevo Mundo y la explotación de sus recursos naturales, sobre todo de oro y plata, provocó la llamada revolución de los precios. ¿En qué consistió ese hecho? ¿Cómo afectó la economía de España y cómo se reflejó en Santo Domingo?”
El interpelado, narró Emilio Cordero, se limitó a comentar: “Esa fue una revolución muy sangrienta”. El profesor le aclaró: “Eso fue un proceso inflacionario. ¿Qué provocó la inflación?”, le consultó. “No supo”.
Significó el académico que lo que ha provocado su alarma es que todos estos egresados tienen licenciatura, y la mayoría maestrías en Historia que imparte la UASD.
“¿Cómo es posible que ofrecieran esas respuestas? ¿Cómo se graduaron? ¿Por qué los graduaron?”, preguntó. Y añadió: “Esos jóvenes imparten docencia y con todo ese desconocimiento lo que hacen es deformar más a nuestros jóvenes”.
Adelantó que como consecuencia de esta preocupante situación, la Academia Dominicana de la Historia va a celebrar un seminario sobre la Enseñanza de la Historia, con el auspicio de Funglode.

En síntesis
Serio cuestionamiento
Emilio Cordero Michel, presidente de la Academia Dominicana de la Historia, presidió el jurado de un Concurso para Ayudantes de Profesores de la Cátedra e Historia de la institución. De veinte aspirantes, solo tres pasaron las pruebas. No se explica cómo fue que los promovieron.

ESCUELA DE HISTORIA AL DESNUDO ll



POLÉMICA
Lavarse las manos como Pilatos
(Tomado de Areito : http://www.hoy.com.do/ , 7 noviembre 2008)

Escrito por: JESÚS DE LA ROSA

En AREITO, suplemento del periódico HOY, en su edición correspondiente al día primero de noviembre recién pasado, aparecen unas declaraciones atribuidas al doctor Emilio Cordero Michel, presidente de la Academia Dominicana de la Historia y catedrático de vieja data del Departamento de Historia y Antropología de la Universidad Autónoma, en las que, además de empañar el prestigio de los docentes de esa dependencia de la UASD, juzga como bajísima la calidad de los estudios de licenciatura y de maestría en historia que se cursan en la Universidad estatal.
¨ Es realmente alarmante que egresados como licenciados en Historia y en Pedagogía Mención Estudios Sociales, y con Maestría en Historia, de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, obtuvieran bajísimas puntuaciones por haber evidenciado una gran ignorancia en el conocimiento de temas básicos del pasado dominicano, de historia universal y del Caribe ¨
El doctor Emilio Cordero Michel formó parte, junto a los catedráticos doctor Jaime de Jesús Domínguez y maestra Ana Daisy García, del jurado del Concurso para Ayudantes de Profesores de la Cátedra de Historia Dominicana, celebrado en la UASD los días 20 y 27 de mayo recién pasado.
En dicho certamen participaron 20 aspirantes, de los cuales sólo tres alcanzaron puntuaciones superiores a los 70 puntos: los licenciados Quisqueya Lora, Andrés Morillo Martínez y Fanny Capellán Almonte. Los tres cursaron sus estudios de licenciatura y de maestría en la Universidad Autónoma de Santo Domingo.
En dicho concurso de oposición, también participaron egresados de la maestría en Ciencias Sociales de las Universidades INTEC, PUCMM y del INAFOCAN. Ninguno pudo alcanzar la puntuación mínima requerida. El doctor Emilio Cordero Michel no se refiere a esos aspirantes suspendidos y nada dice de las instituciones donde se formaron.
En su calidad de miembros del jurado del Concurso de Ayudantes de Profesores de la Cátedra de Historia Dominicana, los catedráticos doctor Emilio Cordero Michel, doctor Jaime de Jesús Domínguez y maestra Ana Daisy García le dirigieron una comunicación, fechada el 20 de agosto del año en curso, al doctor Dioris Antigua Correa, Director del Departamento de Historia y Antropología de la Facultad de Humanidades de la Universidad Autónoma de Santo Domingo en la que manifiestan su incomprensión ante el hecho de que fueran promovidos en sus estudios de licenciatura y maestría en historia los estudiantes que obtuvieron calificaciones bajísimas en dicho concurso.
Por esa misma vía, los catedráticos a los que nos referimos en el párrafo anterior, solicitan que se proceda a revisar los pensa de la carrera de Historia, a tiempo en que cuestionan la capacidad de los profesores de la UASD que imparten docencia tanto en la licenciatura de historia como en las maestrías. En una parte de su misiva esos catedráticos expresan lo siguiente: ¨ Somos de opinión que para seguir graduando Licenciados en Historia o en Pedagogía Mención Ciencias Sociales con tan deplorable cognición histórica que, al lograr ingresar a todos los niveles del profesorado, deforman a nuestros jóvenes estudiantes, es preferible cerrar la Escuela ¨
Fundamentan sus consideraciones en el hecho de haber examinado 20 jóvenes aspirantes al puesto de Ayudante de Profesor. Las expresan sin tomar en consideración que el Departamento de Historia y Antropología de la UASD fue fundado en el año 1968 por los organismos de gobierno de la Facultad de Humanidades de la UASD y que del mismo han egresado la mayoría de los historiadores e investigadores que tiene el país.
No sabemos si los catedráticos Jaime de Jesús Domínguez y Daisy García acordaron con Emilio Cordero Michel el hacer de público conocimientos sus consideraciones en relación con el Concurso para el cargo de Ayudante de Profesor de la Cátedra de Historia antes de que dicho certamen finalizara. En el Directorio de la Academia Dominicana de la Historia figuran, como académicos del número, como académicos correspondientes y como miembros colaboradores historiadores, egresados del Departamento de Historia de la Facultad de Humanidades de la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Dos profesionales de la historia egresados de la UASD han ocupado el cargo de Presidente de la Academia Dominicana de la Historia, el mismo cargo que hoy ocupa el doctor Emilio Cordero Michel.
Antes de la creación del Departamento de Historia de la Facultad de Humanidades de la UASD eran abogados los que ejercían las funciones de historiadores. Fue a partir de entonces, cuando comenzaron a formarse los primeros profesionales de esa disciplina.
Los jóvenes y no tan jóvenes catedráticos de la UASD de historia y de otras disciplinas fueron nuestros alumnos en las décadas de los años 80 y 90. Las competencias o las incompetencias que ellos exhiben hoy en parte son frutos nuestros ejercicios como catedráticos de la más antigua Universidad de América.
Uno de los miembros del jurado examinador ha sido coordinadora por años de los estudios de maestría en Historia de la UASD; otro, ha impartido docencia en ese programa desde su inicio; y Cordero Michel impartió o imparte docencia en el Departamento de Historia y Antropología de la UASD desde que esa depedencia fue creada en 1968, por lo que cabe calificar como inconsecuencia el hecho de que esos catedráticos pretendan ahora lavarse las manos como Pilatos.
El autor de esta crónica no es historiador ni catedrático de historia de la UASD por lo que no tiene nada personal que defender en el conflicto desatado como consecuencias de la conducta observada por el doctor Emilio Cordero Michel en su calidad de miembro del jurado del Concurso para el cargo de Ayudante de Profesor de la Cátedra de Historia.
La UASD es un patrimonio de la nación. En el carnaval de la vida, las gentes vienen y van, las instituciones quedan.
Me he sentido muy molesto con la actitud de Cordero Michel. Igual de molesto me sentí cuando un redactor confundió, creí que adrede, el campus o ciudad universitaria con sus alrededores, y cuando el mismo cronista demandó de las autoridades de la UASD que asumieran roles de autoridades edilicias.
A partir del Movimiento Renovador Universitario la Universidad Autónoma de Santo Domingo pasó a ser gobernada por organismos de cogobierno, llámese Claustro, Consejo Universitario, Asamblea de Facultades, Consejo y Sub Consejo Técnico. Por lo que ningún catedrático de esa institución ha fundado departamentos ni mucho menos Facultades.
El Concurso para el puesto de Ayudante de Profesor de la Cátedra de Historia no ha concluido aún. Falta que dos organismos de gobierno universitario, el subconsejo del Departamento de Historia y el Consejo Directivo de la Facultad de Humanidades, sancionen la decisión del Jurado Examinador.
Según lo publicado en AREITO de HOY, el doctor Emilio Cordero Michel autorizó a HOY a reproducir tanto la carta que le dirigieron los miembros de Jurado del Concurso de Oposición para elegir Ayudantes de Profesores de la Cátedra Historia Dominicana al Director del Departamento de Historia y Antropología de la Facultad de Humanidades de la UASD como los resultados de dicho concurso. ¿ Qué organismo de gobierno de la UASD autorizó al doctor Emilio Cordero Michel a hacer lo que hizo?
Por fortuna, los editores del suplemento Areito sólo publicaron los nombres y las calificaciones de los tres egresados de la UASD que alcanzaron buenas calificaciones en las pruebas a las que fueron sometidos. Imagínese usted, amigo lector, el conflicto legal que se habría desatado si los editores de AREITO hubiesen publicado los nombres y las bajísimas calificaciones de los demás participantes en el Concurso para elegir Profesores Ayudantes de la Cátedra de Historia Dominicana que se celebró en la UASD en mayo recién pasado. Hace unos días que un colega me refirió el caso de un estudiante norteamericano que demandó judicialmente la Universidad donde cursa sus estudios por haber publicado sus calificaciones en un mural de la institución. Es que las calificaciones alcanzadas por un estudiante o por un concursante a un cargo en una universidad son del dominio privado y nadie tiene el derecho de publicarla sin su consentimiento.
La verdad es que no nos explicamos como personas de tanta capacidad y experiencia cometen errores como los que acaban de cometer el doctor Emilio Cordero Michel y compartes.

Saturday, November 08, 2008

DEBATE: LA ESCUELA DE HISTORIA UASD AL DESNUDO



POLÉMICA
(Tomado de: Areito, periódico http://www.hoy.com.do/ , Rep. Dominicana, 7 Noviembre 2008)

Escuela Historia UASD atacada y defendida

Escrito por: ÁNGELA PEÑA


Tres profesores de historia de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, uno de ellos miembro del Subconsejo Directivo de esa Escuela, revelaron irregularidades existentes en el departamento, como respuesta a la denuncia publicada en Areíto sobre el resultado de las pruebas a egresados de la academia que aspiraban ganar un concurso de ayudantes de profesores de esa asignatura.
Al mismo tiempo, mostraron indignación y desacuerdo con el informe. Uno dirigió ataques personales a Emilio Cordero Michel, firmante de la carta junto a Jaime de Jesús Domínguez, Dioris Antigua y Ana Daisy García.
También reaccionó a la publicación Kelvin Mejía, uno de los rechazados.
Teodoro Viola, Nelson Díaz y Alejandro Paulino, se mostraron airados o ecuánimes en el análisis de la realidad interna de la sección de Historia y Antropología de la UASD.
Paulino dijo estar de acuerdo con las observaciones en cuanto a que a la escuela de historia de la UASD “están ingresando muchos profesores que no están en capacidad de enseñar historia, aunque existen excepciones”.
El historiador, autor de varios textos y catedrático de la Autónoma durante 18 años, manifestó que la realidad del concurso “es una oportunidad para que se revise la situación de la Escuela en todos los sentidos, pero especialmente en lo que tiene que ver con el reclutamiento del personal académico, debido a que se le está dando más importancia a las relaciones personales, partidarias y políticas universitarias y no al conocimiento”.
“Hay profesores en el departamento de Historia, por suerte muy pocos, que no pueden explicar una coyuntura histórica ni siquiera reciente, porque no son historiadores, no saben de historia”, agregó. Reclamó “un debate interno sobre lo que está pasando en la Escuela de Historia” y sugirió que la Academia Dominicana de la Historia “asesore en el proceso de saneamiento”.
Para Alejandro Paulino el problema “es más profundo de lo que han planteado los firmantes. Se ha dado el caso de que concursantes saben de antemano las preguntas que se le van a hacer. También de funcionarios de departamentos que sugieren a los ganadores”.
Teodoro Viola, por su lado, definió el informe como “superficial y coyuntural”. Es licenciado en Educación mención Ciencias Sociales, con maestría en Historia, profesor y coordinador de la cátedra de historia de América y pertenece al Subconsejo directivo de la Escuela de Historia de la UASD, donde labora desde hace 12 años, impartiendo 40 horas semanales de docencia.
No es partidario de que el departamento sea cerrado, sino intervenido por el decanato de Humanidades. Analítico, conocedor de los estatutos y reglamentos de esa sección, consideró que el documento publicado en Areíto “no respetó el honor de algunos académicos que han hecho significativos aportes a la sociedad y a la historia dominicana”.
Señaló que algunos de los firmantes de la misiva “son co-responsables de la situación denunciada”. La maestría en historia, añadió “tiene tres promociones bajo la misma coordinación y no sé si otro organismo de la UASD sabe sobre el seguimiento a los egresados, si se han evaluado los programas, porque la estructura a que pertenezco no tiene noticias al respecto”.
“El director de la Escuela de Historia Dominicana, Dioris Antigua, lleva aproximadamente tres años en esa posición, y si tiene programas y proyectos en procura del mejoramiento de ésta, son a título personal, no institucional, algo que también desconocemos”, significó.
Añadió que el problema se le quiere atribuir exclusivamente a la Escuela de Historia y a la UASD “cuando abundan diagnósticos de organismos nacionales e internacionales que reflejan la realidad del sistema educativo dominicano”.
Un problema ético. Teodoro Viola significó que la carta publicada en Areíto revela “un problema ético, violatorio del Reglamento de Ingreso, Evaluación y Recurso del Personal Docente”, contenido en la resolución 04-103 del 19 de noviembre de 2003. Leyó los artículos 16, 17 y 36, que comentó. En cuanto al primero manifestó que el Consejo Directivo no fue apoderado de esos resultados, que él se enteró por el trabajo de HOY. Los otros, alegó, no se tomaron en cuenta.
No pone en duda la capacidad de las personas que “aunque de forma irregular actuaron como jurado, porque está probada. Pero desconocíamos, como institución, el destino de las evaluaciones”. Agregó que su opinión en torno a los profesionales examinados podría ser subjetiva porque ignora los criterios evaluativos empleados.
Sin embargo, entiende que en la Escuela de historia de la UASD, como en otras, “existen problemas en la formación docente, en los programas y pensums obsoletos”. Enfatizó que el contexto socio-económico y cultural, la extracción de la población estudiantil, amerita un tratamiento profundo, “no la simple denuncia”. Reconoció, empero, que la Escuela de Historia ha perdido dinamismo. “Por ejemplo, el Subconsejo directivo sólo ha sido convocado una vez por año”. Dijo que la denuncia es una oportunidad para “reconsiderar y producir transformaciones importantes” en el departamento.
Denunció otras irregularidades, como que la Escuela ha perdido espacio en el debate de los temas históricos y expuso su propio excepcional caso de docente de 40 horas que no le permite investigar, actualizarse, publicar. Nelson Díaz fue cáustico en sus pareceres sobre el jurado. Dijo que como desconoce las preguntas no tiene elementos de juicio para determinar la eficiencia de los concursantes y que la carta tiende a exculpar al Estado dominicano de la deficiencia del sistema educativo. Consideró “superficial” el reporte y dijo que no se puede plantear el cierre de una Escuela teniendo como premisa un concurso de ayudante de profesor.
Reveló conocer a Quisqueya Lora y Fanny Capellán, aprobadas, y preguntó: “¿Cómo justificar esas buenas notas siendo ellas también egresadas del departamento de Historia? Obviamente evidencia una incoherencia en el planteamiento del informe”.
“Por otra parte, la formación académica de Emilio Cordero Michel es de abogado, entendemos que no tiene estudios de pedagogía sobre la enseñanza de la historia. Además, su producción historiográfica es sumamente limitada, por consiguiente, podría cuestionarse su calidad para demandar el cierre del departamento”, declaró Díaz, licenciado en Ciencias Sociales y Derecho, con maestría en Historia Dominicana. Es catedrático de la UASD desde 1981, y autor de dos libros sobre historia y filosofía.
La reacción de Kelvin Mejía se publicará en una segunda entrega con la denuncia de lo que fue la prehistoria de ese debatido concurso.
En síntesis
Admiten fallas, pero...
Indignados profesores que expresan desacuerdo con los criterios de Emilio Cordero Michel al que describen como abogado “sin estudios de pedagogía sobre la enseñanza de la historia. Además su producción historiográfica es sumamente limitada.” Dudan de su calidad para demandar cierre de un departamento de Historia.

Sunday, September 14, 2008

MANUEL MORA SERRANO: UN INTELECTUAL CON DIGNIDAD


75 años para Manuel Mora Serrano

Luis Beiro - 9/6/2008
(En la foto: Alejandro Paulino, Edwin Disla, Manolito Mora Serrano y Miguel Holguín-Veras (q.e.d), mientras compartían después de la puesta en circulación del Diccionario del folklore y la cultura dominicana, en septiembre del 2005).

SU VALOR COMO ESCRITOR ESTÁ TANTO DENTRO COMO FUERA DE SU OBRA

(En Don Manuel Mora Serrano -Manolito-, se sintetiza una parte de la historia de la literatura de la República Dominicana. Por esa razón, Historiadoresdominicanos publica complacido el trabajo que sobre Mora Serrano publicara el trabajador de la cultura Luis Beiro, en el Listín Diario. Alejandro Paulino Ramos).

SANTO DOMINGO.- Le gusta el vino oscuro y el wisky “claro”, como a Ernest Hemingway. Pero a diferencia del autor de “El viejo y el mar”, él bebe frente a sus amigos, haciendo cuentos de otredad e invocando la belleza a través del mejor exponente que existe: el rostro y el cuerpo de mujer.

No anda en grupos, ni pertenece a peñas ni a cenáculos, pero es aplaudido y celebrado por todos los grupos y peñas. No tiene alma de marinero, pero le gusta recorrer (aún a sus 75 años) los campos y ciudades de la patria en busca de autores, personajes e historias, para luego trascenderlos en su palabra ejemplar.

Si alguien sabe en este país quién es quién, así como el valor que porta cada escritor del otro lado de su sombra, ese es Manuel Mora Serrano, un hombre poblado de sabiduría y humildad, quien por esta fecha arriba a sus 75 cumpleaños, luchando contra viento y marea para sacar a la luz pública a nuestros auténticos valores.

El personaje:
Su sentido del humor es amplio y contagioso. Extrae de su memoria las mejores ocurrencias y anécdotas como lo haría con su espada un diestro espadachín. No tiene preferencias para usarlo, tanto en los buenos como en los malos momentos. Compartir con él experiencias, aventuras y proezas culturales es un privilegio para los que buscan en los hombres el brillo incandescente de sus ojos.

Manuel Mora Serrano se ha dado a querer y a respetar en un medio tan controversial como el literario, gracias a su transparencia y a su firmeza de carácter. No posee la supuesta habilidad de caer simpático o de hacer “favores”, de manera gratuita. Mora Serrano trasciende porque jamás se ha involucrado en “chismes” ni en conspiraciones gratuitas, ni mucho menos, a “saldar cuentas” contra nadie. Por el contrario, a quienes le desean mal, sólo espera que la vida le de la oportunidad para hacerles un favor. Es, al decir de su gran amigo Arquímides Durán, ese majestuoso caballero que un día llegó de Pimentel, creyendo que el mundo era una fábula magnífica que podía ser vivida por todos y por todas con gran intensidad sin mirar las marcas y los tenues embates del amanecer cayendo como mole homicida sobre sus espaldas quemadas por el sol.

Y con su fe en el valor de la palabra y en el valor de la mirada de los hombres, se hizo abogado e impartió justicia en una buena parte de su amada región cibaeña, y donde también se había enrolado con gentes llenas de talento y de amor por las letras para fundar grupos culturales que todavía hoy son ejemplo de creatividad y crecimiento espiritual.

El escritor:
Padre ejemplar y amigo sincero, bajo la firma de Manuel Mora Serrano han aparecido algunas de las mejores páginas del siglo XX dominicano. Junto a la belleza estética de sus escritos sobresale también la profundidad de sus ideas y el instinto de rescatar la obra ajena, aquella que por diversas causas no pudo salir a la luz pública en su momento con toda su fuerza y su valor estético. Desde juventud escribió poesía, pero prefirió la narrativa, género donde ha dejado novelas y relatos que lo inmortalizan.

Mora Serrano dedicó 30 años de su vida a dejar constancia de su pensamiento literario en diversos periódicos y revistas nacionales. Su muy leída columna “Revelaciones”, un modelo muy difícil de superar, también recogía la crítica y la investigación como modelos a seguir.

Memorias:
Un hombre que a pesar de sus dimensiones literarias y humanas permanece en bajo perfil no puede dejar de ser motivo de interés para los que buscan una historia distinta en tiempos donde imperan la vanidad y el ansia insaciable de reconocimiento.

Manuel Mora Serrano es un “hombre de a pie”, pero mucho cuidado con mezclar letargo con juntura: cuando llega a cualquier sitio hay que “sacarle su comida” porque se vuelve el centro del mundo y no precisamente por el tono de su voz, sino por el aire de su historia. Alberto Peña Lebrón, y Cayo Claudio Espinal son, entre otros, algunos de sus buenos amigos de hoy de esos que guarda en un lugar muy especial de su afecto y a quienes acude en sus momentos de mayor urgencia vivencial.

Llegar a los 75 años con la frente en alto y la razón prendida de azahares es sólo dado a los que saben sostenerse, tanto en los bosques como en los mares.

Pero si también, el portador de esa efeméride cumple con una obra literaria nutrida de arpegios luminosos, el aplauso que merece es mucho mayor.

Mucho necesitan nuestras letras del retorno a los tiempos de la primera juventud de Manolo, cuando recorrer el país en busca de nuevos autores y aventuras era un sagrado instinto de creatividad.

Ojalá que nuestras nuevas generaciones comprendan la importancia del “turismo literario” de carácter interno y de la apertura de nuevos auditorios y espacios para la creación. Mucha falta que nos hace.

HISTORIA

Su vida:
Nació en Pimentel, el 5 de diciembre de 1933. Hijo de Manuel Mora Jiménez y María Ofelia Serrano. Cursó sus estudios primarios en su pueblo natal y los secundarios en Santiago de los Caballeros y en San Francisco de Macorís. Se graduó de abogado en la Universidad de Santo Domingo en 1956, profesión que ha ejercido durante muchos años. Entre 1958- 59 se desempeñó como Fiscalizador de los Juzgados de Paz de Pimentel, Mao y Villa Altagracia; en 1960 como Juez de Paz en Pimentel y en 1961-63 como Juez de Instrucción de San Pedro de Macorís.

Es miembro honorario del Ateneo de Moca, de la Sociedad Renovación de Puerto Plata y presidió la Sociedad Literaria Ad-miversa y el Club de Pimentel. Desde su columna Revelaciones, publicada en diferentes periódicos de Santo Domingo durante sus tres décadas de existencia, ha promovido a los principales protagonistas de la literatura nacional, especialmente a los escritores de provincias.

Sus investigaciones han ayudado al rescate de muchos autores y obras olvidadas por la historia y la crítica literaria local. En 1979 obtuvo el premio Siboney con la novela “Goeíza”, obra dedicada a rescatar a la Ciguapa, un personaje popular de la mitología dominicana.



Thursday, June 26, 2008

PEDRO HENRÍQUEZ UREÑA: BIBLIOGRAFÍA, 1905-2004




Para una bibliografía cronológica de Pedro Henríquez Ureña (1905-2004)*

Por: Miguel Collado

• Ensayos críticos. La Habana: Imprenta Esteban Fernández, 1905.
• Horas de estudio. París: Ollendorf, 1910.
• La enseñanza de la literatura. México: Universidad Popular, 1913.
• Tablas cronológicas de la literatura española. México: 1913.
• Traducciones y paráfrasis en la literatura mexicana de la época de la independencia. México: 1913.
• Don Juan Ruiz de Alarcón. Conferencia pronunciada en la librería general, la noche del 6 diciembre de 1913. La Habana (Cuba): Revista de la Facultad de Letras y Ciencias, 1914. (Separata).
• Estudios sobre el Renacimiento en España: El Maestro Hernán Pérez de Oliva. La Habana (Cuba): Cuba Contemporánea, 1914. (Separata).
• El primer libro de escritor americano. Nueva York: The Romanic Review, 1916. (Separata).
• El nacimiento de Dionisos. Nueva York: Las Novedades, 1916.
• Literatura dominicana. París: Editorial Bailly-Bailliere, 1917. (Separata de la Revue Hispanique).
• Las “nuevas estrellas” de Heredia. Nueva York: The Romanic Review, 1918. (Separata).
• Antología de la versificación rítmica. San José de Costa Rica: 1918.
• El endecasílabo castellano. Madrid: Revista de Filología Española, 1919. (Separata).
• Teatro. Siglos XIX y XX. Lecturas. Madrid: Junta para Ampliación de Estudios, 1920.
• Reseña de América Literature in Spain de J. L. De Ferguson. Madrid: Revista de Filología Española, 1920. (Separata).
• La versificación irregular en la poesía castellana. Prólogo de Ramón Menéndez y Pidal. Madrid: 1920.
• Rubén Darío y el Siglo XV. París: Revue Hispanique, 1921. (Separata).
• Observaciones sobre el español en América. Madrid: Revista de Filología Española, 1921. (Separata).
• En la orilla. Mi España. México: Tipografía Cultura, 1922.
• Romances tradicionales en México. En colaboración con Bertram D. Wolfe. Madrid: 1924. (Separata extraída de Homenaje a Menéndez Pidal).
• El supuesto andalucismo de América. Buenos Aires: 1925.
• La utopía de América. La Plata (Argentina): Ediciones de Estudiantina, 1925.
• Apuntaciones sobre la novela en América. Buenos Aires: Imprenta y Casa Editora Coni, 1927. (Separata de Humanidades).
• El libro del idioma. En colaboración con Narciso Binayán. Buenos Aires: 1927. (Libro de texto).
• Seis ensayos en busca de nuestra expresión. Buenos Aires: Ediciones Babel, 1928.
• Notas sobre literatura inglesa. Buenos Aires: Revista Humanidades, 1928. (Separata)
• Cien de las mejores poesías castellanas. Selección y prólogo. Buenos Aires: Editorial Kapelusz, 1929.
• El lenguaje. Buenos Aires: Revista Humanidades, 1930. (Separata).
• Aspectos de la enseñanza literaria en la escuela común. La Plata (Argentina): 1930.
• Sobre el problema del andalucismo dialectal de América. Buenos Aires: Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, 1932.
• La cultura y las letras coloniales en Santo Domingo. Buenos Aires: Biblioteca de Dialectología Hispanoamericana, 1936.
• El teatro de la América Española en la época colonial. Buenos Aires (Argentina): Instituto Nacional de Estudios de Teatro, 1936. (Cuadernos de Cultura Teatral; 3).
• Antología clásica de la literatura argentina. En colaboración con Jorge Luis Borges. Buenos Aires: Editorial Kapelusz, 1937.
• El español en México, los Estados Unidos y la América Central. En colaboración con otros autores y con anotaciones y estudios de Pedro Henríquez Ureña. Buenos Aires (Argentina): Universidad de Buenos Aires, 1938. (Biblioteca de Dialectología Hispanoamericana; Anejo IV).
• El enigma del eje. Buenos Aires: Revista Argentina de Agronomía, 1938. (Separata).
• Para la historia de los indigenismos. Papa y batata. El enigma del ajo. Boniato. Caribe. Palabras antillanas. Buenos Aires (Argentina): Universidad de Buenos Aires, 1938. (Biblioteca de Dialectología Hispanoamericana; Anejo 111).
• Gramática castellana. En colaboración con Amado Alonso. Buenos Aires: 1939. (Libro de texto).
• El español en Santo Domingo. Buenos Aires (Argentina): Universidad de Buenos Aires, 1940.
• Plenitud de España. Estudios de historia de la cultura. Buenos Aires: Editorial Losada, 1940.
• La literatura en los periódicos argentinos. En colaboración con Dora Guimpel y María Muñoz Guilmart. Buenos Aires: Separata de la Revista de la Universidad de Buenos Aires, 1944.
• Literary currents in Hispanic America [Las corrientes literarias en la América hispánica]. Cambridge (Massachusetts): Harvard University, 1945.
• Sobre la historia del verso alejandrino. Buenos Aires (Argentina): Facultad de Filosofía y Letras, Instituto de Filología, 1946.
Publicaciones póstumas
• Páginas escogidas. Prólogo de Alfonso Reyes; selección de José Luis Martínez. México: Biblioteca Enciclopédica Popular de la Secretaría de Educación Pública, 1946.
• Historia de la Cultura en la América Hispánica. México: Fondo de la Cultura Económica, 1947.
• Las corrientes literarias en la América Hispánica. Traducción de Joaquín Diez-Canedo. México: Fondo de la Cultura Económica, 1949.
• Páginas juveniles. Compilación de Emilio Rodríguez Demorizi. Bogotá: Ediciones Espiral, 1949.
• Pedro Henríquez Ureña. Antología. Selección, prólogo y notas de Max Henríquez Ureña. Santo Domingo: Julio Postigo Editor, 1950. (Colección Pensamiento Dominicano).
• Ensayos en busca de nuestra expresión. Introducción de Alfonso Reyes y Ezequiel Martínez Estrada. Bueños Aires: Editorial Raigal, 1952.
• Plenitud de América. Ensayos escogidos. Compilación y nota de Javier Fernández. Buenos Aires: Peña, Del Giúdice, Editores, 1952.
• Obra crítica. Edición, bibliografía e índice onomástico por Emma S. Speratti Piñero; prólogo de Jorge Luis Borges. México: Fondo de Cultura Económica, 1960.
• Estudios de versificación española. Compilación de Ana María Barrenechea y Emma S. Speratti. Buenos Aires (Argentina): Departamento Editorial de la Universidad de Buenos Aires, 1961.
• Selección de ensayos. Selección y prólogo de José Rodríguez Feo. La Habana: Casa de Las Américas, 1965.
• Cuentos de la Nana Lupe. México: Universidad Nacional Autónoma de México, 1966.
• Universidad y Educación. México: Universidad Nacional Autónoma de México/Dirección General de Educación Cultural, 1969.
• De mi Patria. Selección y notas de Jorge Tena Reyes. Santo Domingo: Secretaría de Estado de Educación, Bellas Artes y Cultos, 1974.
• Desde Washington. Selección de Minerva Salado. La Habana: Casa de Las Américas, 1975.
• Obras Completas. Recopilación y prólogo de Juan Jacobo de Lara. Santo Domingo: Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña, 1976-1980. 10 tomos.
• Ensayos: selección. Prólogo de José Alcántara Almánzar. Santo Domingo: Ediciones Taller, 1976. (Biblioteca Taller; 67).
• Observaciones sobre el español en América y otros estudios filológicos. Compilación y prólogo de Juan Carlos Ghiano. Buenos Aires: Academia Argentina de Letras, 1977.
• La utopía de América. Prólogo de Rafael Gutiérrez Girardot; compilación y cronología de Angel Rama y Rafael Gutiérrez Girardot. Caracas (Venezuela): Editorial Arte, 1978. (Biblioteca Ayacucho).
• Estudios mexicanos. Edición de José Luis Martínez. México: Fondo de la Cultura Económica / Secretaría de Educación Pública, 1984.
• Obra dominicana. Selección y prólogo de Juan Jacobo de Lara. Santo Domingo: Sociedad Dominicana de Bibliófilos, 1988. (Colección Cultura Dominicana).
• Memorias. Diario. Edición de Enrique Zuleta Alvarez. Buenos Aires: Academia Argentina de Letras, 1989.
• Humanismo de América. México: Fondo de Cultura Económica, 1997.
• Memorias. Diario. Notas de viaje. Introducción y notas de Enrique Zuleta Alvarez. México: Fondo de Cultura Económica, 2000. (Colección Biblioteca Americana). [Es una segunda edición, revisada y ampliada, de la obra editada por la Academia Argentina de Letras].
• Ideario de Pedro Henríquez Ureña. Compilación, prefacio y notas de Miguel Collado. Santo Domingo: Comisión Permanente de la Feria del Libro de la Secretaría de Estado de Cultura, 2002. (Colección FERILIBRO). [Hay una segunda edición: Santo Domingo: Ediciones CEDIBIL, 2006].
• Obras completas. Santo Domingo, Secretaría de Estado de Cultura / Banco de Reservas de la Rep. Dom., 2003-2005. 5 tomos (Tomo I: "Ficción"; Tomo II: "Estudios literarios"; Tomo III: "Estudios métricos"; Tomo IV: "Estudios lingüísticos y filológicos"; y Tomo V: "Escritos políticos, sociológicos y filosóficos").
• Antología mínima. Selección y apéndices de José Alcántara Almánzar. Santo Domingo: Banco Central de la Rep. Dom., 2004. (Colección del Banco Central de la Rep. Dom. Serie Arte y Literatura; No. 25).
_____________
*En: Pedro Henríquez Ureña. Seis ensayos en busca de nuestra expresión [1928]. Edición dominicana a cargo de Miguel Collado y prologada por Bruno Rosario Candelier. Santo Domingo: Ediciones CEDIBIL, 2007. 192 p. (Col. “Pedro Henríquez Ureña”; Vol. I).

PEDRO HENRÍQUEZ UREÑA: INTELECTUAL DOMINICANO



A 124 años del natalicio de Pedro Henríquez Ureña

Por: MIGUEL COLLADO

Pedro Henríquez Ureña nació, el 29 de junio de 1884, en la ciudad de Santo Domingo, específicamente en la casa de dos pisos ubicada en la calle Luperón esquina Duarte, en la zona colonial. El domingo 29 de junio de 2008 se cumplirán exactamente 124 años de ese acontecimiento trascendente para la cultura hispánica. Su madre, Salomé Ureña de Henríquez, y su padre, Francisco Henríquez y Carvajal, le iluminaron, de niño, la senda que habría de seguir toda su vida en procura de los más fundamentales valores espirituales, morales e intelectuales.
El ilustre autor de Seis ensayos en busca de nuestra expresión (1928) y de Las corrientes literarias en la América Hispánica (1945, 1949), acumuló saber y divulgó conocimientos, consciente de que la misión más elevada de todo maestro consiste en dar y contribuir con la unidad de los seres humanos, por lo que se oponía a las diferencias raciales y a las actitudes egoístas. Su visión del mundo y de las cosas, su pensamiento todo, lo hacen ver, a 62 años de su fallecimiento, como un ser demasiado adelantado para su época. El mundo de hoy –y, ¿por qué no?, el de mañana, también- necesita de hombres capaces de reconocer que es Pedro Henríquez Ureña un modelo ejemplar de ser humano a imitar: como hijo, como hermano, como amigo, como esposo, como humanista, como maestro y como ciudadano de América.
Los países que visitó y amó lo acogieron como si fuera su legítimo hijo (Cuba, México, Argentina y España, por ejemplo) y ellos sembraron en la mente y en el corazón del insigne humanista dominicano el ideal, la utopía, por una América unida, única, hermanada. Su conducta nunca se distanció de ese ideal, pues su grandeza siempre estuvo cimentada en su condición de hombre íntegro, defensor de sus principios a costa de cualquier sacrificio que le pudieran imponer las azarosas circunstancias que, con frecuencia, hubo de enfrentar, a veces por razones políticas, a veces por razones económicas, a veces por la incomprensión –o la ingratitud- con que, por lo general, son perseguidos los seres con luz como Don Pedro Henríquez Ureña.
En su afán por dar cada vez más de su saber, Pedro murió en la Argentina -en el tren que lo conducía, de Buenos Aires a La Plata, con destino al Colegio Nacional de La Plata- el 11 de mayo de 1946. Su hermano Max, en Hermano y Maestro (1950) describe, con hondo dolor, la forma trágica en que muere, inesperadamente, el hijo que Salomé Ureña habría de confiar al porvenir:
“Apresuradamente se encaminó a la estación del ferrocarril que había de conducirlo a La Plata. Llegó al andén cuando el tren arrancaba, y corrió para alcanzarlo. Logró subir al tren. Un compañero, el profesor Cortina, le hizo seña de que había a su lado un puesto vacío. Cuando iba a ocuparlo, se desplomó sobre el asiento. Inquieto Cortina al oir su respiración afanosa, lo sacudió preguntándole qué le ocurría. Al no obtener respuesta, dio la voz de alarma. Un profesor de medicina que iba en el tren lo examinó y, con gesto de impotencia, diagnosticó la muerte. Así murió Pedro: camino de su cátedra, siempre en función de maestro”.

Finalmente, debemos hacer una rectificación histórica con relación a la fecha de nacimiento de Pedro Henríquez Ureña, la cual se indica erráticamente en dos de las tarjas que, en homenaje a él, han sido colocadas en lugares específicos de la ciudad de Santo Domingo: una en su tumba del Panteón de la Patria y la otra al pie del busto que se encuentra en la parte frontal de la Facultad de Humanidades “Pedro Henríquez Ureña” de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). En ambas se dice que Henríquez Ureña nació el 29 de julio de 1884, lo que no es cierto, ya que, conforme al Acta de Bautismo extraído de los archivos del Arzobispado de Santo Domingo, su venida a este mundo terrenal tuvo lugar el 29 de junio de ese mismo año. Fue bautizado el 27 de noviembre, faltándole solamente dos días para cumplir los cinco meses de nacido.
El traslado de sus restos mortales hacia el Panteón de la Patria –no Panteón de la Nación- fue dispuesto mediante el Decreto No. 2140, de fecha 7 de abril de 1972, pero no fue sino hasta el 8 de mayo de 1981 cuando esa disposición fue cumplida, trayéndose dichos restos desde la ciudad de Buenos Aires (Argentina), para lo cual el Gobierno Dominicano creó una comisión que estuvo integrada por el Secretario de Estado de Educación, Bellas Artes y Cultos (SEEBAC), Dr. Andrés Reyes Rodríguez; el Rector de la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña (UNPHU), Dr. Jaime Viñas Román; y el Lic. Federico Henríquez Gratereaux, pariente del preclaro hombre de letras.
Reposan los restos de Pedro Henríquez Ureña en la misma cripta donde se encuentran los de su eximia madre, Salomé Ureña de Henríquez, como fue su deseo antes de morir. Unidos por el infinito amor que ambos se profesaban, tanto en la vida como en la eternidad.
[Junio 27 de 2008]

MIGUEL COLLADO: BIBLIÓGRAFO DOMINICANO



Bibliógrafo, poeta y educador dominicano nacido, en la ciudad de Santo Domingo, en 1954. Licenciado en Administración de Empresas por la Universidad Interamericana (UNICA), entidad académica donde enseña Organización y Métodos desde 1989. Realizó estudios superiores en Educación (Concentración en Letras) en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Obtuvo el Premio Casa del Escritor Dominicano en 1993 con su obra Apuntes bibliográficos sobre la literatura dominicana (1993). Es el Presidente-Fundador del Centro Dominicano de Investigaciones Bibliográficas, Inc. (CEDIBIL); Asesor Cultural de la Biblioteca Nacional “Pedro Henríquez Ureña”; Miembro del Consejo Editorial de la Universidad Central del Este (UCE); Miembro de la Cátedra “Eugenio María de Hostos” de la Universidad Interamericana; y Miembro Correspondiente y Consultor Bibliográfico de la Academia Dominicana de la Lengua. A partir del año 2005 ha concentrado su actividad intelectual en el campo editorial, llevando a cabo una importante labor de rescate bibliográfico, resultado de la cual han sido las re-ediciones de obras de tanta trascendencia como los Seis ensayos en busca de nuestra expresión, de Pedro Henríquez Ureña; Veinte cuentos de autores dominicanos, antología de Max Henríquez Ureña; y Décimas inéditas, de Juan Antonio Alix. Collado ha dado a la luz pública los siguientes títulos (libros y opúsculos):
Antología: ámbito del ser profundo: antología poética de Rafael Abreu Mejía (1968-2002) (2004); El fantasma de Trujillo: antología de cuentos sobre el tirano y su Era (2005, 2006, 2007); y Huellas de la Guerra Patria de 1965: cuentos y relatos (2008, auspiciada por la Comisión Permanente de Efemérides Patrias).

Bibliografía: Una bibliografía cronológica de las antologías literarias dominicanas 1874-1996 (1996); Una bibliografía preliminar de la literatura infantil dominicana 1821-1990 (1997); Bibliografía comentada sobre comunidades de la República Dominicana 1900-1998 (1999); Catálogo de la exposición bibliográfica de la Región Este de República Dominicana (2000); Bibliohemerografía hostosiana de autores dominicanos (1876-2003) (2003); y 225 obras recomendables de la literatura dominicana (2005).

Compilación: Obra poética de Freddy Gatón Arce (2001); Obra poética completa de Aída Cartagena Portalatín 1944-1984 (2000); Ideario de Pedro Henríquez Ureña (2002, 2006); Ensayos críticos sobre escritoras dominicanas del siglo XX (2002, en colaboración con Rafael García Romero); Salomé Ureña ante la Patria (2005, escritos de Francisco Henríquez y Carvajal); Juan Bosch: maestro y creador (2005, selección de estudios); Temas internacionales de Juan Bosch (2006, artículos, discursos y conferencias); Rayada de pez como la noche: cuentos completos de Enriquillo Sánchez (2006).

Cronología: Cronología bio-bibliográfica de Rafael García Romero (1996); y Cronología de y sobre Livia Veloz (1892-1980) (1997).

Ensayos: Apuntes bibliográficos sobre la literatura dominicana (1993); Apuntes sobre la historia de las fiestas patronales del municipio de Jánico (1987); Jánico: Notas sobre su historia (1993); Primicias de América en Jánico (1993); Salomé Ureña de Henríquez: primera dominicana en publicar un libro de poesía (1997); e Historia bibliográfica de la literatura infantil dominicana 1821-2002 (2003).

Poesía: Pesada atmósfera (1976); Soliversodario (1980); El viento y yo (1986); y Un encuentro propiciado por la lluvia (1988).

Friday, May 16, 2008



Eugenio María de Hostos: Ciudadano de la Inmortalidad

Por : Miguel Collado

(En las fotos: 1) Eugenio María de Hostos (1839-1903), 2) Alejandro Paulino y Miguel Collado en el Archivo General de la Nación, Santo Domingo, 2008). Conferencia dictada por Miguel Collado en el Congreso Hostos y Martí en New York, CUNY 2003.

Fueron varias las ocasiones en que el ilustre dominicano Federico Henríquez y Carvajal tuvo que contestar la siguiente pregunta: “¿Cómo ha visto y ve usted al señor Hostos?”. Una de ellas fue cuando, el 14 de enero de 1939, pronunciaba su histórico discurso a propósito del centenario del natalicio del Apóstol antillano:

“Siempre lo vi i aun lo veo de alma entera. Así lo vi siempre porque estuve, en un lapso de veintiocho años, muy cerca de él, junto a él, a su lado; nunca en frente i tampoco a sus espaldas. Era bueno. Era sabio. Era justo”. (1)

Es en esa misma ocasión, y al cierre de su discurso, cuando el amigo entrañable de Hostos y de Martí, exclama y sentencia:

“...se oye de nuevo el clamor de la noche triste, el cual ya no es una censura ni una protesta, sino una clarinidad de la Historia que nos dice: ‘Los Grandes Muertos dan testimonio de que Los Grandes Vivos no mueren. Ellos sobreviven, cuando son sembradores e iluminadores i con sus obras i con su vida edifican el alma de las generaciones del presente i el alma de las generaciones del futuro...’” (2)

Decimos nosotros, ahora, a 100 años de su fallecimiento, que Eugenio María de Hostos siempre ha sido un Gran Vivo y desde su tumba centenaria sigue dando testimonio de ello, porque la grandeza de su obra espiritual y el ejemplo de su vida como extraordinario ser humano, le sirven de fundamento incuestionable; porque fue un Sembrador como ningún otro en América y porque no hubo senda por donde anduviera que no iluminara con la luz de su pensamiento. Quizá por todo esto es que una extraordinaria mujer y brillante educadora como Ivelisse Prats Ramírez de Pérez nos hace la siguiente confesión:

“...mientras más tiempo pasa más lo admiro y reverencio, más me asombran su valor infinito, su modestia acrisolada, su vocación abnegada de darlo todo por la libertad de los pueblos y de los espíritus.[...] Estaba lleno de una bondad y generosidad que lo condujeron por la vida bordeando el martirio, libre de los egoísmos mundanos, aferrado a esa utopía que cuando hablaba la hacía ver y tocar a sus discípulos, como un mago racional y persuasivo que usaba en vez de trucos la brujería inefable de su inflamado verbo”. (3)

Hostos murió “el 11 de Agosto de 1903, a las 111/4 p.m., durante una perturbación atmósférica” (4), como si acaso la naturaleza expresara su dolor por la muerte de quien tanto la amó. Con dolor profundo, con una pena muy honda, Don Federico describe la atmósfera que, al día siguiente, sirve de manto a esa circunstancia funesta en que tienen lugar las honras fúnebres al Sembrador, al Iluminado:

“La tarde era triste...mui triste! Llovía. La lluvia caía como lágrimas del cielo. El sol, envuelto en una clámide de nieblas, se hundía en el ocaso como si se extinguiese para siempre. La tarde era triste...mui triste! El silencio reinaba en el cementerio...Mudo, con el mutismo de la Esfinge, el cadáver de fisonomía socrática, yacía en el féretro. Mudo estaba el séquito bajo la pesadumbre del gran duelo. Muda la ciudad doliente. Muda la Naturaleza”.(5)

Y es en esa tarde triste del 12 de agosto de 1903, golpeado en el hondón de su alma por la partida de su amigo casi hermano, cuando Don Federico Henríquez y Carvajal pronuncia aquel memorable discurso panegírico del que todavía truena la ya célebre frase: “Esta América infeliz que sólo sabe de sus grandes vivos cuando pasan a ser sus grandes muertos”.

¿De qué murió Hostos? Los médicos que lo asistieron durante los pocos días de su breve gravedad fueron connotados facultativos egresados de la Universidad de París: Francisco Henríquez y Carvajal, Arturo Grullón y Rodolfo Coiscou. Eran, además, amigos suyos, especialmente el primero. Grullón y Coiscou fueron sus discípulos aventajados. Conforme a la opinión profesional emitida por ellos, el Sr. Hostos -¡cómo era respetado este hombre!- había muerto:

“de una afección insignificante a la cual hubiera vencido fácilmente cualquier otro organismo menos debilitado y, sobre todo, menos postrado por el profundo abatimiento moral que minaba hacía algún tiempo la existencia del insigne educador” (6)

Ese profundo abatimiento moral no tan sólo socavaba su salud física, sino también su salud espiritual, su ser más profundo, sus ganas de vivir, su deseo de seguir. Y ese mortal abatimiento lo atribuían sus amigos más íntimos

“a la desesperanza de la redención de su patria nativa, Puerto Rico [ y al] rumbo proceloso y torpe por el cual impulsó la angustiosa vida de su patria adoptiva, la República Dominicana, la irreflexiva y funesta división de los elementos que dirigían el Estado a partir de la caída del Gobierno de Heureaux” (7).

Y bajo esas circunstancias históricas sombrías es que tiene lugar la muerte de Eugenio María de Hostos. Pero hay una circunstancia que no es ni física ni política ni de otro tipo, sino moral-espiritual, que socava la vida del preclaro antillano. Pedro Henríquez Ureña, que había sido tocado tempranamente –en su adolescencia- por la magia envolvente del pensamiento hostosiano, la describe así:

“Volvió a Santo Domingo en 1900 a reanimar su obra. Lo conocí entonces: tenía un aire hondamente triste, definitivamente triste. Trabajaba sin descanso, según su costumbre. Sobrevinieron trastornos políticos, tomó el país aspecto caótico, y Hostos murió de enfermedad brevísima, al parecer ligera. Murió de asfixia moral” (8).

Pero ya antes, en agosto de 1903 y viviendo en New York junto a su hermano Pedro, Max Henríquez Ureña había escrito:

“Enemigos cobardes saliéronle al paso. Sus discípulos se dispersaron en el agitado campo de la política, y cuando se creyó llegada la hora de las grandes redenciones, el estruendo de la lucha fratricida asordó los aires, y la guerra civil devastó de nuevo los campos de la patria” (9) .

Y luego dice: “[a Hostos] Lo mató la tristeza, lo mató el dolor del ideal irrealizado” (10).
Francisco Henríquez y Carvajal, uno de sus más leales colaboradores en su afanosa empresa transformardora del sistema educativo dominicano, fue el médico de su confianza que presenció su despedida definitiva. En su ofrenda a Hostos, titulada “Mi tributo”, él recomienda:

“Es preciso conocer á Hostos; profundizarlo, para conocerlo; conocerlo, para encantarse en él; encantarse en él, para amarlo; amarlo, para darlo á conocer, para enseñarlo como es él en verdad; conocerlo profundamente, conocer en todo su alcance el gran poder de su mente razonadora y el noble sentimiento que lo animó, que le dio siempre una fisonomía de inacabable bondad, para, tal como es, mostrarlo al pueblo...” (11)

Una mujer, una ejemplar educadora, Luisa Ozema Pellerano Castro (1870-1927), una de las primeras graduadas de Maestra Normal, en 1887, en el Instituto de Señoritas fundado por la eximia poetisa Salomé Ureña de Henríquez, pronunció, ante la tumba del Maestro de Maestros, las siguientes palabras elegíacas:

“!Ha muerto el amado Maestro!¢, era el alarido de dolor inconforme que se exhalaba de todas las almas. Y mi alma, surjiendo de las sombras de ese dolor, se decía á cada instante: ¢!Mentira! Es un sueño. El no ha muerto; él no puede morir, porque vive en el espíritu de las generaciones educadas en su apostolado de verdad y amor".

Y hoy, ante la tumba cubierta de flores que guarda tus restos mortales, torna el alma conmovida á repetirme que tú eres inmortal, porque fuista bueno y sabio, y enseñaste lo que predicabas y viviste lo que predicaste. Por eso tu vida fue perenne ejemplo de altísima enseñanza moral”.(12)

Las palabras de Luisa Ozema aparecieron en el periódico mocano El Pueblo, 18 días después del fallecimiento de Hostos, con el siguiente título: “El inmortal”. Y esas palabras nos hicieron reflexionar profundamente sobre la perennidad de la obra del Ciudadano de América, como llamara el puertorriqueño Antonio S. Pedreira al Maestro Eugenio María de Hostos en 1932. Hoy, ante ustedes, en esta ciudad de New York por donde todavía su espíritu libertario anda, nosotros lo nombramos de otro modo: “Eugenio María de Hostos, luminoso Ciudadano de la Inmortalidad”.

NOTAS:
(1) Rev. Clío, Santo Domingo, VII (XXXIV) : 47, marzo-abril, 1939.
(2) Loc. cit..
(3) “Mi rosa blanca para el Maestro”. Listín Diario, Santo Domingo, enero 11, 2003.
(4) Eugenio M. Hostos. Biografía y bibliografía. Santo Domingo : Imp. Oiga..., 1905. Pág. 26.
(5) Rev. Clío, Santo Domingo, VII (XXXIV) : 47, marzo-abril, 1939.
(6) “Relación de la enfermedad, defunción, entierro y actos de duelo efectuados en honor del eminente educacionista”, en Eugenio M. Hostos. Biografía y Bibliografía. Santo Domingo : Imp. Oiga..., 1905. 384 p. Ver: 2 ed. : Santo Domingo : Comisión Permanente de la Feria del Libro, 2003. Pág. 38. (“Ediciones Ferilibros”).
(7) Idem, pp. 38-39.
(8) Pedro Henríquez Ureña, “Ciudadano de América”, en La Nación (Buenos Aires), 28 de abril de 1935. Reproducido en Hostos. Moral social. Buenos Aires : Editorial Losada, 1939. Págs. 7-13. (Col. “Grandes Escritores de América”; No. 2).
(9) Max Henríquez Ureña. “Hostos”, en Eugenio M. Hostos. Biografía y bibliografía. Santo Domingo : Imp. Oiga..., 1905. 384 p. Ver: 2 ed. : Santo Domingo : Comisión Permanente de la Feria del Libro, 2003. Pág. 161. (“Ediciones Ferilibros”).
(11) “Mi tributo”. En: Eugenio M. Hostos. Biografía y bibliografía. Santo Domingo : Imp. Oiga..., 1905. Pág. 347.
(12) Periódico El Pueblo, Moca, agosto 29, 1903.

(Conferencia dictada en el Congreso Hostos y Martí en New York celebrado los días 21, 22 y 23 de noviembre de 2003 en la ciudad de New York y organizado por Hostos Community College-The City University of New York (CUNY).



Thursday, May 15, 2008

JOSÉ NÚÑEZ DE CÁCERES: FABULISTA HISPANOAMERICANO



"José Núñez de Cáceres, uno de los primeros fabulistas de Hispanomérica"

Por: Miguel Collado

La fábula -ese subgénero narrativo o apólogo, en verso o en prosa, en el que lo inani-mado adquiere vida y lo animal es humanizado, y cuyo propósito es de tendencia morali-zante- ha tenido, en la literatura dominicana y en la literatura universal, muy pocos cultores. José Núñez de Cáceres, el artífice de la primera independencia nacional dominicana, no tan sólo es uno de ellos, sino que merece ser reconocido como el primer fabulista dominicano, afirmación ya hecha, en 1946, por el insigne historiador Emilio Rodríguez Demorizi en su Fábulas Dominicanas (Ciudad Trujillo: Editora Montalvo, 1946), antología en la que incluye a otros fabulistas dominicanos: Felipe Dávila Fernández de Castro, Félix María del Monte, Nicolás Ureña de Mendoza, Juan Antonio Alix, Manuel de Jesús de Pella y Reynoso, José Dubeau y Bremón, Pablo Pumarol, José María Jiménez y Luis Emilio Garrido. De la trascendencia histórica de Núñez de Cáceres como político y como patriota se ha escrito mucho, a pesar de que aún no ha sido valorado a profundidad, pero dejemos a un lado este enfoque de su vida para adentramos en el tema central de esta conferencia: justipreciar su pionería literaria como fabulista, tanto en la literatura nacional como en la hispanoamericana.

Los que conocen la historia del periodismo en República Dominicana saben que José Núñez de Cáceres fundó, el 15 de abril de 1821, el periódico El Duende, considerado el segundo órgano periodístico dominicano. De este semanario -de carácter político y satí-rico, y que circulaba los domingos en la ciudad de Santo Domingo- vieron la luz pública trece números, desapareciendo el 15 de julio del citado año. A través de El Duende Núñez de Cáceres se dio a conocer como fabulista, pues aquí publicó nueve de sus fábulas, las cuales firmaba, precedidas por una numeración secuencial romana, con el humilde seudó-nimo de El Fabulista Principiante, como rindiendo honor a la sencillez oriental de los forja-dores del género. A Rodríguez Demorizi debemos agradecerle el rescate de esos textos, reproducidos en su antología antes citada.

Tenía Núñez de Cáceres plena conciencia del oficio de fabulista, lo que es comprobable leyendo el siguiente fragmento de la carta que él enviara, el domingo 3 de junio de 1821, al editor de El Duende: “Ni otra cosa en las fábulas se busca, Que corregir los vicios de los hombres, Y que el sutil ingenio obras produzca. “Al cabo de veinte siglos vengo yo a repetir la misma protesta a precaución de cualquiera maligna inteligencia que se pretenda dar a mis apólogos, porque estoy en ánimo de no dejar el trato familiar de los animales, y de sacar a luz cuanto descubra en ellos pueda instruir o deleitar a mis compatriotas. Con algo se ha de divertir la mohina que a todos nos trae la falta de dinero: los héroes de mis juguetes son los irracionales, y no puedo figurarme que ningún racional tenga el mal gusto y peor elección de ponerse en el lugar del Escarabajo, del Mono, ni de las Langostas. Con que bajo la indicada protesta, manos a la obra y sigan las fábulas”.

La protesta a la que hace alusión Núñez de Cáceres cuando dice “vengo yo a repetir la misma protesta” es aquella elevada por Fedro (Siglo I a. de C.) cuando, en época del empe-rador Tiberio, fue víctima de las falsas acusaciones que, roído por la envidia, le hiciera Seyano, por lo que fue encarcelado y luego desterrado. Seyano era el favorito de Tiberio y tenía mucha influencia en el imperio romano. Nuestro fabulista se refiere a ese hecho de este modo:“/?..] porque hablando antes con el Elefante, que es el archivero de los anales animales-cos, me enseñó un antiguo registro en que consta el ruidoso caramillo que le armaron del marrajote de Fedro por haberse metido en la misma danza de andar contando y refiriendo cuanto atisbaba que hacían y decían los animales allá en sus guaridas; y como el Sr. cuen-tista vivía en la corte de Tiberio, (¡ay que no es nada!) comenzaron a zurrarle la badana, achacándole que bajo la piel del Oso, del Lobo, del Tigre y otros graciosos animalitos, diz-que sacaba a bailar al valido Seyano, al perfumado Narciso y hasta al mismo Emperador” (Carta citada). El celebrado fabulista latino, autor de las muy conocidas Fábulas esópicas, relata lo su-cedido en la quinta fábula del segundo libro de su colección, no en el prólogo, como señala el fabulista dominicano. El título de la fábula es “Tiberio y el esclavo oficioso”, la cual transcribimos a continuación:

“Existe en Roma una raza de entrometidos que van y vienen agitados pero ociosos, sofo-cándose sin motivo, creyendo hacer mucha sin hacer nada, molestos a si mismos y a los demás insoportables. Intento corregirlos si puedo con esta fábula verdadera. Vale la pena prestar atencion. “Tiberio César, camino de Nápoles, detúvose en su finca de Misero, edificada por el pro-pio Lúculo en la cima de una montaña que mira al mar de Sicilia y domina el mar de Tos-cana. Uno de los esclavos del atrio, con las ropas levantadas, pues su propia túnica estaba recogida bajo los hombros con una cinta de tela de Pelusio; colgantes sus franjas plisadas, al tiempo que su señor se paseaba entre los frondosos macizos púsose a regar el suelo ar-diente con una regadera de madera, haciendo gala de su celo, pero sólo le valió unas burlas. “Luego, tomando por rodeos de él conocidos, se adelanta a otro paseo y aplaca también el polvo. César reconoce al hambre y adivina su pensamiento: el esclavo se había creído que algo alcanzaría.

“—Ven —dice el emperador, y aquél acude veloz, lleno de alegría ante la esperanza de una recompensa segura. Y entonces la gran majestad de este príncipe se burló así: —No has conseguido gran cosa; tu afán ha resultado vano. ¡Mucha más caras vendo yo mis bofetadas!” Como Esopo (c. 620-580 a. de C.), Fedro fue esclavo y, como tal, sufrió los rigores de esa vida azarosa que en la sensibilidad de un artista deja huellas dolorosas. Quizá por eso es notoria una gran amargura —y tal vez frialdad- en las fábulas fedronianas, en las cuales bebió, con justificada admiración, el talentoso intelectual dominicano.

Fue Núñez de Cáceres un escritor muy culto y actualizado. él conoció a todos los fabu-listas clásicos (Esopo, Fedro, Jean de La Fontaine, Félix María Samaniego y Tomás de Iriarte) y, de manera consciente, se dejó influenciar por ellos, especialmente en el uso de los personajes irracionales (animales): águila, Abeja, Burro, Cigüeña, Conejo, Cordero, Came-llo, Lechuza, Lobo, Mulo/a, Palomo/a y Raposa/o. Como personaje racional, es común a todos el Pastor. De los diecinueve personajes que actúan en las once fábulas del fabulista criollo analizadas por nosotros, trece los encontramos en Iriarte, doce en Esopo y en La Fontaine, nueve en Fedro y ocho en Samaniego. Curiosamente, la Acémila —cruce de caballo y burra- y el Abejarrón aparecen en dos de las fábulas de Núñez de Cáceres, pero no así en ninguna de las escritas por los fabulistas clásicos mencionados.

El reputado crítico e historiador literario Enrique Anderson Imbert, en su Historia de la literatura hispanoamericana (México: Fondo de Cultura Económica, 1974, tomo 1, págs. 183-184), cita a José Núñez de Cáceres entre los primeros autores de fábula de la América Hispánica, junto al argentino Domingo de Azcuénaga (1758-1821), al guatemalteco Matías de Córdova (1768-1828) y al ecuatoriano Rafael García Goyena (1 766-1823). 0 sea, que Núñez de Cáceres merece, también, ser considerado uno de los pioneros en la literatura fabulística del Nuevo Mundo, por lo que no es posible escribir la historia de la fábula en Hispanoamérica obviando su nombre, lo cual constituye un verdadero prestigio para las le-tras dominicanas.

Con respecto a las características iniciales de la fábula escrita en Latinoamérica, nos pa-rece interesante lo señalado por Anderson Imbert: “La fábula —antiguo género moralizador y práctico- se transformó en el siglo XVIII en discusión ideológica. Los animales hablaban como filósofos, en la manera de los españoles Iriarte y Samaniego. En Hispanoamérica imitaron el género, no la filosofía”. Esto explica el que Núñez de Cáceres — en una época en la que el movimiento de emancipación colonialista se había expandido por toda América Latina, incluyendo a Santo Domingo- utilizara sus fábulas no con propósitos filosóficos, sino para satirizar los males que aquejaban a la sociedad dominicana de entonces, colocándole a cada una de ellas un epígrafe con el que sintetizaba su intención ejemplificadora: El conejo, los corderos y el pastor Contra los que obtienen puestos elevados y visten grandes uniformes sin las calidades necesarias”: Variemos hay de registro, y hablemos sin consonantes, porque un ridículo cuento en jácara es bien se cante. Sepan todos que el Conejo, por si alguno lo ignorare, símbolo es de cobardía entre los irracionales. Sin embargo, el Señor mío dióse tal maña y tal arte, que en las valerosas tropas del León logró alistarse. Púsose de punta en blanco con chacó y alto plumaje, bordaduras y galones, largo y encorvado alfanje.

Orondo cual Pavo hinchado, por lucir el personaje salió al prado de bracete con la Liebre su comadre. Quiso la casualidad que un Pastor aquella tarde su manada de corderos allí mismo apacentase. Y al ver la extraña figura se creyeron, sin examen, que era un Lobo disfrazado, y corren por todas partes. Sobrecogido el Conejo de aquel no esperado lance, mete a huir de los corderos como de galgos voraces. Adiós, linda compañera, adiós plumas, adiós sable! quedáos en paz esta vez, que lo que importa es salvarse. El Pastor que al mismo tiempo ve su ganado regarse, viene tras del monifato que no conoce en el traje. Cógelo en la madriguera casi al punto de colarse y porque de entre las manos la presa no se le escape. Un golpe con el callado le descarga en los hijares; chilla entonces el Conejo y le dice: “no me mates ". Que si espanté tus corderos, esta acción es inculpable, confesándote que el miedo galgos llegó a figurarme. A esto el Pastor le replica: ten vergüenza, vil infame, pues si galgos te parecen unos mansos animales: ¿ Qué no te parecerían si vieras aproximarse verdaderos enemigos preparados al combate? Y así para que tu miedo en otra ocasión a nadie perjudique como a mi: muere ahora por cobarde. Que el que abraza una carrera sin tener las calidades y virtudes que requiere, pasa por estos ultrajes. La araña y el aguíla Contra el verdadero mérito y la buena opinión que con él se gana, nada pueden las calumnias de la envidia”: De este tiro acabóse su privanza, cayó por tierra su soberbio imperio, qué dulce es la esperanza de salir de su yugo y cautiverio! su júbilo y placer así explicaba una Araño después de haber concluido de sus débiles hilos un tejido en que prender al Aguila intentaba Su rencoroso enojo le nacía de ver cuán alto vuelo la reina de las aves emprendía de su morada a la región del cielo; que todo vil insecto de lo bueno y grande es desafecto. Viene el Aguila, observa el embarazo, muestra una garra y desbarata el lazo. Si el valimiento y la opinión estriban en mérito y virtud sobresalientes, de la envidia los tiros impotentes su solidez afianzan, no derriban.c) “Los malos nunca encuentran nada bueno en los hombres honrados, principalmente si sirven de estorbo en sus maldades”:

El Lobo y la Raposa Los malos nunca encuentran nada bueno en los hombres honrados, principalmente si sirven de estorbo en sus maldades Con impaciencia el Lobo por bosques y caminos gritaba en altas voces: ¡No sé por qué motivo! Dispensa el hombre afable al perro su cariño! Es glotón, es avaro, adula con fastidio. Y si bien se examina su ponderado instinto, no se hallará otra cosa que un falaz artificio. Si de la casa el amo le recomienda el cuido, échenle pan y carne y no dará un ladrido. Observa donde guardan el bocado exquisito, y ronda en su contorno hasta lograr el tiro. Es de la hipocresía el retrato más vivo: en lo exterior virtudes, por dentro todo vicios. Algunos animales de los pocos advertidos al fin se alucinaron con estos y otros gritos. La Raposa a este tiempo se acerca de improviso, la aguardan, la saludan y le ponen en pico. Las cosas que del Perro al Lobo habían oído y que todos estaban prontos a su exterminio. Entonces la Raposa que en su olfato fino husmeó donde estaba el veneno escondido. Después de alguna pausa, y viéndonos tranquilos, les habló con la sorna que le es propia, y les dijo: Aunque es prenda estimada el candor, mis amigos, su dosis de malicia con él hace buen mito. El trato con los buenos será franco y sencillo: mas siempre de reserva usad con los inicuos. ¿Por qué del Perro el Lobo tanto mal os ha dicho? Porque cebar quisiera en la grey su apetito. Y el Perro fiel a su amo con celo siempre activo, defiende de sus garras los mansos corderitos. Y pregunto yo ahora por iguales principios: ¿Acá entre los mortales no sucede lo mismo? ¡Oh, cuántos a los buenos atribuyen delitos! ¿Y por qué? Porque estorban sus malvados designios.

Al espíritu contestatario de Núñez de Cáceres —siempre dispuesto al enfrentamiento: basta recordar su polémica en Venezuela con Simón Bolívar- le iba bien el género de la fá-bula, pues, desde sus orígenes, este modo de expresión de procedencia oriental se nos ha presentado, además de didáctico y moralizante, como efectiva arma satírica. “Contra los que no ven la viga en su ojo, y sí la paja en el ajeno” va dirigida la fábula “El Camello y el Dromedario”, con la que él responde a críticas que le fueron adversas: Si me das, divino Iriarte, algo de la gracia y arte con que en fábula pusiste con que comúnmente oíste divulgado en un refrán, a mí referir me oirán de tu mismo númen lleno la paja en el ojo ajeno que sin caridad notamos cuando nunca reparamos la enorme viga en el nuestro: atención que ya me adiestro. De una larga caravana con placer y buena gana el Camello descansaba y en recompensa aguardaba su ración de paja y grano que con abundante mano el dueño le distribuía después que el viaje rendía. Este mismo propietario mantenía un Dromedario que en los casos de presteza por su extraña ligereza solamente era empleado y así y gordo y descansado en vida canonical era severo fiscal de la falta más pequeña porque la experiencia enseña que siempre la ociosidad fue origen de la maldad Dejemos esto al caso. Vino con ligero paso el Dromedario triscón y al ver la buena ración que se apretaba el Camello levantando el corvo cuello le dice en tono burlesco: ¡oh, cuánto me compadezco de tu suerte, camarada!, pues recibes limitada para un vientre la pitanza cuando tienes otra panza ni chica, sí, de buen tomo encaramada en el lomo la que razón no sería que se quedare vacía: y entaimando la joroba triscaba con esta trova.

Como contra toda ofensa es natural la defensa la suya con gran cachaza así el Camello rechaza. Sí, Señor, está muy bien. Mas su espinazo también carga encima dos corcovas en que caben cuatro arrobas de grano sin comprensión. Iten más otro chichón del pecho en la delantera que no es ninguna friolera, con que explicarme, en qué estribas que teniendo yo una jiba paras la atención en ella. ¿Y tú tres? ¿No te hacen mella? Aunque el Dromedario nada dijo a tan fiera estocada yo responderé por él, que este es un retrato fiel con sus pelos y señales de lo que hacen los mortales: una falta en el próximo, ¡qué fea! Yen sí muchas y grandes no hay quien vea. José Núñez de Cáceres, intelectual, periodista y político dueño de una personalidad sin-gular, tuvo una destacadísima vida pública no tan sólo en su país, sino también en Vene-zuela y en México, donde, en 1848, dos años después de fallecido y mediante Decreto, su nombre fue grabado en letras de oro en el recinto del Congreso Local del Estado de Tamaulipas. En Santo Domingo vio la luz del mundo por primera vez el 14 de marzo de 1772 y el 12 de septiembre de 1846, en el gran país azteca que él tanto amó, cerró los ojos para siempre. Sus restos, traídos al país en 1943, reposan, desde 1972, en el lugar que él supo ganarse con hidalguía y decoro: el Panteón Nacional de República Dominicana.