Monday, December 31, 2007

FALLECE MIGUEL HOLGUIN VERAS: HISTORIADOR Y NOVELISTA


(Dantes Ortiz, Alejandro Paulino Ramos, Don Mariano Lebrón Saviñón, Miguel A. Holguín Veras y Rafael Peralta Romero mientras compartían en el hogar de Don Mariano una mañana de domingo)
Por: Alejandro Paulino Ramos

El fin de año 2007 ha sido terrible para la historia y la literatura dominicana. Una generación de maestros inicia su despedida, en medio de las lágrimas de sus familiares y el dolor de los amigos: En noviembre falleció Francisco Henríquez Vásquez (Chito Henríquez), historiador, patriota y maestro de generaciones. Ayer, 30 de diciembre, Don Miguel patriota, cuentista, investigador y novelista nos sorprendió con su muerte, cuando más se estaba dando a su pueblo.

Conocí a Don Miguel, a quien cariñosamente llamábamos El Ministro, hace más de 25 años. Nos acercó el amor a los libros, el interés por la investigación y la pasión por la historia, y junto a él encontré otro amigo, el escritor Edwin Disla, el más fiel de sus compañeros.

Habíamos logrado compactarnos en un solo interés y propósito; el encuentro cotidiano ya sea en el Malecón, en su hogar, o bajo un árbol frondoso de la Cafetería El Conde, donde compartíamos con Manuel Mora Serrano, Noel Hidalgo, Chito Henríquez, Dato Pagán y otros tantos que nos hicieron compañía, era siempre oportuno para aprender de él y reflexionar acerca de todo lo que entendiéremos como humano: los conflictos sociales, el perfil dictatorial de gobiernos pasados, las guerras de exterminio en el mundo, la maldición de la herencia trujillista, las mentiras malvadas del cortesano-presidente, el afán común por la producción histórica y literaria, las investigaciones en el Archivo General de la Nación, sus libros proyectados en la pasión con que enfrentaba la literatura.

Ayer domingo, demasiado temprano, el impacto fue desgarrante; junto a sus familiares y amigos tuvimos que resistir callados su despedida. Al caer la tarde, mientras su ataúd era colocado en el nicho que ocupará por siempre su cuerpo, se me antojaba que era mentira y que simplemente El Ministro nos jugaba una broma para confirmar lo que él tanta veces presintió. En los últimos meses la muerte lo estuvo acompañando y ni Edwin ni yo le creíamos: “me estoy muriendo y no voy a poder terminar de escribir y publicar mis libros”, nos decía. Rechazábamos sus comentarios, como si quisiéramos también alejar de él su presentimiento: “con las vainas que le ha cogido al Ministro”, y él insistía sobre la inminencia de su partida.

Pero Don Miguel era fuerte; la última vez que compartí con él fue en la puesta en circulación de la novela “Manolo” de Edwin. Como siempre, allí estaba. Al finalizar el acto se acercó para felicitar a Edwin y decirnos que hacía minutos, mientras todos escuchaban la presentación de la obra, él estuvo a punto de morir. Y nos lo contaba con una copa de vino en la mano y compartiendo como si nada hubiera pasado. Nadie quería creerle.

Planificamos el nuevo encuentro y opiné que en el Palacio de la Esquizofrenia era el mejor lugar para compartir, y los días navideños propicios para hacerlo. En medio del dolor, a media mañana del domingo 30 de diciembre mientras sus familiares lo lloraban, Edwin me acompañó y fuimos solos y doloridos a sentarnos una hora debajo del árbol frondoso de la calle El Conde con Arzobispo Meriño. Era nuestro último homenaje de quien nos sentíamos discípulos. Allí presentí en silencio, que junto a nosotros estaba Don Miguel, y a pocos pasos sentado en su mesa de siempre con un cigarrillo entre los dedos y una tasa de café en los labios, estaba el otro Maestro ido: Chito Henríquez. Son terribles estas despedidas. ¡
Qué en Paz Descansen!


Thursday, December 27, 2007

MÁS ALLÁ DEL HECHO HISTÓRICO: LAS HERRAMIENTAS MEDIÁTICAS


Por: Kelvyn A. Mejía

La historia se escribe a partir de los hechos, afirman la mayoría de historiadores y amantes de Clío, la diosa del pasado social de la colectividad humana. Y hasta aquí sin dudas que el acuerdo entre colegas es unánime, pero el hecho no es mas que la espuma, olas en la superficie, que se producen por las interacciones de las profundidades. (Braudel, 1969). A estas interacciones le llamamos causas, y al estudio y metodología para abordarlas, interpretación histórica. Es aquí donde el acuerdo feliz entre los hijos de Clío llega a su final.

La discrepancia entre historiadores no es fruto del capricho. Al igual que en cualquier otra ciencia del grupo de las sociales el elemento subjetivo juega un papel de primer orden en la forma en que abordamos los hechos del pasado; Y no reconocerlo sería negar cuanto de nosotros forma parte de nuestra visión del pasado humano (Carr, 1961). Por esta causa, algunos nos sentimos atraídos por una u otra escuela de interpretación, Mientras que otros sencillamente niegan cualquier afiliación por no tomar ningún riesgo. Por su parte, los más optimistas piensan que se debe ser lo más objetivo posible, inclinándose inconscientemente a la escuela de Ranke, Langlois y Seignobos (1898) (contar las cosas tal y como sucedieron).

En lo que a mí concierne, siempre he sido un poco reaccionario en cuanto a aceptar las cosas sin buscar explicaciones. De lo contrario, no veo diferencia entre historia y literatura. Con esto reconozco que soy uno de esos atrapados por la subjetividad, de los comprometidos; no creo en nadie que no lo esté, así soy de radical. Es por esto que le asigno una importancia no determinista, si no de primer orden al factor económico como motor poderoso de los procesos sociales.

Algunos dirán, eso es demasiado simplista ¿Entonces, cual es el rol de los factores religiosos, culturales, los pensamientos idealistas, entre otros, en el desarrollo de las sociedades?, a esto contestaré, ellos juegan un gran papel. En las manos de las oligarquías locales son elementos sumamente poderosos y determinante en cualquier proceso social, especialmente como retranca del progreso y los avances de los pueblos.

Precisamente es aquí donde se encuentra el núcleo central de este articulo, más allá del Ser económico, los hombres en sus procesos de interacción social son influenciados por múltiples factores (religiosos, culturales, mentales, biológicos etc.), y los mismos, canalizados por los grupos de poder pueden ser utilizados como herramientas mediáticas en la consecución de sus propios intereses, los cuales generalmente son de tipo económico.

Un ejemplo palpable que ilustra nuestra posición son los procesos de independencia de los Estados modernos, en los cuales podemos ver sin mucha dificultad que en determinado momento los intereses locales se interponen a los de la metrópolis, ocasionando sistemáticos agrietamientos de los vínculos coloniales, hasta llegar a la ruptura. Pero cuando hablamos de intereses locales no necesariamente nos referimos a aquellos que benefician a las mayorías; generalmente esos intereses responden a los núcleos oligárquicos, quienes para legitimar sus aspiraciones utilizan diversos medios, medios tan poderosos que son capaces de colectivizar las individuales y dirigirlas hacia propósitos concretos.

Para sustentar esta afirmación, me permito citar al historiador francés, Pierre Vilar quien señala en este orden lo siguiente: “Los soldados creen que van a la guerra por la patria, en realidad lo hacen por los industriales. (Vilar, 1997).” Por supuesto que el fervor patriótico es clave en los resultados de las guerras. Este es un ejemplo típico de mediatismo, por que aquí se habla del patriotismo, un sentimiento muy individual; el hombre que se identifica con el espacio, con los símbolos del estado; pero que se vuelve instrumento de intereses grupales. ¿Como Explicar que el individuo llegue a hasta el punto de sacrificar su propia vida y la paz espiritual de los suyos?, simplemente porque la patria requiere el sacrificio de sus ciudadanos. La patria que se nos enseña a amar, a reverenciar como cosa sacrosanta, es la misma que se puede usar como instrumento mediático, cuando la coyuntura lo demande, y los grupos oligárquicos necesiten expandir su radio de acción en aras de sus propios intereses.

De forma similar sucede con la religión. Al proclamar la primera cruzada, el Papa Urbano, anima a los fervorosos creyentes con las siguientes palabras:


“Hablo a los aquí presentes, envío un mensaje a los que no están aquí; Es la voluntad de Cristo. A todos quienes acudan allá les serán perdonados sus pecados, si terminan una vida de cautiverio sea en tierra o cruzando el mar, o en la lucha contra los paganos. Yo, a quien Dios ha otorgado esa facultad, concedo ese perdón a los que vayan. (Winks, 2000).

Negar el papel de la fe en las guerras cruzadas como factor de primer orden sería necedad, pero de la misma manera negar que la iglesia dirigió y utilizó este recurso para su propio provecho sería miopía. La ciudad santa, necesita ser rescatada de manos impías, y los creyentes, por lo menos la mayoría de ellos, sienten la obligación de devolver parte del sacrificio de cristo; rescatando los lugares sagrados de manos de los musulmanes erécticos, y dar la vida por causa tan noble es un acto supremo. Esta es la parte emocional, los sentimientos individuales, que canalizados son imprescindibles en la causa de la iglesia y de los nobles europeos.

En este mismo orden, otro de los múltiples ejemplos a los que se puede acudir es el de la reforma protestante. Quien puede regatear el fervor religioso, las necesidades de cambios espirituales en una iglesia que se alejaba del ideal de los primeros creyentes. Hombres como: Juan Hus, John Wicliff, Martín Lutero entre otros. Sus aportes en el plano espiritual sirvieron para afirmar la fe de millones de creyentes, pero también sirvieron de herramientas a los príncipes europeos para librarse del yugo Papal y competir por las riquezas americanas contra el brazo armado del poder católico: El imperio Español.

Me gustaría retomar el análisis de los procesos independentistas para ampliar lo que venimos tratando, con la finalidad profundizar nuestro planteamiento. Por ejemplo, estudiemos algunas características de la independencia de los Estados Unidos de América.

El resquebrajamiento de los lazos entre las colonias norteamericanas y la metrópolis no se presentó de forma súbita como se pudiera pensar. Una serie de medidas fueron creando asperezas que después de un tiempo fueron imposibles limar, estallando como consecuencia brotes de insurrección.

Algunas de estas disposiciones y sus consecuencias fueron las siguientes:
1) En 1651 se establece el acta de navegación con el propósito de robustecer la marina y el comercio británico. Entre otras cosas establecía que el tráfico con las colonias debía hacerse solo en buques ingleses, tripulados por súbditos de esta nación.
2) En 1699 la woolen Act. Prohibió que las colonias exportasen lana.
3) 1732 se corta el cuantioso comercio de sombreros norteamericanos con Irlanda, España y Portugal.
4) En 1750 la industria del hierro también fue afectada considerablemente con medidas de tipo restrictivas.
5) La Molasses Act. Alzó los derechos de importación del azúcar y melaza que vinieran de las colonias holandesas y francesas.
6) La ley de Timbre. A diferencia de la ley del azúcar que afectaba solo a unos pocos mercaderes de Nueva Inglaterra, el impuesto sobre los materiales impresos afecto a todos los ciudadanos.
7) Se Restringió el plazo y la cantidad de papel moneda circulante en las colonias.
8) Se Prohibió a los colonos comprar tierra a los indios reservando ese derecho a la corona.
9) Mediante la Quartering Act. de 1765 los colonos quedaban obligados a dar alojamientos a los soldados ingleses.
10) La Ley del Té.

Dentro de las medidas señaladas considero pertinente referirme de manera particular a esta última. El té como Producto de primer orden en las costumbres astronómicas norteamericanas, se convirtió en un elemento de conflicto entre los comerciantes de las colonias y los exportadores de la metrópolis; puesto que los segundos corrían el riesgo de perder su producto de no lo colocarlo a bajo precio en el mercado de las colonias. La medida, aunque perjudicaba a una pequeña parte parte del comercio exportador, beneficiaba, por el factor costo, a una población altamente consumidora del producto. Entonces, ¿por qué la oligarquía importadora contó con un respaldo tan grande de la población común? Simplemente porque las herramientas mediáticas juegan un papel primordial en la movilidad de las masas; tan poderosas que es capaz de torcer voluntades individuales y de forma colectiva dirigirlas a determinados fines.

En el orden ideológico, la “Masacre de Boston,”es otro ejemplo de cómo los sectores de poder utilizan dichas herramientas. Este acontecimiento fue reproducido artísticamente por Paul Revere en un famoso grabado. El grabado de Revere sobre el enfrentamiento entre un grupo de ciudadanos de Boston y soldados británicos, es uno de los más celebres y apreciados por los norteamericanos. Este fue tan importante para la causa de independencia, que se usó como uno de los principales carteles de agitación y propaganda.

En dicho carter, se describen imágenes conmovedoras como es aquella en que se puede observar a un contingente de soldados británicos en posición de fusilamiento abriendo fuego contra un grupo de ciudadanos indefensos en las calles de Boston. Entre los masacrados se destaca en primer plano a Cripus Attucks, el primer negro en morir por la independencia norteamericana.

Quienes defienden la tesis subjetivista de que la revolución fue un asunto que se enmarca solamente dentro del idealismo mas puro, y ponen de lado otros asuntos mas terrenales pasan por alto el hecho de que resaltar en primer plano la muerte de Cripus Attuck como un mártir de color, perseguía la unidad coyuntural del pueblo norteamericano en un momento determinado de la historia. En estas circunstancias las clases dominantes utilizan los recursos ideológicos, religiosos, patrióticos y culturales para volver las masas contra el invasor extranjero.

Al respecto el historiador norteamericano Arthur M. Schlesinger,. sostiene que “Los comerciantes coloniales por causa de sus propios intereses en librarse de las políticas restrictivas del mercantilismo británico, impulsaron la resistencia norteamericana en las décadas de 1760 y 1770. (Brinkley, 2003)”.

En la declaración de independencia Thomas Jefersson escribe sobre los abusos, usurpaciones e injusticias del imperio contra los colonos americanos, pero de igual forma destaca que el Rey estaba mandando un “... enjambre de oficiales para acosar a nuestro pueblo y acabar con nuestro nuestro sustento.”

En este mismo sentido, la historiadora Adría Martí, en su artículo “Una revolución capitalista” afirma que:

“Fue el mercantilismo, la práctica que se llevó a cabo para realizar tal tarea. No es extraño que dirigiera sus miradas a la naciente patria americana. Desde que en 1607 desembarcara el primer buque inglés repleto de colonos, la historia de los moradores europeos en la otra orilla del Atlántico ha tenido terribles periodos, episodios durísimos que a menudo se olvidan, pero que lograron superarse gracias a la libertad y al capitalismo. Por tanto, no resulta extraño que la revolución americana esté planteada dentro de un contexto profundamente económico pues el capitalismo y la libertad son dos caras de una misma moneda y dos pilares fundamentales sobre los que se basaba el éxito americano hasta entonces. (Martí, 2005)”.

No cabe dudas que el factor económico desempeñó un papel fundamental en la independencia del primer país libre de América; esto se evidencia al identificar los grupos que participaron con un rol protagónico en este proceso: comerciantes, plantadores de Virginia, granjeros de Pensilvana, leñadores de Conneticut, marineros de Nueva Inglaterra, entre otros.

Los ejemplos antes expuestos son sólo pequeñas pinceladas que demuestran cómo el factor económico es capaz de mediatizar las aspiraciones y los sentimientos de los pueblos hacia fines determinados. Es por eso que desde el primer momento he sostenido que no creo en el determinismo económico, porque sería reducionismo, y en realidad, el ser humano es una suma de factores complejos, con los cuales se construye vida social. Pero no soy tan ingenuo como para desconocer el papel de primer orden de la economía en los procesos sociales.

Finalmente, sostengo que los grupos de poder en la consecución de sus propios intereses, son capaces de utilizar formas mediáticas, que incluyen la manipulación de los sentimientos, para a ser ver a las masas cierta afinidad entre sus intereses y los propios. Por consiguiente, no es extraño que se utilicen y exploten simbolismos como nuestra patria, nuestra religión, nuestra idiosincrasia, entre otras formas de mediatismos.

Bibliografía
1-Brinkley, Alan. Historia de Estados Unidos, un país en formación. México, MacGraw-Hill, 2003.
2-Braudel, Fernand. Historia y Ciencias Sociales. Madrid, Alianza, 1968.
3-Martí, Adría. “Una Revolución Capitalista”. (Articulo) 4-Philippe, Pierre. Las Alianzas de Clases. España, Siglo XXI, 1976.
5-Vilar, Pierre. Pensar Históricamente. Barcelona, Crítica, 1997.
6-Winks, Robin. Historia de la Civilización, de la prehistoria a 1647. México, Pearson, 2000.

Sunday, December 16, 2007

PUESTA EN CIRCULACIÓN LIBRO DE GENARO RODRÍGUEZ MOREL





PALABRAS DE RAYMUNDO GONZÁLEZ EN LA PUESTA EN CIRCULACIÓN DEL LIBRO CARTAS DEL CABILDO DE SANTO DOMINGO (SIGLO XVII), POR GENARO RODRÍGUEZ MOREL.

(En las fotos: 1) el autor, 2) Roberto Cassá, Raymundo González y el autor, y 3) Raymundo González)

Raymundo González

(Historiador dominicano, miembro de la Academia Dominicana de la Historia y asesor del Archivo General de la Nación)

Buenas noches, damas y caballeros, amigas y amigos: Después de casi una semana de lluvias intensas con lamentables secuelas de pérdidas humanas y materiales, poco a poco nos disponemos a retomar el ritmo cotidiano de las actividades académicas, aunque no podemos menos que sentirnos apesadumbrados y en el deber de expresar nuestra solidaridad con tantas familias que han sufrido los embates de la tormenta que apenas hace algunas horas ha dejado de afectar el territorio nacional.

Toca esta noche presentarles una nueva colección de documentos editada por el Archivo General de la Nación en colaboración con esta Academia Dominicana de la Historia que ha sido preparada por Genaro Rodríguez Morel, académico residente en España, quien formó parte de la comisión de historiadores dominicanos dirigida por fray Vicente Rubio, O.P., en los cuatro años previos a la efeméride del quinto centenario del descubrimiento colombino, y en la cual tuve la honra de acompañarles. Le agradezco además a Genaro por la invitación que me hizo para presentarles este libro.

Brevemente me referiré primero a aspectos formales de la colección y luego a al contenido del estudio preliminar que lo encabeza.

La obra que hoy se pone a circular es rigurosamente la continuación de otra del mismo Genaro Rodríguez, publicada en 1999 por el Patronato de la Ciudad de Santo Domingo, cuyo título, Cartas del Cabildo de Santo Domingo (siglo XVI), me exime de mayor justificación.

El nuevo tomo de Cartas del Cabildo de Santo Domingo en el siglo XVII contiene 118 documentos procedentes del Archivo General de Indias, en Sevilla, en su mayoría cartas, memoriales y probanzas fechados entre 1580 y 1691, enviados al monarca castellano, como cabeza del imperio español a ambos lados del Atlántico (más las Molucas y Filipinas en el sur de Asia).

Rápidamente llama la atención, a través del índice de los documentos, que hay tres de ellos que no están fechados en Santo Domingo: el primero es una real cédula de Madrid, del 25 de julio de 1583, que va adjunta al documento anterior, una carta del procurador de la ciudad (Lic. Leguizamon) fechada en diciembre de 1589; el segundo es una carta del Ayuntamiento de la villa de la Yaguana, copia de la cual fue remitida al Cabildo de Santo Domingo; y el tercer documento es una carta del procurador de este mismo cabildo enviada desde Sevilla.

También resultan llamativos los límites cronológicos del siglo XVII, que el historiador ha colocado fuera del los guarismos aritméticos. Más bien nos plantea la existencia de una unidad histórica de los procesos sociales que arrancan hacia 1580 y que se extienden hasta 1691, como veremos más adelante. Esta flexibilidad es una señal de que la cronología abarcar procesos históricos y no sólo realizar un corte temporal sin significación social, como se advierte en el hecho de que la primera fecha señala, como veremos más adelante, un precedente poco conocido de las llamadas “devastaciones” y el año 1691 constituye la culminación de los enfrentamientos en la frontera a lo largo del siglo XVII, con la derrota de los franceses en la batalla del 21 de enero en Sabana Real de la Limonada.

Salvo por algunas cartas iniciales, el autor ha organizado en orden cronológico los documentos (incluyendo dos cartas sin fechar que han sido intercaladas en los años 1607 y 1609, respectivamente), lo que permite una lectura en su contexto sobre cómo evolucionaron las preocupaciones del Cabildo a través del tiempo. En estas cartas se plantean los puntos de vista del Cabildo, Justicia y Regimiento de la capital más antigua de los reinos de Indias, con respecto a muchas cuestiones de gobierno y administración. Algunas de ellas eran conocidas por algún fragmento citado en distintas obras de quienes habían podido acceder a ellas en el Archivo General de Indias. Ahora, gracias a esta compilación de Genaro Rodríguez, podemos contar con los documentos completos y con una transcripción paleográfica confiable. Además, el autor ha incorporado un índice general y ha preparado los índices correspondientes a nombres de personas y materias que facilitan la consulta de los mismos.

Por último, otro aspecto, ya de carácter editorial, se refiere a la procedencia de los documentos transcritos. A partir del estudio preliminar se puede colegir que las cartas aquí referidas corresponden a los legajos de la Sección V del Archivo General de Indias, en particular: Santo Domingo 73, 91, 92, pero sólo de un modo genérico para la mayoría de los casos. Por eso añadir a cada una de las transcripciones su signatura archivística no sale sobrante.

Lo que sí resulta ocioso es encarecer la importancia de esta colección de documentos del cabildo de Santo Domingo, pues ya todos sabemos que el archivo de nuestra ciudad capital aparte de encontrarse en condiciones desastrosas, apenas conserva algunos documentos del siglo XIX, y el más antiguo de todos es el libro de propios de la ciudad, de finales del siglo XVIII, llamado también Libro Becerro del Ayuntamiento (1786), el cual se da por desaparecido desde hace ya dos décadas. De esta forma, los dos tomos de documentos del cabildo de Santo Domingo publicados por Genaro Rodríguez forman, pues, un aporte invaluable que debemos tratar como un tesoro.

Paso de inmediato a referirme al contenido del estudio del autor.

La corporación dominicopolitana, como bien señala Genaro Rodríguez, reunía a los principales o notables de la ciudad, los “patricios” o “aristócratas” (cuyo reverso era la plebe), los cuales desde mediados del siglo XVI se habían enquistado en el dicho Cabildo, adueñándose del principal medio de representación política a que tenía alcance el grupo económicamente poderoso de la capital, resuelto a defender y gestionar sus intereses privados. A dicha corporación le imprime este último grupo un sello de clase, que resalta en todo momento el autor. En este libro la vemos confrontando los intereses monopólicos de los comerciantes Sevillanos, pero también enfrentando el desarrollo de otras ciudades que podían hacerle competencia, así como también solicitando gracias y mercedes para facilitar o expandir sus negocios.

Como en la ocasión anterior, cuando en la introducción al primer volumen de cartas realizó un estudio de los conflictos entre los diversos sectores dominantes de la colonia, Genaro Rodríguez aprovecha la presentación de los documentos para darnos un agudo examen de la sociedad en la que se enmarcan las cartas que integran la colección.

El estudio titulado “La crisis del sistema colonial español. (Las despoblaciones de 1580 y 1605)” nos proporciona un marco general de interpretación de la sociedad colonial de La Española, a través del análisis de cuatro aspectos precedidos de un acápite de antecedentes del período. Estos aspectos son: a) contrabando y repoblación; b) las despoblaciones y la quiebra de la plantación esclavista; c) efecto demográfico de las despoblaciones, y d) el “criollo” en la composición social dominicana.

En los primeros tres análisis el autor aporta datos que modifican la visión sobre los hechos que hasta ahora teníamos: en particular al señalar el traslado voluntario, aunque luego revertido tras su fracaso, de las poblaciones de Montecristi y Puerto Real a la nueva población de Bayahá. Hecho que ocurrió en el año 1580, y en el que apenas había reparado la historiografía. Asimismo, los cambios demográficos que tuvieron lugar internamente, poblándose las áreas costeras del norte y oeste de la Isla en detrimento de la capital. Y el desenvolvimiento de los grupos dominantes criollos en abierta desobediencia a las autoridades coloniales, que hicieron expresar a uno de estos vecinos acaudalados que “no conocía al rey y que ellos eran los reyes y los jueces en aquellas tierras” (apud, Rodríguez 2007: 20). Esto sucedía mientras se incrementaba el comercio intérlope de mercaderías con naves francesas y holandesas, la primera nación enemiga de España y la segunda una provincia en rebeldía del imperio español. La descomposición de la plantación azucarera, habría dado paso a una economía de medianos y pequeños productores de jengibre; dicho en otras palabras, durante los 25 años que cubre el período de referencia del estudio la colonia española se convirtió de una sociedad esclavista a una sociedad con esclavos. En todas estas vueltas de la historia de la colonia el Cabildo capitaleño tiene un papel destacado: lo vemos alternativamente aliado a los contratadores o rescatadores junto a los oidores y el clero, contra el presidente-gobernador y, en otro momento, lo vemos en competencia con los cabildo de los puertos pujantes de la costa noroeste de la Isla, aliados entonces al fiscal (el oidor más joven de la Real Audiencia) y al presidente-gobernador. Lo vemos reclamando el comercio libre frente a la corona con el pretexto de evitar la despoblación de la Isla. En todos los casos, siempre enarbolando los intereses privados de los grupos de poder encumbrados en el Cabildo de la ciudad capital.

De todos los aspectos examinados en el estudio introductorio quizás sea el último, que se ocupa del criollo en la composición social dominicana, el que se presta a mayores debates; a nuestro entender, aunque se esbozan varias líneas de búsqueda (como la sugerente cuestión de la patria criolla y la mestización de las milicias que defendían la Isla de los ataques enemigos), apenas está planteada la cuestión en este escrito. Pero como de costumbre el autor presenta su punto de vista a base de inferencias a partir de aportes documentales que lo hacen acreedor, a nuestro juicio, de nuevos análisis y más discusión.

Gracias al esfuerzo investigativo de Genaro Rodríguez y al auspicio del Archivo General de la Nación y de esta Academia, recibimos una nueva contribución documental para ampliar los horizontes de nuestro conocimiento del pasado colonial: Una oportunidad más para penetrar en la investigación de este período que merece mayor atención de nuestros estudiosos. Nuestro agradecimiento a todos, y en especial a su autor, por esta oportuna y a su vez valiosa contribución. (Santo Domingo, 1° de noviembe de 2007).

Wednesday, December 12, 2007

MUERE EL HISTORIADOR CHITO HENRÍQUEZ



FALLECE EL HISTORIADOR FRANCISCO HENRÍQUEZ VÁSQUEZ


(La Academia de la Historia lamenta fallecimiento de Francisco Henríquez Vásquez (Chito Henríquez). Nació en la ciudad de Santo Domingo el 9 de mayo de 1917. Cursó estudios de Derecho en la Universidad de Santo Domingo entre los años 1939 y 1944, obteniendo el título de Doctor en Derecho con la tesis de grado (1945) titulada "Las Reformas Constitucionales en la República Dominicana".

SANTO DOMINGO, República Dominicana (20 octubre 2007).-La Academia Dominicana de la Historia informó del fallecimiento del historiador doctor Francisco Henríquez Vásquez, académico de número. Henríquez Vásquez murió alrededor de las ocho de la mañana del lunes en la Clínica Corazones Unidos, a causa de quebrantos de salud. Tenía 90 años de edad.


Ocupaba el sillón H de la Academia Dominicana de la Historia y su muerte ha causado un profundo pesar entre los académicos, historiadores que lo conocían por sus numerosos aportes a la historia y la lucha contra la tiranía trujillista.


Henríquez Vásquez nació en la ciudad de Santo Domingo el 9 de mayo de 1917. Cursó estudios de Derecho en la Universidad de Santo Domingo entre los años 1939 y 1944, obteniendo el título de Doctor en Derecho con la tesis de grado en 1945 titulada "Las Reformas Constitucionales en la República Dominicana".


Viajó a Cuba en los años 1938 y 1941 participando en el proyecto del Partido Revolucionario Dominicano y en la aprobación definitiva de su doctrina. Participó en el año 1942, junto a un grupo de luchadores contra la tiranía trujillista en la fundación del Partido Democrático Revolucionario Dominicano (PDRD).

Redactó junto a Pericles Franco del manifiesto de ese partido, llamando a la formación de un Frente Nacional de Liberación, para combatir la tiranía trujillista. Fue detenido en 1944 cuando organizó el congreso del PDRD y al ser detectado el manifiesto, y nuevamente en 1945 pero fue enviado a la frontera donde fue conminado a escribir obras elogiosas al régimen, lo que provocó su asilamiento en la embajada de Venezuela y su posterior salida al exilio.


Se incorporó en el movimiento expedicionario de Cayo Confites, y cuando fue disuelta fue hecho prisionero en el Campamento de Columbia en La Habana, como oficial del batallón Sandino. Durante los 14 años de exilio, hasta la ejecución de Trujillo en 1961 militó en el Frente Unido de La Habana.


Después de la desaparición de Trujillo intentó reintegrarse al país, siendo deportado tres veces por los Consejos de Estado de Balaguer y Bonnelly a Jamaica, Martinica y Francia. En el 1966 se reintegró de nuevo al país ingresando a la Universidad Autónoma de Santo Domingo como profesor de las cátedras de Teoría de la Historia, Historia Dominicana e Historia de América. En 1968 fundó y organizó el Departamento de Historia y Antropología de la UASD.


También fundó y organizó el Museo Nacional de Historia y Geografía, en cuya dirección estuvo en los años 1975 al 1981. Fue vicepresidente de la Academia Dominicana de la Historia.


Entre sus ponencias y artículos se encuentran: "El proceso de formación nacional, problema capital de nuestra historia", "El nacionalismo dominicano y la solidaridad con Haití"; El factor multirracial en la formación nacional dominicana", "El ejército libertador de la Primera República"; Cayo Confites: Auge, agonía y muerte de una expedición contra Trujillo", entre otros. (Tomado de http://www.clavedigital.com/)

Tuesday, December 04, 2007

DICTADURA O DEMOCRACIA: DOMINICANA





Dictadura o Democracia: El dilema permanente de nuestra historia política

Por: ORLANDO OBJIO

(Reflexión sobre nuestra Cultura Política Autoritaria, tema que fuera objeto de estudio en una reciente investigación publicada de la autoría de Orlando Objío y Jacqueline Álvarez)

(Orlando Objío, sociólogo, abogado, maestría en Historia Dominicana, catedrático de las Escuelas de Historia, Filosofía, y Sociología de la Univerisidad Autonoma de Santo Domingo (UASD). Ensayista, ha abordado diversos tópicos: Misoginia y Cultura, Escuela e Inquisición (un texto que analiza la oposición de la iglesia y el estado a la revolución educativa hostosiana), la problemática de la explotación de la fuerza de trabajo haitiana por el capital azucarero, la identidad nacional del haitiano que nace fuera de Haití, el caudillismo, la cultura política autoritaria dominicana y la cuestión religiosa, entre muchos otros. El materialismo científico: materialismo histórico –metodológico y filosófico es la perspectiva analítica desde la cual enfoca los asuntos que estudia. Prepara la publicación de sus ensayos).

(Reflexión sobre nuestra Cultura Política Autoritaria, tema que fuera objeto de estudio en una reciente investigación publicada de la autoría de Orlando Objío y Jacqueline Álvarez Dictadura o Democracia: El dilema Permanente de nuestra Historia Política).

Este dilema- Dictadura o Democracia - es una cuestión que se presenta temprano en el proceso histórico de constitución de las naciones latinoamericana, el pensamiento político de Bolívar, formado al calor de la guerra de independencia, constituye el reflejo clásico de esta situación, él pensaba que: “No sólo los gobiernos…sino los mismos pueblos suscitan el despotismo”1. Entendía que, como consecuencia del régimen colonial, el pueblo no estaba preparado para aceptar la libertad: “La libertad es un alimento de difícil digestión”. (P.297) y que: “En cuanto al gobierno o a la administración del Estado estábamos fuera del mundo”. “En todo lo referente a los asuntos públicos fuimos dejados en una infancia perpetua”. (P.214).

Con esa concepción Bolívar elabora dos ideas, la primera sobre la necesidad de un gobierno fuerte, paternalista, centralizado y estable que dirigiese a las naciones latinas nacientes, él mismo asumió la condición de dictador. Ahora bien; bajo la práctica de libertad sin licencia, autoridad sin abuso. Bolívar asume esta idea partiendo de la concepción de que el pueblo no estaba preparado para la democracia, en La Carta de Jamaica sostuvo: “Mientras nuestros compatriotas no adquieran el talento y las virtudes que adornan a nuestros hermanos del Norte, un sistema democrático radical, lejos de beneficiarnos, nos traerá la ruina. Desgraciadamente, no poseemos esos rasgos”. (P.225)Según él, en síntesis, el factor humano-social, no poseía aptitud civil para la democracia: “No estamos preparados para vivir en este estado (…) Nuestra condiciones morales no se adecuan a la política”. (P.298).

Al despotismo español debía seguirle el despotismo de una élite (Senado hereditario, Presidencia vitalicia) moral y política: “Los Estado americanos necesitan de los esfuerzos de gobiernos paternalistas para restañar las heridas y curar las cicatrices dejadas por el despotismo y la guerra”. (P.225) Bolívar aspiraba la unidad política interna más que la libertad política interna. Bolívar repudiaba la forma monárquica y la anarquía interna.
La segunda idea es la del senado hereditario, Bolívar planteaba un gobierno republican, centralizado, soberanía popular, división de poderes, libertad civil, abolición de la esclavitud y exterminio de la monarquía y de sus privilegios: “El gobierno de Venezuela fue republicano y debe ser republicano. Sus bases deben ser la soberanía popular, la división de poderes, la libertad civil, la abolición de la esclavitud y el exterminio de la monarquía y de sus privilegios”. (P.299) Bolívar creía en la nación, no en las masas “era un demócrata jerárquico y autoritario”, no asumió la ideología democrática de la igualdad político-jurídica universal del hombre. Para él la élite criolla debía seguir gobernando mediante el senado hereditario: “Aquí está el punto flaco del pensamiento de Bolívar. Este senado no podía conciliar don los principios democráticos”. (P.300)

El senado hereditario fue un error de Bolívar, resultado de la evolución histórica del pueblo y de su condición de clase, constituye una contradicción con su pensamiento de republico que repudia la monarquía. El republicanismo no compagina con el senado hereditario ni con la presidencia vitalicia: “Su idea de tal senado se oponía a uno de los principios fundamentales de la democracia: la selección de los más aptos. La democracia no puede tolerar la escuela de líderes ni la creación de jerarquías…Su propuesta fue rechazada en todas las naciones sudamericanas”. (P.301)

José Martí, mucho tiempo después que Bolívar, en su famoso texto Nuestra América (1891), también se preocupa por la forma de gobierno que ha de regir los destinos de “nuestras dolorosas repúblicas americanas”. Martí parte de la premisa de que “la constitución jerárquica de las colonias resistía la organización democrática de la República”2. A su modo de ver: “El problema de la independencia no era el cambio de formas, sino el cambio de espíritu” (P.484) cambio en los hábitos y las ideologías “la colonia continuó viviendo en la república”, con esa visión histórica sobre nuestra América plantea una tesis inspirada en Montesquieu: “El gobierno ha de nacer del país. El espíritu del gobierno ha de ser el del país. La forma de gobierno ha de avenirse a la constitución propia del país. El gobierno no es más que el equilibrio de los elementos naturales del país” (P.482) Para él el arte de gobernar reside en conocer al “hombre natural”, es decir “Conocer el país3, y gobernarlo conforme al conocimiento, es el único modo de librarlo de tiranías” (P.483) “Las repúblicas ha purgado en las tiranías su incapacidad para conocer los elementos verdaderos del país, derivar de ellos la forma de gobierno y gobernar con ellos. Gobernar en un pueblo nuevo, quiere decir creador”4 , “las formas de gobierno de un país han de acomodarse a sus elementos naturales” (P.485). La posición de Martí es la mismo de Bolívar, la inadecuación de los modelos democráticos de Europa y los Estados Unidos “en las comarcas burdas y singulares de nuestra América mestiza, en los pueblos de pierna desnuda y casaca de París, la bandera de los pueblos nutridos de savia gobernante en la práctica continúa de la razón y de la libertad” (P.483) lo que pasa es que el hombre natural/el pueblo natural/la nación natural se resiste a estos modelos importados: “el libro importado ha sido vencido en América por el hombre natural. Los hombres naturales han vencido a los letrados artificiales. El mestizo autóctono ha vencido al criollo exótico. No hay batalla entre la civilización y la barbarie, sino entre la falsa erudición y la naturaleza”. (P.482)

En nuestro país ocurrió algo similar, en 1844 Santana impuso el famoso artículo 210, el cual institucionalizaba una dictadura constitucional. El referido artículo establecía: “Durante la guerra actual y mientras no esté firmada la paz, el Presidente de La República puede libremente organizar el ejército y armada, movilizar las guardias nacionales y tomar todas las medidas que crea oportunas para la defensa y seguridad de la Nación; pudiendo en consecuencia, dar todas las ordenes, providencias y decretos que convengan, sin estar sujeto a responsabilidad alguna”.5 En la intelectualidad6 dominicana ha predominado la concepción pesimista, según la cual el pueblo dominicano sólo sirve para ser gobernado bajo la dictadura. Hostos anota nuestra inclinación histórica al autoritarismo, en su parecer “el dominicano es un pueblo que tiene el hábito de someterse a los mandatos de la fuerza bruta, y acaso mas que nada por la misma fatalidad de su estado social, no hace nada por salir de su marasmo.”7

Bonó, estimaba, que “(...) la sociedad dominicana fue organizada para el despotismo (...) tendremos mal que nos pese rebeliones y más rebeliones, dictaduras y más dictaduras.”8 Entendía que la dictadura era “el remedio universal a que han apelado pueblos y gobiernos en las horas supremas de su existencia, los nuestros no se prestan para otro. Debe agregarse que las clases que dirigen han perdido el prestigio para la forma republicana, y las otras no han podido aun adquirir las cualidades que afirmen definitivamente el que les pertenece”.9José Ramón López, importante pensador, su obra lo perfila como sociólogo, en su análisis de la relación Estado-Sociedad precisa: “(...) la dureza de lo positivo actual; que ninguna sociedad puede constituirse sino en la forma que resulte del estado de cultura de sus miembros; y que no hay poder humano capaz de hacer efectivos en un pueblo atrasado los principios de la democracia verdadera”.10 Su enfoque de la sociedad dominicana, de su historia parte de régimen colonial, allí encuentra la causa básica del “convulsionismo” que caracteriza la historia política nacional. El permanente estado de “crisis guerreras” justificará, en la perspectiva de López, el Estado autoritario: “¿En nombre de la libertad se nos va a dejar a merced de las turbulencias, de los excesos y desbordamientos de los partidos y de los sectarios, se nos va a dejar expuestos a que un exaltado furibundo empuñe el truculento encabado y nos ajuste dos hilvanes o cuanto les venga en gana?”.11Se plantea sacrificar la libertad, en beneficio del orden y el progreso: “Hay tiempos en que las fuerzas morales tienen virtualidad suficiente para la garantía de la sociedad; pero hay otros, esos que fíjate en la Virgen y no corras.... y a Dios rogando, y con el mazo dando en los cuales es preciso tener lista la fuerza material, tener en la mano la mecha de los cañones encendida y mantener estos bien cargados”.12

La propuesta autoritaria es clara y precisa: “Aquí (…) es de imperiosa necesidad un régimen en el cual las medidas económicas sean constantes y de primordial importancia sobre todas las demás, y se vean permanentemente apoyadas, mientras no se acabe de realizar la evolución, por medidas de fuerza bien calculadas y efectivas”.13

Esa propuesta descansa en la visión de que el pueblo es inferior y revolucionario, para López la masa campesina-popular desprecia el orden democrático:“(…) Hay motivos permanentes para que el pueblo odie la organización social y política de la República Dominicana y, con la imprevisión de los desesperados, ansíe destruirla sin tener preparado algo mejor con qué reemplazarla”.14Se trata de un análisis que enfatiza la tesis de que la mentalidad dominicana favorece el orden despótico: “(…) Los dominicanos no odiamos sino que envidiamos la tiranía. Sinceramente muy pocos quieren que las tiranías desaparezcan. Lo que ansían es que la tiranía quede al arbitrio de ellos (…) ¿qué hay de extraño en que los hombres no quieran encontrarse fuera de ella?”15La preferencia por un orden despótico que garantice el orden y el desarrollo económico, es una premisa fundamental en el pensamiento social dominicano: “(…) preferiría una tiranía sería y de buena voluntad, a una de estas repúblicas de mentirillas que hemos tenido. Repúblicas sin libertad y sin decoro, repúblicas que no llenan el fin de que sus ciudadanos sean felices, porque ninguno tiene su problema económico resuelto”.16

En el siglo pasado, Moscoso Puello, en sus famosas “Cartas a Evelina”, también asienta la tesis que se expone: “Este país, no tiene todavía, y algunos afirman que no tendrá nunca, educación cívica suficiente para vivir una vida de libertad y honestidad. Aquí se juega a gobierno. No tenemos ciudadanos. Las dos terceras partes de la población está constituida por campesinos completamente ignorantes, cuya mentalidad no ha avanzado gran cosa desde la conquista. La otra tercera parte está formada por hombres de mediocre ilustración y corrompidos, que adolecen de las taras que nos legó la escoria de los conquistadores y de otras razas inferiores. No hay, pues, elementos para establecer un régimen político avanzado de acuerdo con la hora de progreso que vive el mundo. Después de la independencia, se ha debido hacer una campaña para enseñar al pueblo, para elevar su nivel intelectual, para homogenizarlo, desde el punto de vista etnológico. Esta campaña fundamental está por hacerse. Una cruzada por la instrucción, una guerra sin cuartel al analfabetismo ha debido hacerse sistemáticamente. Pero se ha hecho lo contrario. Se ha dejado al pueblo en la más crasa ignorancia, sin duda, con el propósito criminal de explotarlo, de manejarlo libremente”17.

Américo Lugo, asume los dos argumentos fundamentales de la ideología colonialista: Negación de capacidad política a los dominados-explotados y el racismo. El punto de partida de su enfoque es el de que el pueblo dominicano no es una nación y consecuentemente tiene muy poca actitud política, para el Estado para Lugo “el pueblo es incapaz de gobernarse”.18 Sobre ese cuerpo ideológico, herencia colonial, elaborará la tesis del “Despotismo ilustrado”. En ésta serán factores antropológicos, geográficos, e históricos los que justificarán su propuesta de un dominio despótico ilustrado. En lo étnico, piensa Lugo, he aquí la presencia de racismo, que el pueblo dominicano es tan mezclado, el mulato es la variedad predominante y constituye hoy el elemento criollo por excelencia, por lo tanto, a ese pueblo hay que introducirle elementos étnicos superiores, hay que transfundirle nueva sangre: “La inmigración tiene aquí la importancia de los cimientos en el edificio”.19

En 1964, Juan Bosch inicia la revisión de su pensamiento político, escribe dos libros fundamentales: Crisis de la Democracia de América en La República Dominicana (1964) y Dictadura con Respaldo Popular (1971), en ambos textos se reconoce el fracaso del sistema social, económico y político. Este es el punto de partida para proponer “una revolución antioligárquica”, la Dictadura con Respaldo Popular, esta sería una nueva forma de Estado. Esta propuesta parte del fracaso del sistema social, no de la incapacidad política del pueblo dominicano, por lo tanto se inscriben la perspectiva de Martí. En el análisis de Bosch el fracaso y la inadecuación de la democracia en nuestros pueblos justifican el planteamiento de una dictadura, sólo que con respaldo popular.

Recientemente Claudio Caamaño denunció la existencia de una conspiración militar para asaltar el poder, lo cual pone sobre el tapete el dilema de: ¿Democracia o Dictadura? A partir de aquí podríamos analizar la cuestión revisando la relación entre sociedad y cultura política, lo que haremos formulándonos varias preguntas: ¿Qué es la cultura política? La cultura, en términos generales, es todo lo que el hombre hace, ya sea material o inmaterial. La cultura define un modo de vida de una determinada comunidad, determina los patrones conductuales, esto es, la forma de comportarse de la gente. La cultura condiciona la identidad, la manera de ser, los valores. Cultura política, entonces, es la forma específica, concreta de hacer la práctica política-estatal que un pueblo ha construido a lo largo de su desarrollo histórico. Hablamos de un “modo de vida político”, o sea, que así como existe una cultura culinaria, urbana, rural, musical, por ejemplo, también los pueblos tienen una cultura política, en conformidad con su identidad nacional.

¿Por qué que la cultura política dominicana es autoritaria? En un estudio psico-histórico realizado por nosotros, conjuntamente con Jacqueline Álvarez, hemos encontrado que el dominio colonial español, la doble esclavitud aborigen-negra, el largo predominio del autoritarismo estatal, son factores objetivos del proceso histórico nacional, que han determinado la conformación de una personalidad nacional autoritaria, esto es, tenemos en el “yo social/colectivo”/el carácter dominicano una fuerte proclividad hacia la aceptación de la dictadura como forma de dominación política, ansiamos al líder fuerte, la mano dura que nos gobierne, pensando erróneamente que impondrá el orden y todo se arreglará. Si realizáramos un simple sondeo de la historia social y política dominicana, encontraremos que el despotismo, el terror, el crimen, los fusilamientos, la corrupción, la anarquía caudillista, la esclavitud, históricamente la forma más bárbara de explotación del hombre por el hombre, el racismo, la pobreza estructural permanente, la debilidad institucional, la dominación colonia desde 1492 hasta hoy, han sido la norma, lo cotidiano. Ese proceso histórico es el que ha provocado que el pueblo dominicano haya terminado socializándose bajo formas extremas de violencia.

La Cultura Política Autoritaria Dominicana está bien documentada, en referencia a la preferencia del pueblo por un gobierno de mano dura, encontramos que para 1994 el 44.5% de la población prefería como gobernante a un líder fuerte, esta preferencia aumentó: 46.4%(1997), 50.4%(2001), 54.7%(2004). En mayo/2006 se publicó una encuesta cuyos result5ados indican que el 82% de los dominicanos prefiere un gobierno de mano dura. En el periódico Listín Diario, junio/20/07, Yaqui Núñez del Risco, en su columna Hola Nuevo Día, alarmado se refiere a una encuesta radial en la salió a relucir que un “alto porcentaje de la población (…) dice: aquí lo que hace falta un Trujillo”. Hace poco se puso en circulación un interesante estudio sobre la cultura democrática en La República Dominicana, en el que se revela que la democracia es un concepto vacío para el 37.1% de la población. En síntesis, para esta gente la democracia:”No tiene ningún sentido”20.

La misma fuente anteriormente citada, Barómetro de las Américas, en un estudio reciente, octubre/2007, sobre la democracia, realizado en 21 países, de América Latina, revela que la mitad los latinoamericanos apoyaría un golpe de estado militar. Los factores que justifican el apoyo a un régimen militar como forma de gobierno son: la violencia criminal (inseguridad ciudadana), la corrupción, las protestas, la inflación y el desempleo. Ordenados en una escala de 0 a 100, tenemos el siguiente cuadro.

Índice de apoyo a un gobierno militar en América Latina, según factores

La Violencia Criminal 50.2%
La corrupción 45.3%
Las Protestas 27.3%
La Inflación 27.0%
El Desempleo 21.0%

El estudio que sirve de base a estos datos, también nos informa respecto de la confianza que tienen las instituciones sociales, este es el resultado:

Índice de apoyo a las instituciones sociales en América Latina
La Iglesia 68.7%
Las Fuerzas Armadas 60.0%
Los Parlamentos 43.8%
Los Partidos 34.7%

¿Cómo se manifiesta esta cultura política? Se manifiesta diariamente de infinitas maneras: en la aceptación servil de la autoridad, el jefe, todavía se nos detiene por revelarnos contra la autoridad, aquí el presidente es “El Manda Má/Ley Batuta y Constitución”, la guardia manda. Autoritarismo hay en el machismo, en nuestra cultura de la pobreza, en el cristianismo predominante, en la relación con el agente de tránsito, en el aula, en la familia (relación marido-mujer, padre -hijos). En fin, el autoritarismo lo tenemos hasta en la sopa. Sus fundamentos sociales, históricos son la dominación colonia, la doble esclavitud de la que emerge la masa del pueblo dominicano, la miseria extrema en que siempre ha vivido el pueblo, el caudillismo, el racismo, el desempleo estructural, el empleo público es inestable, nadie lo tiene segur y se consigue como una dádiva del partido de turno. Por último, la corrupción, en la que hemos alcanzado una situación alarmante: aquí se roba públicamente y con impunidad, los ladrones son grandes líderes y señores (presidentes, legisladores, síndicos, religiosos, generales, comerciantes, industriales, inversionistas extranjeros), vivimos bajo la cultura de la corrupción, socialmente la practicamos y la aceptamos, el que va al estado y no roba se le considera un pendejo.

¿Existe en el país alguna posibilidad de un gobierno de mano dura, de una dictadura? Siempre existe la posibilidad de que ocurra un determinado evento, la posibilidad, como tal, nunca puede ser negada. Por otro lado, el científico social no adivina el futuro; sin embargo, estamos viviendo en un estado de cosas que no satisface la más elemental necesidad social de agua, luz, educación, salud, empleo, seguridad ciudadana y un largo etcétera, que ha provocado que todavía tengamos que pensar permanentemente en “La Vigencia del Fantasma de Trujillo”. En síntesis, dentro de un marco de corrupción y de un “Estado fallido”, en el que el 57% de la población aspira irse del país, para poder vivir decentemente, es esta realidad la que nos permite comprender la existencia de un nuevo generalato militar que brega por la presidencia de La República con una candidatura, la de Pedro de Jesús Candelier, quien abiertamente se propone hacer un gobierno de mano dura, y que, según una encuesta, tiene el 11.8% de aceptación en la población, lo que lo sitúa, entre los posibles candidatos de la llamada cuarta vía, como el quinto candidato de mayor popularidad. Realidad que nos explica, también, la posibilidad de un golpe de estado, según lo denunciara Claudio Caamaño.

Ahora bien, si bien es cierto que en el país están dadas las condiciones para que alguien pueda pensar que el modelo democrático está agotado y arriesgar una intentona golpista, no obstante, creo que en términos generales no están dadas las necesarias condiciones políticas nacionales e internacionales para que prospere aquí una dictadura. No existe una situación de confrontación política que demande un gobierno militar y, en lo internacional, ya no hay guerra fría.

¿Cómo podemos cambiar esta cultura política autoritaria? El cambio es la clave fundamental del universo, todo cambia. Toda cultura es única e irrepetible. La cultura cambia a partir de los cambios básicos que históricamente sufre la sociedad, aludimos al cambio tecnológico, demográfico, institucional, ideológico, educativo y, sobre todo, al cambio económico. Urge que el sistema educativo forme las nuevas generaciones en valores democráticos, que contribuya en la formación de una conciencia ciudadana liberal, Se precisa, también, de cambios institucionales, por ejemplo, convertir a la policía de nacional en un cuerpo civil y municipal, que funcione desligada de las fuerza armadas, y a estas terminar de someterlas al poder civil, y separar estado e iglesia. La cultura democrática comienza a sentirse en el país desde 1822, y se afianza con el pensamiento de Duarte, es, no obstante, una cultura dominada, es la contra cultura. El reto de hoy es hacerla predominante, pero para lograrlo se precisan cambios profundos, el primero y más importante es eliminar la corrupción. En la realidad coexisten dos culturas, la democrática y la autoritaria. La cultura política democrática brega por aumentar su espacio de aceptación social, un buen ejemplo lo brindó recientemente Emigdio Valenzuela 21, con su renuncia irrevocable a la comisión de la liga de béisbol, porque esta aprobara una resolución que, según su entender, viola la constitución y los derechos humanos, son escasos los ejemplos, pero mil millas se comienzan a caminar con el primer paso.

TERCRA PARTE: LA IDEOLOGÍA DE PODER AUTORITARIO

Nota: Texto no terminado en lo teórico- metodológico, lo presento como una reflexión a compartir, por lo tanto abierto a las sugerencias y observaciones.

Presentación

El proceso político reciente ha puesto sobre el tapete la cuestión de la participación política del intelectual. Esta categoría social difusa no expresa los intereses de una clase social específica, sino que pretende defender los valores universales de la razón, la verdad y la justicia. Pero estos valores adquieren su verdadera dimensión cuando son analizados a la luz de una praxis política concreta. El intelectual aislado, visto como ente individual e independiente, representa muy poco. Es en el contexto de una determinada situación histórica que su accionar político manifiesta contenidos. Desde que en 1821 un intelectual empezará a delinear la aspiración de un Estado Nacional, la participación política del intelectual dominicano ha sido prominente. La intelectualidad dominicana busca en la política el espacio del prestigio y del ascenso social.

Las estructuras económicas y culturales nacionales imposibilitan el desarrollo de un pensamiento científico autóctono; provocando que el intelectual privilegie la participación política como último recurso para que la sociedad le reconozca la valía que el pretende poseer. El intelectual dominicano, situado en una sociedad atrasada casi analfabeta se cree superior, entiende que esa sociedad le debe reconocimiento y adoración. Imbuido del mito del filosofo gobernante, de que la materia pensante es el demiurgo de la realidad, de que la razón debe ser el principio de la política, el intelectual dominicano se organiza para dirigir; para hablar por las masas, para ideologizar el discurso político, pero, en el fondo, la motivación es la movilidad social.

Por lo tanto, se trata de un sujeto al que hay que escrutarle su ideología y conducta política, no es, aunque él sí lo pretende, un dios. La sociología del intelectual dominicano lo evidencia, con honrosas excepciones, como un trepador amoral. Este ensayo indaga en la ideología y en el comportamiento político de los intelectuales dominicanos, evidenciando que la mayoría de ellos se han integrado militantemente a apoyar regímenes dictatoriales. Nuestros ilustrados son, por lo general, portadores de la cosmovisión pesimista, la cual es el fundamento ideológico del autoritarismo estatal que signa la historia política nacional.

Primera parte

El poder autoritario es el rasgo más característico del Estado nacional, este fenómeno ha implicado una íntima convivencia entre el poder y la ideología. El Poder demanda de la ideología que elabore explicaciones y justificaciones, en el caso dominicano se ha llenado el cometido, las élites ilustradas, “los letrados estipendiarios” han articulado las teorías que justifican el ejercicio estatal del autoritarismo. El pesimismo y la ideología del progreso han servido de marco mental al orden dictatorial. La primera justificación de la necesidad de un orden fuerte se ofrece en el mismo nacimiento del Estado dominicano, que nace bajo el imperio de una filosofía política para dar impunidad al crimen de Estado y a la dictadura. En el acto fundacional del Estado, la Constitución del 1844, se estatuye la irresponsabilidad jurídica absoluta del presidente de la República: “Durante la guerra actual y mientras no esté firmada la paz, el Presidente de la República puede libremente organizar el ejercito y armada, movilizar las guardias nacionales y tomar todas las medidas que crea oportunas para la defensa y seguridad de la Nación; pudiendo en consecuencia, dar todas las órdenes, providencias y decretos que convengan, sin estar sujeto a responsabilidad alguna”.22

En el siglo XIX surge una élite intelectual urbana elitista que desprecia lo popular, esos intelectuales analizan el problema de la nación, para ellos “la nación no es más que un espejismo en algunas mentes aisladas”.23 Esta generación intelectual trasciende: “Estos intelectuales liberales sentaron, desde el siglo XIX, las bases de la ideología nacional dominicana”.24 Esta intelectualidad inicia la expresión de “un sentimiento de frustración histórica”, se deseaba el orden fuerte: “En el fondo aparecía la nostalgia del orden estable y de ser posible, de un régimen fuerte que lo garantizara, que subordinara a los agentes disolventes y a los poderes regionales autónomos y concretizara la unidad del estado al margen de imposiciones externas, realizando por fin el ideario nacionalista”.25

En ese momento comienza a organizase la interpretación pesimista sobre el país, la premisa/ tesis básica es la de que no somos sociedad ni nación, y que por tal razón tampoco existe el Estado: no tenemos sociedad ni nación ni Estado. Se sostiene que “Cuando conquistamos la independencia no habíamos logrado todavía suficiente preparación…Sociedad, no la había en el concepto científico de la palabra”26. Entonces, se habla del “estado gregario del pueblo dominicano”27, vivimos “en una disgregación individualista”28 : “…no hay más que dominicanos aislados que, sin procurarlo expresamente, tienen intereses personales semejantes entre sí”.29

El segundo argumento es que el pueblo dominicano no tiene aptitud para la vida democrática. Ese enfoque es una herencia de la colonización, toda dominación colonial comienza por la infravaloración de los oprimidos. En ese sentido, en nuestro pasado colonial hallamos un interesante antecedente histórico. En 1517 la administración de la colonia fue encomendada a los padres Jerónimos, los que hicieron una encuesta para determinar si los aborígenes tenían capacidad política para vivir en plena libertad, como los encuestados eran españoles encomenderos, estos contestaron por unanimidad que los indios eran unos salvajes incapaces de valerse por sí mismos, no se les podía ofrecer vida política independiente.

Iniciamos la vida republicana con ese marco de pensamiento social: “Las ideas eran las mismas prevalecientes en la conquista”30. El pensamiento liberal dominicano del siglo XIX, en su análisis de la sociedad dominicana, recoge y actualiza esta herencia ideológica, en 1844 el constituyente de San Cristóbal examina esta dificultad de la nación para plasmar un orden democrático:“Muchas y grandes dificultades presenta siempre, no la formación de un Código a que se dé el nombre de carta o pacto constitucional, sino el hecho de acomodar a las circunstancias particularidades de cada pueblo, las cláusulas del contrato social que labra la felicidad, o la ruina de un Estado; esto se evidencia muy particularmente en las circunstancias actuales, pudiendo asegurarse sin exageración, que pocas veces se habrá presentado el ejemplo de un pueblo que ofrezca mas embarazos para constituirlo, que el dominicano. La razón se alcanza fácilmente, porque abandonando desde su infancia a los caprichos del instinto, sin dirección política, sin voz en su administración, que por un abusivo privilegio se había adjudicado exclusivamente a los hijos de la Península Española, proclamó su independencia sin haber recibido por medio de la educación, aquel grado de madurez que se requiere para que el beneficio de la libertad no se convierta en peligrosa licencia, o que por no saber reportar de esa misma libertad todo el fruto que es capaz de producir en los pueblos ilustrados, se caiga en el desmayo y postración, que es el principal elemento de todos los gobiernos tiránicos”.31

Esa óptica sobre el pueblo dominicano se asienta en nuestra conciencia histórica, pasa al sentido común/psicología social y deviene en un elemento clave de la tradición intelectual32. Bonó, por ejemplo, sostenía que “(...) la sociedad dominicana fue organizada para el despotismo (...) tendremos mal que nos pese rebeliones y más rebeliones, dictaduras y más dictaduras”.33 Estimaba que la dictadura era “el remedio universal a que han apelado pueblos y gobiernos en las horas supremas de su existencia, los nuestros no se prestan para otro. Debe agregarse que las clases que dirigen han perdido el prestigio para la forma republicana, y las otras no han podido aun adquirir las cualidades que afirmen definitivamente el que les pertenece”34.

Bonó, que se auto percibía como un estudioso de la realidad nacional: “después…de estudiar a fondo nuestra sociedad, de estudiar la República Dominicana”, señalaba lo siguiente: “…que ella no tiene las condiciones necesarias para ser autónoma bajo el estandarte democrático puro. No tiene las ruedas necesarias para esta maquinaria, a la vez que le falta la rueda matriz: la virtud política”. Hostos, asimila el legado del pesimismo dominicano y lo potencialaza con su Sociología positivista. El Maestro, en 1892, intenta hacer “el retrato de la tierra y de la sociedad”, con la premisa de que “la sociedad dominicana vive aún la misma vida de la colonia”35, y halla “rudimentarios aún el Estado y la sociedad”. Hostos, nos presenta como una “sociedad embrionaria”, como “…un pueblo sin tipo étnico definido y sin tipo de civilización determinada, que trata de romper, y está rompiendo, el molde de las organizaciones inferiores para amoldarse a modelos superiores”36. En esa sociedad en la que “…todo es parte, elemento y componente de y espectáculo de una evolución embriológica”, Hostos, anota nuestra inclinación histórica al autoritarismo: “el dominicano es un pueblo que tiene el hábito de someterse a los mandatos de la fuerza bruta, y acaso mas que nada por la misma fatalidad de su estado social, no hace nada por salir de su marasmo”. 37

José Ramón López, importante pensador, citado anteriormente, su obra lo perfila como sociólogo, en su análisis sobre la relación Estado-Sociedad parte de “la dureza de lo positivo actual”, entiende que “los gobiernos no pueden ser sino reflejo de sus pueblos”38, “ninguna sociedad puede constituirse sino en la forma que resulte del estado de cultura de sus miembros (…) no hay poder humano capaz de hacer efectivos en un pueblo atrasado los principios de la democracia verdadera”39. Su enfoque de la sociedad dominicana, de su historia, parte de régimen colonial, allí encuentra la causa básica del “convulsionismo” que caracteriza la historia política nacional. El permanente estado de “crisis guerreras” justificará, en la perspectiva de López, el Estado autoritario: ¿En nombre de la libertad se nos va a dejar a merced de las turbulencias, de los excesos y desbordamientos de los partidos y de los sectarios, se nos va a dejar expuestos a que un exaltado furibundo empuñe el truculento encabado y nos ajuste dos hilvanes o cuanto les venga en gana?40

López, se plantea sacrificar la libertad en beneficio del orden y el progreso: “Hay tiempos en que las fuerzas morales tienen virtualidad suficiente para la garantía de la sociedad; pero hay otros, esos que fíjate en la Virgen y no corras (...). y a Dios rogando, y con el mazo dando en los cuales es preciso tener lista la fuerza material, tener en la mano la mecha de los cañones encendida y mantener estos bien cargados”41. La propuesta autoritaria es clara y precisa: “Aquí (…) es de imperiosa necesidad un régimen en el cual las medidas económicas sean constantes y de primordial importancia sobre todas las demás, y se vean permanentemente apoyadas, mientras no se acabe de realizar la evolución, por medidas de fuerza bien calculadas y efectivas”.42

Esa propuesta descansa en la visión de que el pueblo es inferior y revolucionario, para López, la masa campesina-popular desprecia el orden democrático:“(…) Hay motivos permanentes para que el pueblo odie la organización social y política de la República Dominicana y, con la imprevisión de los desesperados, ansíe destruirla sin tener preparado algo mejor con qué reemplazarla”43. Se trata de un análisis que enfatiza la tesis de que la mentalidad dominicana favorece el orden despótico: “(…) Los dominicanos no odiamos sino que envidiamos la tiranía. Sinceramente muy pocos quieren que las tiranías desaparezcan. Lo que ansían es que la tiranía quede al arbitrio de ellos (…) ¿qué hay de extraño en que los hombres no quieran encontrarse fuera de ella?”44Moscoso Puello, escribe sus famosas “Cartas a Evelina”, intenta “conocer la psicología del pueblo dominicano”, también, sostiene esta tesis: “Este país, no tiene todavía, y algunos afirman que no tendrá nunca, educación cívica suficiente para vivir una vida de libertad y honestidad. Aquí se juega a gobierno. No tenemos ciudadanos. Las dos terceras partes de la población esta constituida por campesinos completamente ignorantes, cuya mentalidad no ha avanzado gran cosa desde la conquista. La otra tercera parte está formada por hombres de mediocre ilustración y corrompidos, que adolecen de las taras que nos les legó la escoria de los conquistadores y de otras razas inferiores. No hay, pues, elementos para establecer un régimen político avanzado de acuerdo con la hora de progreso que vive el mundo. Después de la independencia, se ha debido hacer una campaña para enseñar al pueblo, para elevar su nivel intelectual, para homogenizarlo, desde el punto de vista etnológico. Esta campaña fundamental está por hacer una cruzada por la instrucción, una guerra sin cuartel al analfabetismo ha debido hacerse sistemáticamente. Pero se ha hecho lo contrario. Se ha dejado al pueblo en la mas crasa ignorancia, sin duda, con el propósito criminal de explotarlo, de manejarlo libremente”.45

Américo Lugo, aborda el análisis del pueblo, su enfoque es una interesante síntesis del positivismo hostosiano y el pesimismo. Para él serán factores étnicos, geográficos, e históricos los que justificarán su propuesta. En lo étnico “El pueblo dominicano es tan mezclado”, el mulato es la variedad predominante: “(...) constituye hoy el elemento criollo por excelencia”46. Si la antropología estima que el mestizaje es un factor positivo, en el caso particular dominicano, Lugo entenderá que: “El pueblo dominicano es tan mezclado como los pueblos que mas han figurado en la historia; pero es de dudarse que saque verdaderos a los antropólogos cuando afirman que cuanto mas mezclado es un pueblo, tanto mas fecundo y apto es para la civilización”.Ahí, en el pueblo, radica el aspecto principal de la incapacidad política para “organizar con él una nación”, ya que “predominan en él elementos de una raza que ha mostrado en la historia muy poca actitud política”, a ese pueblo hay que introducirle elementos étnicos superiores, “hay que transfundirle nueva sangre”. “La inmigración tiene aquí la importancia de los cimientos en el edificio”. En otras palabras La Raza constituye el factor decisivo de nuestra incultura política, y esta, a su vez, la clave que imposibilita el surgimiento de la nación: “La falta de cultura política del pueblo no le permitido hasta hoy transformarse en nación”.

En lo físico – geográfico, el país “ocupa un territorio insular, factores adversos son el clima y la fertilidad del suelo, “El sol tropical es generador de pereza”, “El clima enerva; la fertilidad hace inútil el esfuerzo”.Analizado desde el ángulo socio – histórico, el pueblo, visto por Lugo, deviene en lo siguiente: “El pueblo es un montón informe”, se refiere a él como “Esa masa caótica de crímenes y de sangre”. La sociedad dominicana está estratificada en dos clases, sociedad de primera, la clase elevada: “son los ricos, los gobernantes mientras gobiernan, los hombres muy instruidos, los profesionales sobresalientes”, son la minoría. La otra, es la sociedad de segunda, la clase inferior, son la mayoría, “la mayor parte de los dominicanos son seres enfermos, inficionados de vicios morales o de ilusiones que falsean completamente su esfuerzo intelectual”, “esta clase y la de los agricultores, nunca deberían ser clases gobernantes sino gobernadas”.

Es un pueblo donde todas las condiciones son adversas al ordenamiento democrático, especialmente el medio social, “un pueblo que ha vivido en la atmósfera de la inmoralidad publica y la injusticia, que esta inficionado de vicios, de errores fundamentales, que no conoce más prácticas gubernativas que las que en estas tierra han podido perdurar, las de la tiranía; que esta revuelto siempre por ideas subversivas contra el orden gubernativo instituido, sea este bueno o malo, poco importa; queréis que un pueblo semejante, que carece en absoluto de tradición aprovechable y de educación se convierta de un día a otro, surgiendo de la noche de los horrores todo estropeado, harapiento, hambriento, con el rostro pálido y demacrado a la mañana deliciosa de un despertar inesperado, se convierta, lo repetimos, en un pueblo adulto, robusto y sano, lleno de vigor moral, con ideas justas, con nobles propósitos, con hábitos sociales y políticos que le permitan dar en su nuevo genero de vida la misma notación de los pueblos que como Suiza, Inglaterra y los Estados Unidos de América, no sólo necesitaron siglos para llegar ahí, sino que contaban con elementos étnicos superiores por una preparación y una adaptación lenta y natural al medio geográfico y al medio internacional”.

Un pueblo semejante, con “absoluta falta de conciencia nacional”, no constituye una nación y tiene muy poca aptitud política, ese pueblo es incapaz de gobernarse, carece en absoluto de tradición aprovechable y de educación, grande debió ser la incapacidad para el Estado del pueblo que soportó durante un cuarto de siglo yugo tan ambicioso como el haitiano. Es un pueblo que con sus actuales defectos de ningún modo puede servir para a formación de un Estado.

En ese contexto socio – histórico no hay Nación ni Estado, el Estado dominicano no nació viable. Murió asfixiado en la cuna. No existe la nación “porque no tiene la conciencia de la comunidad que constituye, porque su actividad no se ha generalizado bastante. No siendo una nación, el Estado que pretende representarlo no es un verdadero Estado”.Para Lugo: “No hay Estado, aunque se proclame, se establezca y se organice, el pueblo no logra constituirlo, porque el Estado dominicano es el reflejo de la mudable voluntad de las masas populares, de ningún modo la expresión de una volunta pública que aquí no existe”.

En síntesis, las causas de la incapacidad política del pueblo radican en el territorio, el clima, la alimentación, el mestizaje, y la falta de cultura: “Por la posesión de un territorio demasiado fértil bajo un clima tórrido, la deficiencia de la alimentación, la mezcla excesiva de sangre africana, y la falta de cultura, el pueblo dominicano tiene muy poca aptitud política”.Las interrogantes que racionalmente se desprende de este discurso positivista-pesimista son: ¿Qué valor tiene, desde el punto de vista del derecho publico moderno, este pequeño Estado dominicano? Ninguno. ¿Bajo que forma de gobierno gobernar a este pueblo? La respuesta es elaborada por Américo Lugo, quien mejor perfila el planteamiento del Despotismo Ilustrado/Dictadura Tutelar de los Intelectuales: “…el pueblo dominicano, en su estado actual, no puede ser gobernado en el verdadero sentido de esta palabra…”, “no se pude gobernar a un pueblo que no tiene conciencia de nación. Este se titula soberano y no es sino un esclavo: su gobierno se titula Estado y no puede ser por fuerza sino un déspota”. (Cursivas Nuestras). Coherente con sus ideas políticas, las reitera en 1916, cuando en carta a Horacio Vásquez sostiene: “Hasta ahora me ha parecido punto menos que imposible el gobernarnos sin tiranía o despotismo”.

Con leyes de carácter tutelar el gobierno de la ciudad letrada se dedicaría a preparar al dominicano “para el ejercicio por ahora imposible del gobierno republicano, democráticos y representativo, a fin de ir realizando poco a poco este ideal de nuestra constitución”. ¿Quién debe orientar el proceso? Los intelectuales, “la minoría ilustrada”, “esa, suerte de aristocracia transitoria”, ya que, si bien; no hay Estado, el pueblo está en vísperas de formarlo, va a formarlo, pero, si la clase de segunda nunca debe gobernar, entonces, toca a la minoría dirigir bajo el despotismo ilustrado. Los letrados, el más noble elemento del pueblo, que “forma un embrión de Estado, debe constituirse en partido político, no para gobernar a las masas, sino con el propósito de educarlas y suplir, la de otro modo inevitable intervención extranjera”.

¿Cómo tendría que gobernar el partido de la minoría? El primer paso: “Para que se lograse el Estado Dominicano habría que principiar por fundar un partido político, de amplia base, de claros y sencillos principios, cuyo objetivo fuese, no tanto el gobierno, cosa inasequible por mediata y condicional, sino el desarrollo de la deficientísima capacidad política del pueblo, cosa inmediata y esencial”.

“Nos falta despertar en el pueblo la conciencia de la unidad, unificar su voluntad y personificar en el Estado esa conciencia y esa voluntad. El hombre de Estado que consiga eso, habrá creado la nació. A ese magno ideal tienden mis esfuerzos por formar entre nosotros una conciencia histórica”. Luego, gobernaría “…menos para aspirar a gobernar las masas que con el propósito de educarlas y suplir de otro modo inevitable la intervención extranjera”. Así, el objeto de este partido no sería gobernar, sino “…preparar al dominicano para el ejercicio por ahora imposible del gobierno republicano, democrático, y representativo, a fin de ir realizando poco a poco este ideal de nuestra constitución”.47

Esa ideología que implica la desvalorización radical, absoluta del pueblo dominicano elaborada por el pesimismo se entronca con el arielismo y la ideología del progreso. Esa cultura política deviene en base de sustentación ideológica básico, se convierte en la cosmovisión predominante en la intelectualidad de la época, servirá de sostén justificativo de la integración a la Era de Trujillo. Ellos serán los Salomones48 del régimen, utilizados en la generación de la ideología trujillista. Así, con los intelectuales a la disposición del déspota, se articula una nueva racionalización del autoritarismo .La intelectualidad trujillista elaborará un marco de pensamiento en el que, primero, se refutará la tesis central del pesimismo sobre la inexistencia de la nación y del Estado, y, en segundo lugar, se estructuran nuevas justificaciones sobre la necesidad histórica de un orden estatal despótico, en las que pesimismo, arielismo49, hispanofilia, cristianismo, anticomunismo, antihaitianismo, divinización del jefe, racismo e historia servirán de fundamentos ideológico, con dicha integración la dictadura adquirió un barniz de ilustrada. En cuanto a lo primero, el trujillismo, desde 1930, frente al discurso negador de la existencia de la nación y del Estado, representó un optimismo, afirmó la existencia de ambas realidades, y Trujillo será su personificación y constructor: “El Padre de la Patria Nueva”.

En lo relativo a la justificación de la dictadura, Peña Batlle, la eminencia gris del trujillismo, inicia su planteamiento de una justificación histórica general de la dictadura, justificando la intercalación del famoso articulo 210, en la constitución de San Cristóbal, “La primera Constitución dominicana, votada en 1844, al nacer la República, es un monumento de sabiduría, previsión y técnica democráticas (...) pues bien, para hacerla efectiva y valedera, para acomodarla a la realidad de nuestra convivencia con Haití, fue necesario intercalar en el texto de aquella carta el articulo 210, destinado a mantener la dictadura como único medio posible de contener el espíritu de expansión de los haitianos. Se tomó la medida con carácter transitorio; el artículo 210 es una superposición, inexplicable para muchos, en la carta pero, en sus términos estaba condensado todo el drama de la vida social dominicana”.50

Para justificar la dictadura trujillista, Peña Batlle, inventa la tesis de la “La Dictadura Fecunda”. El elemento que sirve de basamento a esta justificación de la dictadura es el antihaitinismo, ya que, según Peña Batlle, al estudiar el caso dominicano hay que partir de la realidad de nuestra convivencia con Haití: “(…) los dominicanos, para gobernarnos, debemos tener muy en cuenta la situación dualista existente en la isla. En la República Dominicana no puede, no debe producirse un régimen de gobierno tan desinteresado de la fuerza que se convierta, como ha sucedido muchas veces, en agente de la expansión haitiana. La democracia es lujo que no podemos gastarnos nosotros”.51

Si frente a Haití “Constantemente hemos perdido la tierra”, con la dictadura “Por lo menos conservamos la característica hispana de la nacionalidad”, la hispanofilia justifica el despotismo. Pero este no sería el único fundamento de un orden dictatorial, “nuestra ineptitud para el gobierno” era tan patente, nuestra democracia se nutrió de la montonera, esa historia de anarquía y violencia provoca que “los métodos de la disciplina, si se quiere hasta exagerados son imprescindibles en el vivir de los dominicanos”52. En síntesis “nosotros no tenemos ni derecho ni razón para creer en muchas cosas abstractas cuya hermosura sólo hemos presentido, pero jamás disfrutado”.53

La dictadura es fecunda de cara a el peligro haitiano: “Hemos hecho conquistas imponderables a la sombra del actual régimen de Gobierno: Hemos logrado deslindar, geométrica y socialmente, nuestro territorio después de trescientos años de confusión y promiscuidad; hemos conseguido, al mismo tiempo impulsar, afianzar, liberar nuestra economía hasta el punto de que ya somos tan fuertes respecto de Haití que muy difícilmente podremos, en el futuro, confrontar los peligros de la política de fusión desarrollada por los estadistas occidentales”54. Para él “Esa sola ventaja compensa, con creces, el que hayamos hecho un poco el sacrificio del espíritu gregario en que habíamos desenvuelto nuestra democracia entre 1900 y 1930, con la bochornosa caída del 1916 cuado las fuerzas de ocupación norteamericana iniciaron el gobierno militar que nos rigió hasta el 1924”.55
Rafael Augusto Sánchez, un pensador menor de la Era de Trujillo, presentará la tesis de la “Dictadura Bienhechora”: “Y a estas horas, a cien años de distancia del hecho inicial de nuestra vida como entidad política independiente, estamos por saber a cual de ellos se ajusta mejor nuestra entidad social; cual de esos métodos y sistemas responde mejor y más fielmente no sólo a las aspiraciones de nuestro pueblo, sino a sus tendencias, a sus características, a sus reacciones, a su conformación esencial.

Si nos atuviéramos a los resultados aparentes y en cuenta de que es preciso, aunque sea doloroso confesarlo, el relativo progreso material que hemos alcanzado, ha sido en la mayoría de los casos la obra de ciertas formas centralizadoras y dictatoriales de gobierno, tendríamos que convenir en que la agrupación dominicana, como muchas agrupaciones humanas de la América hispana, está todavía en el período durante el cual los pueblos necesitan, en ausencia de una voluntad y una conciencia colectiva que les permitan valerse por sí mismos y realizar por sí mismos sus destinos, de una voluntad y una inteligencia creadora, servidas por una energía indomable, presta a guiar a quien por sí mismo no puede encaminarse hacia sus fines, lista a hacer el bien a la colectividad con y sin la cooperación de ésta y sin tener en cuenta, sino para aquietarla, la mudable condición de nuestro pueblo.

Cualquier observador que revisara a la ligera los hechos de nuestra historia, podría encontrarse suficientemente justificado para afirmar la incapacidad del pueblo dominicano para vivir dentro de normas democráticas y para realizar sus fines de vida bajo un régimen liberal y amplio de gobierno”.56

Balaguer: “Cortesano de la Era”, burócrata e ideólogo del régimen, matiza su reflexión sobre la base de una concepción de la identidad nacional, en virtud de la cual el despotismo deviene en una necesidad histórica, estudia el caso dominicano y concluye que para que Trujillo se mantenga en el poder “La fuerza, por si sola, no seria suficiente para mantener durante tres lustros a la República Dominicana bajo la dirección política de un hombre. Si Trujillo se mantiene en el poder y agrupa en torno suyo a la universalidad del pueblo dominicano, sin distingos de clases ni de ideologías políticas, es sin duda porque ese hombre representa algún principio, algún ideal superior al cual se halla vinculada la existencia misma de aquella nacionalidad sobre cuyo suelo han caído, en el curso de cuatro siglos, todas las desventuras”57. Esa línea de pensamiento, según la cual existe una imbricación entre nación y dictadura, será uno de los ejes centrales del pensamiento de las élites intelectuales dominicanos.

Con esa premisa, Balaguer elabora su tesis del “Crimen Como Razón de Estado”, justificación del crimen durante el trujillismo. Maquiavelo en “El Príncipe” expone la forma de reflexión lógica de la Política. Para Maquiavelo se impone la lógica del ser, el deber ser sería el campo de la religión. Desde esta perspectiva, cada forma política, el Estado y su forma, impone su razón de ser y esto implica una lógica interna de lo político.

Maquiavelo es el intelectual que analiza el Estado para servir de consejero al príncipe, esto es, al depositario personal del poder político. Para cumplir con su misión de recomendar reglas generales que permitan conservar el Estado, Maquiavelo tiene que examinar la cuestión del uso de la fuerza, la crueldad, con fines estrictamente políticos. Su análisis parte de la premisa de que la fuerza es justa cuando es necesaria. Bajo esta concepción el uso de la fuerza es una realidad inevitable del quehacer político. De ahí que recomiende que el príncipe no debe preocuparse porque lo acusen de cruel, siempre y cuando su crueldad tenga por objeto al mantener unidos y fieles a los súbditos añadiendo: “Y es sobre toso un Príncipe nuevo el que no debe evitar los actos de crueldad, pues toda nueva dominación tare consigo infinidad de peligros”58. Maquiavelo aconseja a su Príncipe “que no proceda contra la vida de alguien sino cuando hay justificación conveniente y motivo manifiesto”59. Cuando el teórico del “Arte de Gobernar” reflexiona de esta manera, lo hace “dejando (...) a un lado las fantasías, y preocupándose sólo de las cosas en el crimen”60. Esta racionalidad no es “maquiavélica”, sino renacentista, y, fue precisamente el Renacimiento el que elaboró la “noción del bello crimen”, “la estética en el crimen”.61

Este discurso, reflexión político-filosófica, sobre la necesidad del crimen para conservar el dominio sobre el Estado, es retomado en nuestro país para justificar una tradición política autoritaria. En efecto, la ideología trujillista en su divinización del Príncipe, hubo de justificar sus aberraciones criminales. Balaguer fue el ideólogo que mejor asumió esta tarea ideológica. En su obra “La Palabra Encadenada”, segunda parte, Balaguer valora la figura y la obra de Trujillo. ¿Cuál fue, para Balaguer, la figura del dictador?

El “nuevo Príncipe” de Balaguer es Trujillo, perfila su personalidad valiéndose de lo que él entiende son sus rasgos más sobresalientes. A los fines de este ensayo seleccionaremos sólo algunos de estos rasgos sobre la persona y obra de Trujillo para llegar al aspecto que nos interesa analizar, la justificación balaguerista del crimen de Estado en la época trujillista, que tiene, en el pensamiento de Balaguer, el análisis de la personalidad de Trujillo, el punto de partida para la justificación del régimen, esta personalidad es presentada bajo ciertos rasgos dominantes, a saber:

Trujillo El Militar: “La vida militar de Trujillo está llena de episodios asombrosos”, “Los testimonios de valor personal abundan en ella”. Pero el rasgo que más impresionantemente define la personalidad del soldado es: “El sentimiento del deber, el férreo y absorbente concepto de la disciplina, es el rasgo que más impresionantemente define la personalidad del soldado”.62Trujillo El Hombre: “En él es innato el don de mando”, “tiene disposición para actuar como jefe y para hacerse obedecer casi espontáneamente”. El tiene una “mirada aquilina”, es “un ser extraño”, “una individualidad extraordinaria”63. De ese “hombre superior”, cuya fisonomía tenía fascinación personal, “emanó una irradiación magnífica que se asemejaba a la de las grandes montañas o a la de los astros en la lejanía del firmamento estrellado”64. Para Balaguer lo extraordinario en Trujillo fue “la fascinación personal”, “el aura romana”, “el respeto que inspiró a sus subalternos”.

Trujillo El Nacionalista: “Otro rasgo del carácter de Trujillo fue el de su fina sensibilidad patriótica”. Su “patriotismo acrisolado”. “El País no ha tenido otro gobernante más celoso que él de las prerrogativas que el primer magistrado de la nación tiene el deber de preservar por mandato de la propia constitución del Estado”65. El patriotismo acrisolado de Trujillo tendría tres manifestaciones “la primera sería en el Seybo: Cuando enarboló con honores en la gobernación de esa ciudad, en plena intervención militar, la bandera dominicana”.66La segunda sería “Como primer dignatario de la República, defendió siempre intransigentemente los fueros nacionales. No hay un sólo caso durante su rectoría política en que el país haya abdicado, en su vida de relación con gobiernos extranjeros, de los atributos inherentes a su soberanía, o a su derecho a discutir de par a par con los demás Estados”.67

La tercera manifestación lo fue “una política sin precedentes para hacer respetar en las fronteras (dominico-haitiana) la soberanía dominicana”68. En esa política fronteriza “asomaba ya de cuerpo entero el dominicano incorruptible que durante toda su carrera militar mantuvo en alto, ante los ojos del mundo, el concepto de nuestro patriotismo integral y de nuestra libertad sin restricciones”.69

Trujillo El Gobernante: Para Balaguer Trujillo es “de esa clase de hombres nacidos para la función de gobierno”70. Como hombre de Estado, el pensamiento de Trujillo “oscila, como un péndulo, entre dos criterios opuestos: el liberalismo y la autocracia”71. Trujillo, el liberal, democratiza la sociedad, “La democratización de la sociedad (...) se logra después de 1930 como consecuencia de la desaparición de las camarillas políticas y de las oligarquías sociales”72. Esa “democratización de la vida nacional”, a su vez, implicó, como una consecuencia natural, que: “El cargo público, las grandes posiciones de la jerarquía oficial, se hicieran (...) Accesibles a todos los ciudadanos”73. “Nadie ha utilizado con más habilidad y energía los instrumentos del poder para crear en el país una sociedad verdaderamente igualitaria”.74 Trujillo, el autócrata, propició “el establecimiento de un régimen totalmente cesáreo”75. una “autocracia casi absoluta”. El Trujillismo “barrió con los caciques”76, y, “la fuerte personalidad del nuevo capitán pasó sobre todos los prestigios locales como una cuchilla niveladora”.77Bajo la Era del Jefe, más que nunca, se manifestó en todo su esplendor uno de los rasgos básicos del Estado dominicano “El formalismo constitucional”. En efecto, “las reglas que pertenecen más bien a la forma que a la esencia del régimen representativo, son religiosamente observadas. La fisonomía del gobierno es estrictamente civil, con sus poderes autónomos, su Constitución democrática, sus garantías individuales y su seguridad social (...)”78

Hay en el perfil de Trujillo un rasgo que es, desde la óptica de Balaguer, el que justifica y explica el uso del terror político, sobredeterminado desde el Estado como mecanismo fundamental de la dominación política. Trujillo, temperamento realista, que “analiza con frialdad el fenómeno político y sólo confía en sus manos (...) no vacilaba ante nada cuando tenía que obedecer a esta deidad inexorable: la razón de Estado”79. Esa fue “una de las facetas más peculiares del carácter de Trujillo”80. “Trujillo se atemorizaba ante la idea de que sus compatriotas perdieran el temor. El miedo era la base sobre la cual se apoyaba el régimen”.81

Esa personalidad es la que permite explicar el crimen: “La eliminación física de todo aquel él consideraba, en un momento dado, peligroso para la subsistencia del régimen, fue uno de sus métodos favoritos. Nunca concibió que el pueblo dominicano pudiera ser gobernado en otra forma. El terror era, según él, el único recurso efectivo para lograr el orden absoluto a que aspiraba. Por eso procuró siempre, durante sus treinta años de dominación totalitaria, que en la mente de cada dominicano se mantuviera viva la convicción de que todo atentado contra la paz debía sancionarse con la eliminación física del autor de ese acto de rebeldía contra la seguridad del Estado”82. El terror político, utilizado como método de dominación, alcanzaba tal magnitud que “Cuando el país se hallaba en calma, cosa que ocurrió frecuentemente durante los primeros veinte años de la “Era de Trujillo”, impartía órdenes para que en algún lugar público apareciera alguien asesinado. Cuando (...) aparecía muerte una persona, el crimen debía tener para todos el sentido de una admonición o el carácter de una sentencia”.83

En el hombre de Estado propuesto por Maquiavelo: “La crueldad es esencial en el político (...) sería la virtud pública a la que había que subordinar en muchos casos, y aunque sacrifica en ocasiones los sentimientos, los valores éticos, los escrúpulos humanitarios y todos los principios de orden moral en que descansa actualmente la vida civilizada”84. Desde esta perspectiva el crimen será rusticado en base a la Razón de Estado, esta tesis ideológica justificativa histórica del Trujillismo, este último, forma particular de la tradición despótica estatal nacional, se expone claramente: si bien “Muchos crímenes de Trujillo sorprenden por lo aparentemente innecesarios”, para Balaguer, la Razón de Política fue la causa obvia de la filosofía criminal trujillista: “No hubo (...) ninguna clase de sadismo en sus aberraciones delictuosas. Es aún probable que haya lamentado, en lo más profundo de su corazón, muchos de los crímenes que dispuso (...)”85. Trujillo el “estadista predestinado para una vida hazañosa”, es, para Balaguer, el modelo de ese hombre de Estado: “Trujillo, cuyo genio político es innegable, sería el perfecto Quid Simile del modelo de hombre de Estado propuesto por Maquiavelo”86. Ese modelo de Príncipe, utiliza la crueldad para imponer el orden al igual que Borgia en Roma, y: “Un Príncipe no debe preocuparse porque lo acusen de crueldad, siempre y cuando su crueldad tenga por objeto el mantener unidos y fieles a los súbditos”87. El Trujillo de Balaguer: “Fue una máquina que se movía a impulsos de un objeto esencialmente político y no es un malhechor vulgar”88, lo prueba el hecho de que: “Trujillo no visitó jamás una cámara de tortura. Toleró sin duda el uso de esos sistemas salvajes (...) Pero (...) jamás presenció (...) ninguno de esos horrendos espectáculos (...)”89

En ciertos casos ese terror llegaba hasta personas con quienes Trujillo tenía un sentimiento de amistad “o un lazo de simpatía humana”. Así, por ejemplo, se eliminó a Ramón M. Aristy, “acusado de abrigar ideas peligrosamente liberales”. Trujillo “se sintió visiblemente abrumado por aquel acto monstruoso”, su “actitud (...) no era la de un hombre arrepentido, pero sí, en cambio, la de un hombre que se había visto forzado a cumplir un hecho que no ha podido evitar”.90 Si bien esos hechos son “condenables siempre a la luz de la moral” a la luz de una reflexión política: “Esos hechos repugnantes podrían, sin embargo, no excusarse, pero si explicarse por el bien común o por las conveniencias sociales”.91 No es desde la moral que se debe enfocar a Trujillo, sino desde la óptica fría de la racionalidad política, utilizando el análisis de lo político que caracteriza la racionalidad maquiavélica. Esa es la tarea intelectual que se impone Balaguer: “Trujillo perteneció en una palabra, a la orgullosa estirpe de los gobernantes inflexibles, de alma monolítica, como Robespierre y Tiberio. Temperamentos glaciales, incapaces de ceder a un impulso de piedad y con el corazón impermeable como una roca, obedecen ciegamente a una idea fija, a una causa que santifica a sus ojos los peores crímenes y que anula en su conciencia todo arranque generoso y todo sentimiento humano. En el fanático de la Revolución es la Salud Pública la sombría deidad que lo enloquece hasta el punto de llenar en su nombre las carreteras de terror con víctimas inocentes, bárbaramente inmoladas para satisfacer su egolatría revolucionaria. En Trujillo esa ley suprema es “el orden público”, divisa diabólica que significó para él la subordinación de todos los hombres a su voluntad omnímoda y la mediatización de sus propios sentimientos a las razones de Estado. La crueldad es lo que distingue a los hijos de esta raza de piedra. Su maldad es fría e inexorable como la guerra y como las fuerzas naturales. Indiferentes al dolor, impasibles ante el sufrimiento ajeno, la mano de estos caudillos brutales acaba de transformarse en una máquina que mata con la indiferencia con que hiere un rayo o con que fulmina un decreto del destino”.92Es en sus “Memorias” que Balaguer redondea la perspectiva analítica con la cual enfoca el crimen de Estado bajo la Era de Trujillo, al señalar: “Quitad la sangre, y debajo quedará la verdad”.93

En 1937, Trujillo ordena “El Corte”, hay que justificar el crimen, no importa que sea genocidio, de inmediato los ideólogos del régimen presentan los hechos como provocados por bandas haitianas que expoliaban al campesino dominicano: “Los sucesos de 1937…fueron el estallido en el alma de nuestro campesino, de un sentimiento de defensa y de protesta contra cuatro siglos de depredaciones realizadas en las provincias del norte del país por grandes bandas de merodeadores”.94

La divinización del Jefe fue un rasgo de la tiranía que exigió particular atención de la sociedad, la iglesia y de los intelectuales. En la historiografía cristiana dios el demiurgo de la historia, es el principio explicativo del acontecer humano, se trata de una filosofía de la historia. Balaguer, interpreta la historia del pueblo dominicano adoptando la “Divinización del Príncipe”, así; escribe el ensayo: Dios y Trujillo. Premisa del análisis es que la: República Dominicana es un país providencial: “(...) nuestro pueblo es un pueblo inmortal, señalado por Dios para un destino único en la historia de la civilización humana. Cuando ha estado a punto de perecer, victima de las fuerzas de la naturaleza o de la codicia de otros países extranjeros, alguna mano invisible, tocada de poderes sobrenaturales, lo ha rescatado del abismo y ha vuelto a encender en su frente esta llama imperecedera: la esperanza. Así ha sobrevivido durante cuatro siglos, sin ninguna ayuda extraña y combatiendo a menudo contra el mundo entero, siempre perseguido y siempre sólo, llevado constantemente sobre su corazón la angustia de la muerte y el duelo de la derrota”.95 , un pueblo elegido que “nació con un destino superior entre todos los pueblos americanos”.96

¿Qué demuestra que nuestro país es un pueblo elegido? un hecho providencial: La providencia guía hacia nuestras playas las naves descubridoras: “(...) es nuestro territorio el escogido como escenario principal para la empresa de los descubrimientos y para la cita de los conquistadores”97. “La “Santa Maria”, una de las carabelas del milagro, encalló, debido al parecer a un descuido del grumete, frente a las costas occidentales de la isla, y el Descubridor se ve forzado a construir allí, con los restos de la nave despedazada por las olas, la fortaleza de la Navidad, silo del primer núcleo de población europea que se radica en tierras de nuevo mundo. Este hecho varía los planes de Colón, y fija el destino de “La Española” en los primeros tiempos de la iniciación de América, en los albores mismos de la aventura portentosa”.98Para esa interpretación teológica-cristiana, dios constituye el principio activo de la historia dominicana: “La República Dominicana es un país providencial que desde su existencia, desde que nace hasta el año 1930, a un principio superior que ha gobernado como una ley ineluctable, todos los sucesos, prósperos o adversos, que constituyen en conjunto la vida del pueblo dominicano en cuatro siglos de batallar incesante y ominoso”.99

Balaguer estructura una visión de la historia dominicana con dos factores determinantes, en la etapa 1492-1930, la historia es decidida por dios, el factor sobrenatural. Pero, en 1930 se inicia “La Era de Jefe”, y Trujillo, el factor humano, sustituye a dios en el comando de la historia nacional. Justo en 1930 tuvo lugar el cambio: “De aquí en adelante, historia del país se reduce a una lucha entre los dos factores siguientes: el factor humano representado por los hombres y por las naciones que al través de cuatrocientos años se inmiscuyen, casi siempre de modo adverso, en los destinos nacionales, y el factor sobrenatural, constituido a su vez por cierta intervención divina en todos los acontecimientos decisivos de la historia dominicana”.100Si interrogamos a Balaguer: ¿Qué ha Significado el predominio del factor sobrenatural en la historia dominicana? Hallaremos una interesante respuesta: ¿Qué ha Significado? Lo primero es el reconocimiento de que dios nos ha deparado “(...) la supervivencia de la República Dominicana (...) sólo puede reputarse como uno de esos milagros con que Dios favorece a veces a sus pueblos elegidos”.101. Ahora bien; no obstante este aporte, ese mismo dios nos marca una historia con un “destino doloroso”, “cuatro siglos de batallar incesante y ominoso”, “una suerte azarosa”, un “destino adverso”, “una vida azarosa”, más una especie de castigo, el ciclón de 1930 y el sacrificio de Duarte. En pocas palabras: “La historia dominicana es desde los mismos días en que el país fue descubierto, una tragedia inenarrable”.102

En cambio, el predominio del factor Trujillo en la historia dominicana: ¿Qué ha Significado? La contesta deja a dios muy mal parado: “En 1930 cambió inesperadamente de rumbo la vida dominicana. Sobre la estática tibieza de cuatro siglos caen, de un tajo, veinticuatro años de historia nacional, veinticuatro años de acción tenaz y fulgurante. Si en las cuatro centurias sostuvo en medio de sus catástrofes y porque una mano invisible parece velar misteriosamente sobre su suerte azarosa, después de 1930 es cuando por primera vez interviene una voluntad aguerrida y enérgica que secunda, en la marcha de la República hacia la plenitud de sus destinos, la acción tutelar y bienhechora de aquellas fuerzas sobrenaturales. Por primera vez, en otros términos, el país cuenta en 1930 con un conductor que se decide a cumplir la misión que había estado reservada desde los días del descubrimiento al poder superior que siguió hasta nuestras playas las naves colombianas y que después mantuvo encendida su luz inextinguible y misteriosa en medio de las lobregueces que se amontonan sobre los destinos nacionales. La misma providencia quiso dejar marcado, con su sello incontrastable, el paso de una era a otra: la catástrofe que en 1930 se desencadeno sobre la capital de la república cierra el ciclo del predominio en la historia del país de las fuerzas de la naturaleza para abrir en cambio el del predominio de la acción del hombre que se supera en la energía constructiva y en la voluntad creadora. Hasta el momento en que este milagro se realiza, los dominicanos habían aceptado sin protesta los fallos inapelables de su destino adverso, y se habían plegado, con una especie de resignación fatalista, a la ceguedad bestial y al caótico determinismo con que desde un principio actúan las fuerzas naturales sobre su vida azarosa.

Pero de ahora en adelante, el pueblo dominicano, en lucha contra la adversidad, despliega un esfuerzo gigantesco que parece destinado a afirmar, sobre el vencimiento de la muerte y sobre el estupor del abismo, la potencia creadora de la voluntas humana”103. De esta manera se marca el comienzo de la intervención de el Factor Trujillo: “(...) sólo a partir de 1930(...) Es cuando el pueblo dominicano deja de ser asistido exclusivamente por Dios para serlo igualmente por una mano que parece tocada desde el principio de una especie de predestinación divina: la mano providencial de Trujillo”104. Se cambió de rumbo a partir de la intervención del nuevo director de la historia, de una actitud fatalista se pasó a una voluntad de victoria, a “una nueva filosofía”. En síntesis Trujillo significó prosperidad, exactamente a lo inverso de lo que significaba el predominio del Factor Dios. Trujillo “(...) avanzaba, las máquinas: desalojando obstáculos para adueñarse del espacio”105. A dios corresponde la supervivencia del país, a Trujillo la prosperidad: “Dios y Trujillo: he ahí (...) en síntesis, la explicación, primero: de la supervivencia del país, y luego, de la actual prosperidad de la vida dominicana”.106

En cuanto al crimen de Estado en los gobiernos que configuran “La Era de Balaguer”, el viejo caudillo trujillista recupera la filosofía política sobre el crimen de Estado elaborada para justificar el terror trujillista: “La filosofía en que se inspira la política de este Gobierno es sencilla y eminentemente práctica: Cuando hallamos en nuestro camino una piedra que nos entorpece el paso, tratamos por todos los medios posibles de desviarnos utilizando el medio menos conflictivo para superar esa barrera; política de este Gobierno es sencilla y eminentemente práctica: Cuando hallamos en nuestro camino una piedra que nos entorpece el paso, tratamos por todos los medios posibles de desviarnos utilizando el medio menos conflictivo para superar esa barrera; política de este Gobierno es sencilla y eminentemente práctica: Cuando hallamos en nuestro camino una piedra que nos entorpece el paso, tratamos por todos los medios posibles de desviarnos utilizando el medio menos conflictivo para superar esa barrera; dinamita. Creo sinceramente que esa es la única pauta para un Gobierno y para un país que necesitan avanzar a todo trance. Hay que evitar los choques innecesarios, pero hay que afrontar también sin vacilación la realidad cuando esa realidad se obstina en cerrarnos el paso hacia la conquista de las metas que nos hemos propuesto y que no podemos omitir sin poner en peligro de toda la Nación y la tranquilidad de la de a familia dominicana”.107

El crimen de Estado constituye una característica, predominante del discurrir político nacional, los intelectuales se encargan de teorizarla y justificarla, ellos articulan ideologías para demostrar que el pasado histórico, la vecindad con Haití/el peligro haitiano, lo étnico-cultural/la nación mulata, la incapacidad política del pueblo, la inexistencia de la nación, o, “La Razón de Estado” imponen históricamente la necesidad del autoritarismo. La novedad teórica de Balaguer consiste en que articula el último argumento como filosofía política para justificar el Crimen de Estado. El uso del terror, se justifica en la necesidad política del orden/ la paz. Esta tesis constituye el aporte de Balaguer al análisis historiográfico del Trujillismo. La moral no es un referente real en la conducta política de Balaguer; no obstante; sería oportuno recordar a Martí: “Un hombre que obedece a un mal gobierno sin trabajar para que el gobierno sea bueno, no es un hombre honrado”.108

Segunda Parte

¿Tiene Vigencia en nuestro país la ideología que sostiene que no hay sociedad ni nación ni Estado? La tesis de que todavía no somos una nación está presente en el pensamiento de la intelectualidad dominicana. Oscar Gil Díaz (1970) se cuestiona: ¿Cuándo surgió la nación dominicana? Para él: “La Nación dominicana…Ni existía ni podía existir, antes del siglo XX” “No existía Nación dominicana antes del siglo XX (...)” “No existía en 1844” “No existía en los tiempos de La Restauración” Su respuesta la elabora asumiendo los discursos de Bosch y de Peña Batlle: “Trujillo logró el milagro de la unidad nacional” La tesis de Gil Díaz es que la nación surge con Trujillo: “Sobre la base… de la Dictadura, surgió, desarrolló y consolidó la Nación dominicana”. “El núcleo común que interviene en el surgimiento de la Nación está dado por la identificación nacional, y esa identificación nacional la encontramos cuando Rafael Trujillo”.109
Gustavo Guerrero (2002) pregunta: ¿Llegaremos a ser nación? Afirma que: “…esta colectividad social no ha alcanzado su verdadera característica de nación”, “…la nación…aún hoy no hemos logrado establecer con definitivo sentido de realidad”, “Somos una sociedad sin verdadera Nación”, “Aún hoy en día no se ha consolidado verdaderamente la nación”110. Tal es la situación que Darío Contreras (2003) escribe un artículo en el que se nos llama “Animalandia”. Diógenes Céspedes (2005) publica sus “Ensayos Sobre Lingüística y Cultura”, entre los ensayos hay uno intitulado: ¿Existe la nación dominicana? Su conclusión es que: “…hoy…el pueblo sigue huérfano de cultura política que le impide transformarla en comunidad nacional”, “…estamos todavía en el estadio que dejó Lugo cuando dijo que la escasa cultura política del pueblo dominicano le ha impedido formar una nación”.111

Especialistas en la manipulación de las ideas, los intelectuales dominicanos han acentuado la preferencia por un orden despótico que garantice el orden y el desarrollo económico, esta es una premisa fundamental del el pensamiento social dominicano, sin embargo; la intelectualidad dominicana en su imaginario colectivo predominante, sostiene que es sólo en el pueblo donde está la raíz de la nuestra inclinación autoritaria. En su cosmovisión la elite culta e civilizada, el pueblo, una masa bárbara, incivilizada, obstáculo principal del progreso, pueblo levantisco al que ellos, los elegidos de los dioses: “Los Providencialistas”112tienen que educar y gobernar despóticamente. El intelectual dominicano ha confeccionado un discurso pesimista/arielista, excelente apoyatura ideológica de las dictaduras.

Esa intelectualidad no tiene escrúpulos, por salario y las mieles del poder sirven de Cortesanos a los dictadores. Esa triste tragedia es registrada en estos términos: “El pueblo dominicano no ha tenido suerte con sus hijos que se instruyen y logran encasillarse en algunas de las actividades mentales entre las cuales se destacan las de los profesionales, los intelectuales, los literatos y los periodistas. En su gran mayoría entran en el intercambio de la vida social, no para servirle a ella, sino determinados a laborar únicamente para sí y obtener los mayores beneficios posibles sin cuidarse del destino de la sociedad. El campo de su preferencia es la política, no persiguiendo gloria personal, sino cuantos privilegios proporciona esta actividad, y por eso, tras la propaganda de estar animados de la aspiración del bien de la comunidad, una vez alcanzado el objetivo del triunfo político, tal vez el mando supremo de la nación, se declaran poderosos; ponen a un lado el interés social que juraron defender, hacen burla de la ley, sobreponiéndole su voluntad personal; odian a quien disiente de su proceder, y le consideran un despreciable enemigo del orden público, mirado como suyo y no del gobernado; y terminan…por quedar registrados como notables personajes de la sociedad”.113

Hay un caso que confirma la caracterización arriba citada, Bonó fue marginado: “a pesar de la nombradía de que se hizo acreedor durante la década de1880, con posterioridad, los intelectuales .cuyo núcleo de relieve estaba constituido por los discípulos de Eugenio María de Hostos “prácticamente soslayaron sus aportes”.114 ¿Por Qué los hostosianos marginaron a Bonó? Porque, Bonó presenta “una construcción que…se orientaba en sentido divergente a la propuestas de modernización comúnmente aceptadas”. La diferencia radicaba no sólo en cuanto a la cuestión del progreso, sino en lo relativo al ordenamiento político deseable: “Mientras Bonó llamaba a la democratización social, las élites pensantes se orientaban a la construcción de los medios para establecer un régimen fuerte que acometiera desde arriba la tarea de civilizar a la masa del pueblo”.115

José Ramón López se destaca como uno de los cimientos del pensamiento social dominicano expresó claramente la vocación despótica de los intelectuales dominicanos:“(…) preferiría una tiranía seria y de buena voluntad, a una de estas repúblicas de mentirillas que hemos tenido. Repúblicas sin libertad y sin decoro, repúblicas que no llenan el fin de que sus ciudadanos sean felices, porque ninguno tiene su problema económico resuelto”116. Ramón A. Font Bernard, eminencia trujillista, en 1993 se auto-describe políticamente en los siguientes términos: “No somos, como se nos pretende enjuiciar, unos enamorados ciegos de la fuerza bruta, en función de gobierno. Somos, sí, celebrantes del poder energético e ilustrado, hecho a la medida de nuestra inestable, personalista e incoercible idiosincrasia social”.117

En un artículo periodístico del 1997, suscrito por el Sr. José R. Martínez Burgos, se hacen las siguientes afirmaciones: “Vivimos(...) en una democracia donde reina la anarquía”, “Cada dominicano es un tirano en potencia”, “La gente está pidiendo más de lo que se le puede dar, es preciso menos democracia y más autoridad”, “Los dirigentes de la nación y en especial el Presidente, se exceden en sus actitudes democráticas y lo que se necesita es energía, disciplina, orden, respeto y menos democracia. Nos parece que el Estado democrático está actuando conforme a un análisis demasiado fluido y dinámico de la sociedad y el país no está aun ni siquiera próximo a asimilar esos conceptos, creo sinceramente que el Estado actual es excesivamente democrático cuando debería ser más abstracto”. “El poder no puede permitirse que la debilidad lo haga cargar con la servidumbre de ser un ejemplo de sumisión para la sociedad. Necesariamente tiene que ser fuerte (...)”118Esa “ Mentalidad Autoritaria” se registra, también, en el pueblo, así, lo pone de manifiesto “La Encuesta Nacional de Cultura Política y Democracia”,la cual ofrece detalles significativo, respecto al acuerdo de la población encuestada con algunos indicadores de autoritarismo.

Cuadro No. 1

ÍTEMS
1984
1997
2001
2004


Un buen presidente debe ser como un padre a quien hay que acudir para que resuelva los problemas.
77.0
82.2
86.2
82.0

Prefiere orden aunque haya menos democracia.
67.0
65.3
61.8
67.3

Un líder fuerte haría más por el país que todas las instituciones juntas.
44.5
46.4
50.4
54.7

Únicamente el hombre o la mujer deben tomar las decisiones en el hogar.
58.9
59.6
54.9
45.3

Total
100.00
100.0
100.00
100.00

Fuente: Brea, Democracia Vulnerable… P. 32

En el 2005 realizamos una modesta encuesta, que presenta datos similares a los de la encuesta Demos, que tiene una referencia nacional, resulta sorprendente el predominio absoluto que en ambas encuestas tienen los ítems que indican una clara preferencia por una cultura de tipo autoritaria. En efecto, la encuesta DEMOS ha seguido el curso de esta cultura, desde el 1994 hasta el 2004, se entrevista a la población respecto a si está de acuerda con que: “Un líder fuerte haría más por el país que todas las instituciones juntas”, la aceptación fue del orden siguiente:

Cuadro No. 2
1994
1997
2001
2004
44.5
46.4
50.4
54.7


Como se observa, la aceptación social del “líder fuerte” creció, del 1994 al 2004, un 10.2% al pasar del 44.5% al 54.7%. En mayo/2006, el diario El Caribe publicó una encuesta cuyos resultados indican que el 82% de los dominicanos prefiere un gobierno de “mano dura”119.
La propensión hacia el despotismo es un elemento clave de nuestra cultura política, En ese sentido la historiografía reconoce el dato de la relación entre liberalismo y dictadura: “La de Lilís fue una dictadura del positivismo, de la ideología del progreso, tan en boga a finales del siglo pasado, pero fue también dictadura criolla, quizás la más criolla de ellas (...)”.120 Esa dictadura criolla, “la más criolla”, obtuvo el apoyo de un sector importante de la clase dominante, así como también de las masas populares. En cuanto a este apoyo popular, Mu-Kien, biógrafa del dictador sustenta la tesis de que “(...) en la fase de estabilidad, la dictadura logró un apoyo importante de la población, por lo que no era necesario reprimir si había un consenso”.121

Según la historiadora, la dictadura aplicó una política masiva mediante la cual “se trató de captar la mayor cantidad de adeptos a la dictadura entre los hombres y mujeres de la población”.122 Esa política masiva de reclutamiento “con la que se pretendía abarcar el mayor numero de personas que defendieran el régimen, rindieran servicios de inteligencia, sirvieran de soldados voluntarios en caso de sublevaciones; a cambio, se les ofrecía ciertas dadivas económicas”.123La política de la dictadura fue exitosa: “Esta política fue popular entre los campesinos y desempleados urbanos. Así, generalizada la creencia de que por fidelidad al jefe se podía obtener algún beneficio económico, llovían día a día las solicitudes de servicio, y también las quejas sutiles de algunos colaboradores, porque a pesar de haber prestado – según ellos – grandes servicios, no habían sido gratificados satisfactoriamente, o no habían podido alcanzar una posición privilegiada en el gobierno”.124

Tal como lo señalara Bosch: “La dictadura (la de Trujillo, O. O) ha llegado ha conformar una base ideológica que ya parece natural en el aire dominicano y que costará enormemente vencer, si es que puede vencerse alguna vez”125. En un estudio sobre la relación entre el trujillismo y el arielismo se concluye: “Liquidada la Era de Trujillo, las ideas de Rodó emergen una y otra vez en el discurso político dominicano…”126 Los discursos que constituyen el armazón de la ideología trujillista (pesimismo/ arielismo, hispanofilia, cristianismo, providencialismo, entre otros) y que posibilitaron la “…construcción de un mito teopolítico que todavía hoy gobierna a la nación dominicana”. Parodiando a uno del citado, diríamos que “El Efecto Rodó” ha consistido en la terca permanencia de una forma de pensamiento social francamente irracional, en la firmeza de la mentalidad autoritaria, que históricamente presenta una evidente supremacía en la minoría culta del país, ha sido ella la que se ha esforzado en preparar los fundamentos burocráticos-ideológicos de las dictaduras.127

Para comprender y explicarse por que históricamente la capa intelectual se convierte en el soporte socio-político de Trujillo hay que valorar el peso social específica de los intelectuales en una sociedad atrasada y analfabeta:“Si los hombres de pensamiento, con tres o cuatro excepciones, respalden el régimen del presidente Trujillo, es porque el estadista dominicano está resolviendo, con iluminada devoción patriótica, los problemas fundamentales de cuya solución depende el futuro de la República Dominicana”.128 El perfil ideológico de la ciudad letrada dominicana, desde la colonia hasta la muerte de Trujillo, presenta una clara vocación pesimista/autoritaria que hace de esa intelectualidad un soporte social de nuestras dictaduras. Las ideologías tienen implicaciones políticas, impulsan determinados proyectos y conductas, no son neutras ni ingenuas, ideología es poder. En nuestro particular caso histórico, la valoración pesimista sobre el pueblo dominicano constituye uno de los ejes fundamentales en que descansan las propuestas autoritarias. De los intelectuales surge “…la reiterada respuesta pesimista ante la realidad nacional, sin dudas un componente fundamental en la cosmovisión de la intelectualidad de inicios de este siglo”.129 Al extremo que se convierte en “una actitud esquizoide”.130

En un monólogo de la ideología despótica la línea discursiva estaría asentado en la visión pesimista: “Aquí no hay sociedad ni nación ni estado. El pueblo no sirve étnica ni políticamente, es un pueblo bárbaro, sin aptitud política para la civilización democrática, es un pueblo de vocación violenta”. ¿Cómo gobernar a ese pueblo? Despóticamente: ¿Para qué gobernarlo así? Para educarlo y, sólo entonces, constituirá la nación y el Estado: ¿Quiénes deben gobernar? La élite intelectual contesta: nosotros los ilustrados. Esa ideología no está rota, permanece vigente en la conciencia social dominicana. Se puede establecer una coincidencia/acoplamiento entre la tradición intelectual y la dictadura que hace a una continuación de la otra, alcanzar el desarrollo justificaba la necesidad de un déspota. El tirano es la encarnación de los valores y de la nación:“Si Trujillo se mantiene en el poder…es sin duda porque ese hombre representa algún principio, algún ideal superior al cual se halla vinculada la existencia misma de aquella nacionalidad sobre cuyo suelo han caído, en el curso de cuatro siglos, todas las desventuras”.131 En síntesis, el régimen de Trujillo “se encuentra vinculado a la existencia misma de la nación dominicana”132, y el propio Trujillo “es necesario al pueblo dominicano”.133

El régimen de Trujillo integró a la intelectualidad a la función de ideólogos en tal cantidad y calidad que ajusticiado el déspota el país sufriría un déficit de recursos humanos cultos necesarios para la reconstrucción democrática. Muerto El Jefe la intelectualidad trujillista se retira de la vida pública, vive en bajo perfil, se beneficia del “Borrón y Cuenta Nueva” de Bosch, se recoge bajo el manto del neo-trujillismo balaguerista. La consustaciación entre intelectualidad y despotismo se apoya en una auto percepción, el intelectual dominicano se visualiza como una suerte de Mesías: Los intelectuales dominicanos profesan “una creencia falsa (…) la de considerarse como seres privilegiados por encima del común de los mortales y otras sandeces como aquella que les teoriza como pequeños dioses o como un lujo de la sociedad y que debe, por lo tanto, mantenérseles de un todo”.134Roberto Cassá junto a otros intelectuales revisa la cuestión nacional, proponen un proyecto nacional, popular, socialista y civilizador, en este proyecto “la capa de los intelectuales progresivos” tiene una “tarea insoslayable”, “un papel decisivo”: “deberán ser organizadores y parte del estamento de vanguardia de esta praxis revolucionaria y civilizadora”, “su sentido estaría en dar cuerpo a un planteamiento cultural que (…) requiere (…) de una práctica especializada”.135 ¿Cuál práctica especializada? Elaborar ideologías para el nuevo poder.

Los ilustrados dominicanos han estimado que la democracia no es posible/viable como modelo político para la nación, según ellos inexistente. Por ello, han propuesto el despotismo a secas, el despotismo ilustrado, la dictadura con respaldo popular. Bernardo Vega en su obra: Cómo los Norteamericanos Ayudaron a Colocar a Balaguer en el Poder en 1966, relata que en junio del 1954, el norteamericano Robert Alexander, académico experto en asuntos latinoamericanos, se entrevistó con Juan Bosch, éste le manifestó al experto que: “Sabía que su propio gobierno estuvo condonado desde el mismo momento en que tomó el poder, pero pensó que lo necesario era mostrar al pueblo lo que era una experiencia democrática, lo que hizo y el pueblo lo entendió. Ahora el pueblo quería ese tipo de régimen, pero este “nunca se repetirá en la República Dominicana” ya que el país carecía de las bases fundamentales para una la democracia”.136

Tras la caída del régimen de Trujillo el desarrollo intelectual del país se modifica sustancialmente, la intelectualidad se nutre de nueva savia, del exilio regresan intelectuales que han podido conocer corrientes del pensamiento universal. La lucha política tiene lugar en un marco mundial: La Guerra Fría, en el país la confrontación está al rojo vivo, se produce abril del 1965, el Movimiento Renovador abre las puertas de la universidad al pueblo, se profundiza la intelectualización de los sectores populares y así el conocimiento científico llega a las masas. Todo ello provoca que hoy el pesimismo, en tanto visión explicativa de los fenómenos sociales dominicanos, no pueda ser intelectualmente reivindicado, su armazón teórico no resiste la confrontación con el pensamiento científico social moderno. Por último, el pensamiento popular dominicano registra, también, la cultura política autoritaria, con frecuencia escuchamos expresiones como esta: ¡Aquí lo que hace falta es un Trujillo! Expresión que pone de manifiesto el estado de conciencia de una opinión pública que mediante encuesta ha revelado que más del 80% de los dominicanos prefiere gobiernos fuertes, de mano dura. La concepción pesimista sobre la realidad nacional sirve de basamento a la inclinación autoritaria, se mantiene vigente en los sectores conservadores: “De ahí la importancia de su estudio para la comprensión de la concepción política del sector más conservador de la sociedad dominicana”.137

TERCERA PARTE

Recién instalado Trujillo en el poder, “El Clan Henríquez Ureña”se integró al servicio del nuevo Príncipe138. Max Henríquez Ureña, dictó una conferencia (enero, 1931) en la que, presente el joven presidente, lo invitaba a gobernar apoyado en la fuerza de los cañones. El prominente intelectual parte de un análisis de la sociedad y de historia dominicanas, para él se trata de un país militarizado por el caudillaje y la rebeldía, ese es “nuestro fenómeno social”. La segunda premisa, el caso del gobierno de Espaillat, al que considera “Un Gobierno Civilizador Sin Fuerza Efectiva de Defensa”, Espaillat, para Max Henríquez Ureña: “…fue víctima de espejismo ilusorio y su gobierno se desplomó como un castillo de naipes. Soñó con un ejército de maestros y olvidó que ese ejército de maestros necesitaba, para realizar su función civilizadora, ser respaldado por un ejército de soldados”.139

Max, le dice a Trujillo que nuestro estado social es el caudillaje y la rebeldía, sostiene que por carecer de fuerza militar fracasó Espaillat, entonces le recuerda una frase de Hostos: “Santo Domingo no está para reformas pensadas, sino para reformas impuestas”. Pero, hay que civilizar: ¿Cómo hacerlo?, con la fuerza: “Para realizar una obra civilizadora de gobierno no basta con la bondad de la obra misma: es necesario que la respalde una fuerza material, como la de los cañones, frente a los enemigos del orden social”. El sabio adoctrina a su discípulo: “El derecho, la libertad, la civilización, son palabras vanas si no tiene una fuerza en que apoyarse”. En el colofón de la conferencia Max le recita a Trujillo una estrofa de un verso escrito por su madre, Salome Ureña: “Atleta infatigable/del bien y del mal en la contienda ruda/te alzarás invencible, formidable/si el entusiasmo/si la fe te escuda/Que atraviese tu voz el aire vago/las almas convocadas a la victoria/tuya es la lucha del presente aciago/tuya será del porvenir la gloria”.140En 1933, Max escribe un cuento en el que se debate la pertinencia o no de la dictadura como forma de gobierno, la tesis que se defiende es la de que: “Sólo una dictadura que persiga un propósito noble y definido puede cambiar de raíz nuestra estructura político-social”.141

En referencia a Max Henríquez Ureña, por ejemplo, archivos oficiales ingleses contienen un informe confidencial en el que se dice lo siguiente: “Ha perdido prestigio al incorporarse a la actual administración y se le acusa de estar principalmente preocupado por obtener posiciones en el gobierno para su familia”.142

Pedro Henríquez Ureña (PHU, donde aparezca), el delfín del “Clan Henríquez Ureña”, se integra a la dictadura trujillista en 1931, y presenta sus credenciales ideológicas con una conferencia (enero/1932), a la que, claro, asiste Trujillo, y en la que convoca a la nación a dar apoyo al dictador: “Ahora, en 1932 Santo Domingo está en vías reales de reorganización, de renovación gradual: proceso que reclama la atención y la colaboración de todos los dominicanos”.143Viaja a Puerto Rico (mayo/1932), allí la prensa le pregunta: ¿cómo ve usted la obra de gobierno del joven mandatario General Trujillo?, contestó: “Me parece un gran esfuerzo, digno de la colaboración de todos los dominicanos…Todos reconocen…que el presidente es un gran laborioso y un gran organizador. Es una personalidad original en las Antillas; un militar que lleva al gobierno grandes virtudes civiles, 144 y que lleva a la administración pública, no el espíritu de improvisación que es usual en nuestros militares tropicales, sino disciplina y método”.145

En 1932. Trujillo, con un discurso central, inaugura el Ateneo Dominicano, Andrés L. Mateo sostiene que dicho discurso: “Probablemente fue escrito por Pedro Henríquez Ureña. Quien no estaba ajeno a las numerosas actividades culturales del régimen al principio de la “Era”. Al lingüista no le cabe duda alguna, entiende que “el estilo, y el orden jerárquico” del discurso “conducen a Pedro Henríquez Ureña”.146 Según Mateo, PHU sale del país y se “mantiene en silencio durante toda su vida en relación con Trujillo”.

En 1933 el Listín Diario recoge una entrevista a Pedro, allí considera a Trujillo como “un gobernante de excepcional energía, y de excepcional capacidad”, como el civilizador de la nación: “Trujillo está realizando la verdadera unificación del país, aboliendo el caudillaje local y creando relaciones frecuentes entre todas las regiones. Con estas relaciones constantes entre las regiones del país podemos alcanzar alto nivel de “densidad moral”, signo de verdadera civilización”.147

En 1936, desde Argentina, le escribe a un amigo en Costa Rica: “ningún dominicano debe de escribir en Buenos Aires, ni en ningún lugar distante de Santo Domingo, contra el presidente de Santo Domingo”.148En la interpretación histórica de Pedro el régimen de Trujillo significa progreso y reorganización, poco antes de morir publica el ensayo de síntesis histórica: “La República Dominicana desde 1873 hasta Nuestros Días”, en este escrito evalúa el periodo -1930/42- del régimen de Trujillo. La evaluación es altamente positiva, para él se trata de un momento de reorganización y desarrollo: ““Electo presidente… Trujillo…se realiza entonces vasta labor de reorganización y desarrollo”. Reelecto Trujillo en 1942 vuelve el progreso: “Nuevamente en la primera magistratura Trujillo ha mantenido al país en franco progreso económico y cultural”.No hay la más mínima referencia al rasgo tiránico del trujillismo, incluso calla hechos tan abominables como el genocidio de 1937: “En la frontera con Haití, cuya delimitación es ya definitiva, se fundan nuevos centros de población y se fomentan los existentes, con grandes obras y servicios públicos”.El texto exalta los logros de Trujillo y silencia la brutalidad criminal del Jefe por eso, ciertamente, “arroja sombras sobre la probidad intelectual”149de Pedro Henríquez Ureña.

La temprana integración del “Clan Henríquez Ureña” al trujillismo provoca polémica, la discusión gira en torno a la relación de PHU con el régimen trujillista: ¿Fue P.H.U. partidario, defensor del despotismo trujillista? José Antinoe Fiallo, consistente intelectual, ha replanteado el expediente de la filiación trujillista de PHU la defensa en su momento la asumió el Estado y la intelectualidad Pedrista, sostiene naturalmente que no, que PHU no fue trujillista. La argumentación ha sido intelectualmente pobre, se ha basado en los argumentos de la conmiseración, de la ignorancia y de la neutralidad. Orlando Inoa plantea que: “Las relaciones entre Pedro (…) y (…) Trujillo fueron ambivalentes. Su concepto de libertad y justicia le apartaba de los postulados de Trujillo…las relaciones entre ambos fueron muy cordiales, siendo en lo personal muy estrechas…”, sostiene que: “Aunque no comulgó con las ideas de Trujillo, lo respetó y consideró”. Para concluir en el argumento de la neutralidad: “La neutralidad de Pedro…frente a Trujillo…” Andrés L. Mateo, por su parte, ha escrito un opúsculo para justificar el momento trujillista de P.H.U.: ¿Por qué vino Pedro Henríquez Ureña en 1931? De entrada señala: “Nuestro objetivo es exclusivamente las causas por las cuales se vio obligado a regresar al país en el 1931”. Como se observa se parte de la premisa de que PHU “se vio obligado” a venir al país. No vino voluntariamente, sino obligado por circunstancias de fuerza mayor: la necesidad económica, se nos presenta a un Pedro en apuros, en medio de una crisis y urgido de un empleo bien remunerado (el argumento de la conmiseración). Por otro lado, Mateo defiende la increíble tesis de que se trata de una personalidad que al momento del regreso era un idealista que “está completamente ajeno a la naturaleza del régimen trujillista” (el argumento de la ignorancia), que quería servir al país, pero fue dos veces víctima, primero lo fue del “espejismo nacionalista del trujillismo” que “le había hecho pensar” que sí podía servirle al país. Segundo, PHU fue víctima de Trujillo: “Hay documentación abundante que demuestra que Trujillo utilizó a los Henríquez Ureña en el plan concebido para deshacerse de Rafael Estrella Ureña, y es en esta jugada maestra en la que, sin saberlo, entra Pedro Henríquez Ureña…”

La conclusión de Mateo es la que “con el temor de afectar a su familia” PHU no se pronuncia en contra de Trujillo: “Con respecto al régimen mantuvo un discreto silencio en el exterior, pero al momento de su muerte su separación con el mismo era radical”. En síntesis, tenemos a un PHU, primero, íntimo de Trujillo que “obligado” por la necesidad de empleo acepta trabajar para su amigo. Segundo, políticamente neutral e ignorante de lo que pasaba termina siendo una víctima que rápidamente se separa del régimen.

CONCLUSION Sobre la crítica PHU decía: “Confío en que el respeto a las figuras venerables no cortará las alas al libre examen, porque la crítica es en esencia homenaje, y el mejor, pues como decía Hegel: sólo un grande hombre nos conduce a la tarea de explicarlo”.

Soy de la opinión de que la participación de PHU en la burocracia, por breve que fuera, sus cartas, declaraciones a la prensa, sus relaciones personales con Trujillo y el ensayo histórico comentado revelan claramente que sí lo fue. Para refutar esta opinión de seguro sería remitido al opúsculo de Mateo para que me lea el último anexo: “Pedro Henríquez Ureña y su Patria la República Dominicana”, conversación con Pericles, en la que este invita a PHU para que se integre a la lucha contra Trujillo, invitación en principio aceptada con dos reparos, el primero es la dispersión del exilio antitrujillista dominicano, el segundo es la familia: “tengo otro problema que resolver, como es el de mi familia. ¿Cómo abandonar mi trabajo y me voy con la familia a emprender una lucha que puede durar muchos meses o muchos años? El Conversao entre Pedro y Pericles tuvo lugar el día miércoles 8 de mayo del 1946 y Pedro moriría tres días después, la muerte no le permitió demostrar en el terreno de la lucha política que fuera “un firme antitrujillista”, conclusión insostenible de Franco Ornes y parece que de Mateo.

Pesimismo: Corriente del pensamiento social dominicano que sostiene la más profunda infravaloración socio-histórica, étnica, ética e intelectual del pueblo dominicano, ________Nación/Poder ______Intelectuales y poder.