Thursday, January 04, 2007

HISTORIA DOMINICANA: OCUPACIÓN MILITAR EE.UU

LAS VERDADERAS RAZONES DE LA SEGUNDA INVASIÓN MILITAR DE LOS ESTADOS UNIDOS A LA REPÚBLICA DOMINICANA (1965)
Por : Nelson Enrique Díaz
Los apuntes que siguen forman parte de una investigación más amplia acerca de la reforma agraria y la lucha de clases en Republica Dominicana durante el periodo del 1962 al 1978. Están basados en un estudio de varios documentos desclasificados del Departamento de Estado de los Estados Unidos de América. Ellos reflejan la paranoia de Washington por la influencia de la revolución Cubana en el Caribe, y además, el acendrado odio y desconfianza de algunos funcionarios de los Estados Unidos, y especialmente de la misión diplomática en nuestro país, al profesor Juan Bosch.
La sociedad dominicana estuvo inmersa en una situación política sumamente critica después del derrocamiento del gobierno constitucional de Juan Bosch el 25 de septiembre del 1963. El gobierno del Triunvirato que le sustituyó, el cual representaba los intereses de las capas más conservadoras y retardatarias de la clase burguesa dominicana (la comercial exportadora e importadora, y también representaba a las clases latifundistas), fue incapaz de tomar las providencias necesarias para estabilizar política y económicamente el país, a pesar de que este gobierno ilegitimo contó, desde su instalación hasta su derrocamiento producido el 24 de abril del 1965) con el apoyo de los Estados Unidos de América.
De todos modos, para el año del 1965, el gobierno de facto experimentó un gran deterioro producto de diversos factores, como la corrupción entre sectores de la administración pública, incluyendo las fuerzas armadas; pérdida de sustentación en fracciones del estamento militar; su falta de apoyo popular, su carácter rotundamente represivo, su afán continuista y su decisión de mantener en el exilio a figuras claves de la política dominicana: el doctor Balaguer y al profesor Juan Bosch. El derrocamiento del triunvirato se produjo el 24 de abril del 1965 mediante un golpe de estado organizado por el Partido Revolucionario Dominicano, el Partido Revolucionario Social Cristiano, y elementos jóvenes pro Bosch en las Fuerzas Armadas.Dada la importancia, y el papel que jugó el gobierno de Washington en la crisis dominicana después de derrocamiento del presidente de facto, Donal Read Cabral, y su ulterior apoyo incondicional al doctor Balaguer, tanto para que ganara las elecciones del 1966, como a todo lo largo del período de los doce años de su gobierno, nos parece sumamente interesado estudiar a fondo todo el proceso que culminó con la ocupación militar de los Estados Unidos el 28 de abril del 1965, para conocer la forma en que los mecanismos de seguridad y la propia Embajada operaron, y funcionaron durante el período histórico que abarca nuestra investigación. Para ello, nos valdremos de muchos documentos desclasificados del Departamento de Estado de los Estados Unidos de América, que brindan mucha luz sobre las motivaciones de la ocupación militar del 28 de abril, y especialmente, muestran de forma concreta la manera de que como operaba la CIA, y la Embajada y su papel en la política exterior de los Estados Unidos en relación con nuestro país.3.1.1 Golpe de estado el 24 de abril del 1965.
El derrocamiento del gobierno de facto encabezado por Donald Read Cabral, se produjo el 24 de abril del 1965. El golpe estaba dirigido por el Teniente Coronel Miguel Ángel Hernando Ramírez. El golpe de Estado se inició en el campamento militar 27 de Febrero, cuando el capitán Peña Taveras arrestó al general Rivera Cuesta, legal del Presidente, quien había previamente ordenado el apresamiento de algunos de los militares involucrados en la trama conspirativa. Estos militares, incluyendo el coronel Rafael Fernández Domínguez estaban vinculados estrechamente con la cúspide del Partido Revolucionario Dominicano, encabezado por Juan Bosch, quien se encontraba en esos momentos viviendo en Puerto Rico, en calidad de exiliado político. En la conspiración en contra del gobierno de facto también participó el Partido Revolucionario Social Cristiano, dirigido por Canoabo Javier Castillo, quien firmó con Juan Bosch, un documento conocido como el Pacto de Ríos Piedra, que perseguía el derrocamiento de Read para reponer a Bosch a la residencia, sin elecciones.
Los partidos de la izquierda revolucionaria, no participaron de manera directa en la organización y ejecución del Golpe del Estado, como falsamente le informó la Embajada Americana en el país al Departamento de Estado, concretamente señalaron al 14 de Junio, como coparticípate en el derrocamiento de gobierno de facto (más adelante veremos el documento donde se hizo esta afirmación).
La embajada de los Estados Unidos, al través del Encargado de Negocio, William Connett , envió el mismo 24 de abril a las 5:04 de la tarde, un telegrama al Departamento de Estado, informándole del golpe contra el gobierno de facto. Me parece sumamente interesante analizar este informe enviado por la Embajada, Departamento de Estado, en torno a la situación coyuntural existente el 25 de abril en la República Dominicana.
Lo primero que resalta en el citado documento, es el desconocimiento inicial de la embajada del carácter del movimiento, al señalar como algo sin importancia, y natural, que el renunciante Read, buenamente le traspasa el gobierno al general Lluberes Montás, simpatizante de Balaguer, y quien por supuesto, no había participado directamente en el golpe, y este procedió a formar una junta militar. Este informe no es nada realista, con lo que realmente estaba pasando. Pues, el coronel Hernando Ramírez, era realmente el cabecilla del golpe, y para la embajada este el 25 de abril, parece no importar. Lo que realmente, hay detrás de esta parte del informe, es que la Embajada pretendía, que después del golpe se creara una junta militar (que impidiera el motivo fundamental del derrocamiento de Read Cabral que era el regreso de Bosch). Obviamente, que esta alternativa, era inaceptable para la embajada. La Embajada distorsionaba la realidad dominicana, cuando afirmaba que el Doctor Donal Read Cabral hasta el 24 de abril del 1965, gobernó la República de manera eficaz y responsable. En primer lugar, el hecho de que se produjeran una gran cantidad de huelgas, movilizaciones populares, represiones gubernamentales, etcétera, es una evidencia irrefutable de la incapacidad manifiesta de Read para dirigir un país envuelto una profunda crisis de hegemonía. En segundo lugar, la corrupción en la administración pública era generalizada; especialmente, algunos mandos militares estaban traficando con mercancías traídas del extranjero, utilizando aviones de la fuerza área dominicana; la colocación de estas mercancías en el mercado local, vía las llamadas cantidades policiales, produjo grandes fortunas en manos de esos militares corruptos. Por eso, no se puede afirmar que el gobierno que encabeza Read, fuera responsable.
También fue una gran mentira de la embajada americana -repetida, lógicamente, por el Departamento de Estado en su telegrama al Presidente Jhonson para justificar el golpe contra Bosch- afirmar que éste fue un Presidente incapaz, irresponsable y ineficiente.
La otra gran falsedad del informe es la afirmación de que Read había dimitido, para evitar una gran matanza, no obstante, la verdad es que más que renunciar, o dimitir, fue derrocado por el golpe del 24 de abril; pero asimismo, dimitió porque no solamente los militares constitucionalistas eran adversos al gobierno, sino que inclusive la cúspide militar en la base de San Isidro: De los Santos, Wessin; los altos jerarcas militares de la Marina, como Rivera Caminero; también los militares del Clan de San Cristóbal, eran contrario a la permanencia del triunviro Donal Read Cabral, en la presidencia de la República .
Un dato interesante que aparece en este documento, y que respondía a la verdad de la situación del país, era que las tropas constitucionalistas, estaban repartiendo armas a los civiles. Estos conjuntamente con los militares se apoderaron del Palacio Nacional. Asimismo, el informe se refiere al hecho de que los militares “leales” al régimen, dudaban de poder controlar la situación. En esta afirmación llama la atención la mención a los “militares leales al régimen”. La verdad, es que –como apuntamos mas arriba- a la altura del 25 de abril, el gobierno carecía de militares “leales”. Por lo cual, este termino debió tener otra connotación para los funcionarios de la embajada. Me luce, que ello prueba que los mismos estaban ya prejuzgados en relación con el movimiento constitucionalista. Es decir, que los militares constitucionalistas, no eran militares leales, digamos al la democracia, sino simplemente rebeldes (esto recuerda un poco, el epíteto de gavillero, utilizado por los estadounidenses, para referirse a los que resistían la ocupación del 1916).
En un telegrama enviado desde la Casa Blanca al residente Johnson, quien se encontraba en Camp David, el 25 de abril, se le dieron los informes concretos del derrocamiento del gobierno de Read Cabral. No sabemos porque en ese documento no se mencionan a los militares participantes en el golpe de estado, y solamente se habla de Peña Gómez y Miguel Soto, como si fueron ellos que organizaron o iniciaron el movimiento. La realidad, es que aparentemente en el golpe del 24 de abril, no tuvo ninguna participación organizativa ninguno de los dos. De todos modos, para la embajada y el Departamento de Estado, Peña Gómez era un agitador, experto, no un dirigente del PRD, identificado con el retorno a la constitucionalidad, lo que implica naturalmente, el regreso de Bosch a la Presidencia. Pero asimismo, según el informe, José Francisco Peña Gómez, estaba atado a la extrema izquierda, lo que era decir, vinculado con el “satanismo”, o sea, al comunismo.
Pero, es importante el señalamiento de que tanto el Partido Comunista Dominicano, como el Movimiento Popular Dominicano no estuvieron implicados en el derrocamiento del gobierno. Porque obviamente, ese solo hecho, daría un mentís, al alegato justificativo de la ocupación militar del 28 de abril de que los comunistas controlaban el movimiento pro constitucionalista. Puesto, que el sentido común político, dice que si ellos los comunistas no planificaron, no organizaron el movimiento constitucionalista, de que forma, como, podrían ellos transformar dicho un movimiento en uno comunista, que convirtiera a la República dominicana en otra Cuba. O es que acaso, los dirigentes del Partido Revolucionario Dominicano, y los militares que lo apoyaron eran tan ingenio, o incapaces, para que 100, 54, o 12 comunistas lo desplazaran del poder militar y político. Claro que se señala en el telegrama que el 14 de Junio estuvo involucrado en la trama, pero esto es falso. Pues, ellos supieron del golpe del 24 de abril, luego de haberse producido; no antes.
En el penúltimo otro telegrama enviado por el Departamento de Estado , se expone un análisis que resulta interesante de las causas, y la forma en que devino la división de las Fuerzas Armadas a raíz del golpe del 24 de abril. Resalta en este documento, el hecho de que el Departamento de Estado reconoce, que en las fuerzas armadas había un grupo de militares vinculados a Balaguer, inconforme o disgustados con la determinación de Read, de impedir el retorno de Balaguer, sin embargo, esos militares, contarios a los bochistas, no promovía el divisionismo en la institución castrense, como los hacían, los bochistas. Tampoco, en el documento se oculta, la realidad de que los militares balagueristas, incluyendo los de San Isidro, no apoyaban el gobierno, y por consiguiente, también llevaron la división en la institución militar.
En el documento se reconoce el hecho de la existencia de un disgusto en militares honestos, como Francis Caamaño, Rafael Fernández Domínguez, que desde hacia tiempo estaban disgustado con la corrupción en las fuerzas armadas. No obstante, Washington seguía apoyando al Gobierno de Read. Entonces, cabe una pregunta a que se debía ese apoyo tozudo, y persistente a un gobierno plagado de debilidades? En gran parte, la tiene la incapacidad de la Embajada en el país de calibrar la real situación del gobierno, y el aislamiento profundo de este en relación con la sociedad. Pero, esto se debía al punto de vista particularmente subjetivo y tendencioso del embajador norteamericano. “(…) en estas circunstancias históricas la política norteamericana en la República Dominicana, se sintetizaba en el odio acendrado hacia el Partido Revolucionario Dominicano, y particularmente, la hostilidad hacia el profesor Juan Bosch, y su mpatía or el presidente del triunvirato Donald Read Cabral, considerado por el embajador de Washington en República Dominicana, señor William Tapley Bennett como un político realista y manifiestamente “pro norteamericano”.Esta posición favorable a Balaguer de Bennet, fue literalmente asumida por el Departamento de Estado, y trasmitida a través de este documento-telegrama, al presidente Jhonson. Es decir, la embajada americana en realidad desconocía la magnitud y la profundidad de la división existente, no solamente en las fuerzas armadas, sino en la nación dominicana. Esta afirmación la hacemos, porque como se puede leer en la primera parte del la cita anterior, el Departamento de Estado afirmaba que el gobierno estaba en manos de una junta militar, y que esta podía conservar la unidad de las fuerzas armadas Pero además, la postura del Departamento de Estado era totalmente irrealista pues creer que la unidad de las fuerzas armadas podía “reestablecerse” era olvidar el objetivo primario del golpe del 24 de abril contra el gobierno: la reposición de Bosch.
En realidad, la junta militar carecía totalmente del suficiente poder para convocar unas elecciones. La embajada dada muestra, entonces, de un desconocimiento total de la coyuntura política en República Dominicana. En realidad, las convocatorias de las elecciones parece que era una de las opciones que la embajada deseaba. Por otro lado, la inclinación de los Estados Unidos por la figura de Balaguer, se desprende evidentemente del documento. El Departamento de Estado, muestra como características de Balaguer, por un lado, el hábil uso de la demagogia política aseveración que responde a la forma de hacer política de Balaguer, como cuando bajo el precio de artículos de primera necesidad durante su permanencia en el primer Consejo de Estado, para granjearse cierto apoyo popular. También es digno de resaltarse, por otro lado, el anticomunismo de Balaguer, reconocido claramente por el Departamento de Estado. Este punto es clave para entender la afirmación del gobierno de Washington de que “Podemos cooperar con él como lo hicimos en el pasado”. Esto prueba fehacientemente, que mucho antes de las elecciones del 1966, luego de la derrota del movimiento constitucionalista producto de la invasión del 28 de abril, ya Balaguer representaba la mejor ficha del imperialismo norteamericano.
En los archivos desclasificados, se encuentra una interesante conversación telefónica entre Tomas Mann, Secretario de Estado de Asuntos Económicos, y el presidente Jhonson. En ella se observa el desconcierto del gobierno de Washington a los dos días de iniciado el derrocamiento del gobierno de Donald Read Cabral. A continuación, copiamos el documento: Es evidente que muy temprano, es decir, el día 26 de abril en la mañana, ya la embajada de Estados Unidos en República Dominicana, estaba llegando a la convicción de que la crisis dominicana estaba alcanzando un punto que lo obligaría a llevar a cabo una segunda intervención armada a nuestro país: “Acabo de preguntar si puede ser que alertemos la defensa, nosotros puede ser que tenga que llevar tropas y transportar material, en caso de que las cosas empeoraran”. En primer lugar, ya sabía el gobierno de Estados Unidos, que en el bando rebelde, había una gran cantidad de tropas apoyando el regreso de Bosch, sin elecciones, eso por un lado. Por el otro, se percibía “un caos”, es decir, una situación en la cual los sectores populares, el pueblo dominicano ubicado en la ciudad de Santo Domingo, estaban tirados a las calles. Es decir, que definitivamente las llamadas tropas regulares o leales (no sabemos a quien), eran incapaces de controlar el torrente del espíritu revolucionario que embargaba a los constitucionalistas.
El documento es importante para confirmar lo que siempre se ha dicho en relación de que el movimiento desde sus inicios, se concentró en la capital. Es decir, los militares -favorables a Bosch- que organizaron la conspiración no visualizaron la importancia que era para lograr sus objetivos, asegurarse del apoyo de las fuerzas militares de interior. Así, que respondía a la situación real, la afirmación del gobierno de Washington de que “las lealtades de las tropas fuera del capital siguen siendo inciertas”. Por supuesto, que esta parte del mensaje de la declaración de Mann es desde la óptica de los intereses del imperialismo, es decir, cuando se habla de lealtades se refiere a las lealtades al grupo de Wessin y de los demás sectores antibochistas. Ya sabemos, que después del 28 de abril definitivamente esas tropas del interior se decidieron por apoyar sus viejos amos extranjeros, y se inclinaron por el gobierno de concentración nacional, y por la reacción.
En la conversación de marras, más adelante se confirma la determinación de Washington de hacer una verdadera escalada militar en República Dominicana. “Hemos alertado la defensa contra la posibilidad de tener que desembarcar a alguna gente adicional en caso de que necesitemos los 1400, y no sean suficientes” . Es decir, que el desembarco no fue producto de la petición del coronel Benoit a los Estados Unidos, para que intervinieran. Ya el imperialismo estaba claro de la necesidad de la intervención armada. Y claro, además, de que la ocupación era para doblegar y frustrar el retorno de Bosch.
Es más la embajada ya tenía el informe de que los constitucionalistas se estaban preparando para atacar las tropas de Wessin y Wessin, y que, luego en 26 de abril en la mañana, se detuvieron. El 27 de abril en la mañana, se produjo otra conversación entre Tomas Mann y el Presidente Jhonson . Es decir, que dada la situación crítica que se le estaba presentando a los militares “leales” en el día 27 de abril, se puede deducir que la embajada americana, estaba ya presta a solicitar la intervención armada. De hecho, se nota la forma desperada en que actuaba la embajada, y su intención de combinar militarmente las fuerzas de Wessin y Wessin, o sea el CEFA, y la Marina. Así, que es claro que su intención y objetivo no era salvar vidas norteamericanas, si no impedir el avance y el triunfo de los constitucionalistas. 3.1.2 Instalación del gobierno de Molina y Ureña y actitud de la embajada frente al mismo. De todos modos, el giro de la situación de la República Dominicana el día 26 de abril, produjo cierto aprensión en el Departamento de Estado, el cual le envió un telegrama a su Embajada en nuestro país, en cuya primera parte se expresaba cual era el objetivo de la política exterior de los Estados Unidos: “Establecimiento del gobierno provisional. A.
Nuestros objetivos primarios son restauración de la ley y de la orden, prevención de la toma de posesión comunista posible, y protección de vidas americanas” . Por supuesto, que esta posición del gobierno de los Estados Unidos, fue inducida por los errores informes de la propia embajada, y de la estación de la CIA, en nuestro país. Particularmente, nos referimos a la afirmación de que parte de su objetivo primario era evitar la toma de posesión comunista. Evidentemente, querían un gobierno provisional, pero es interesante resaltar la hipocresía norteamericana de que querer un gobierno provisional, pero no cualquier gobierno provisional, sino uno que estuviera encabezado por un elemento claramente norteamericano, y lo mas lejos del profesor Juan Bosch. Por otra parte, querían restablecer el orden, pero un orden bajo la hegemonía de los militares de San Isidro, es decir, el orden que asegurara la estabilidad política, pero sin volver a la constitucionalidad bajo la presidencia de Bosch, el cual representaba el verdadero orden tanto constitucional, como legitimo. En realidad, los responsables en gran medida de de la falta de “orden” eran el propio gobierno de los Estados Unidos.
Por otra parte, porque entonces no apoyaron el gobierno provisional de Molina Ureña, el cual tenía todos los visos de legalidad, sencillamente porque el mismo procedía del bando constitucionalista. Es más, el Departamento de Estado, tenía la posición de que: “Entendemos que el gobierno provisional de Molina Urena no tiene el control de la situación” . En efecto, cuando Molina Ureña, conversó con los uncionarios de la embajada, estos lo humillaron y lo instaron a rendirse, ante los bombardeos sistemáticos de la fuerza aérea, y la marina dominicana. Llevándolo a él y a los principales cabecillas militares del movimiento constitucionalistas, a asilarse.
En realidad, en el análisis del Departamento de Estado estaba la falsa premisa, de que las fuerzas leales tenían cierto equilibro con el movimiento constitucionalista el 26 de abril. Precisamente, de ahí su negativa a reconocer a Molina Ureña, e incluso a negociar un cese al fuego con la fuerza militar de San Isidro, sus títeres. Esta actitud, se desprende de otra parte del telegrama que estamos analizando, en el cual se puede leer lo siguiente: “También entendemos que la situación ha cambiado materialmente desde ayer (de abril el 26) y que la posición de Wessin y de de los Santos y compañía ahora se parece balanceada más uniformemente con la de fuerzas rebeldes”. Precisamente, por ello la posición arrogante y altanera de la embajada. Ellos creían erróneamente que el éxito de los militares “leales”, estaba al doblar de la esquina.
Por eso es que el Departamento de Estado instruye a la embajada en el sentido de que “B. Creemos que usted debe entrar en contacto con los líderes militares de las fuerzas rivales, y sugerirles el establecimiento una la junta militar que actúe como un gobierno provisional. Esta junta tendría objetivos de restaurar ley y orden, de prevenir la toma de posesión comunista, y de celebrar elecciones libres y democráticas tan puntualmente como sea factibles” (las itálicas son nuestras, ned) . Aquí vemos el origen del famoso gobierno de Reconstrucción Nacional, encabezado por el General Antonio Imbert Barreras, el “héroe del 30 de Mayo”, Por supuesto, que esa famosa junta, como dijimos integrada y encabezada por el tristemente celebre general Benoit, el que suscribió la nota preparada por la embajada solicitando la intervención militar de los Estados Unidos, que dio paso el gobierno de reconstrucción. Naturalmente que el bando constitucionalista, siempre mantuvo la posición del retorno de Bosch, y por consiguiente, nunca estuvo dispuesto a aceptar la idea del Departamento de Estado, de la formación de una junta militar. Es interesante, la reiteración de que la Junta debía prevenir la toma del poder por parte de los comunistas. Esta reiteración lo que prueba por un lado, o que la embajada y la misma CIA, desconocían la influencia real de los comunistas, en el movimiento constitucionalista, e incluso, en la República Dominicana como una totalidad. Es decir, que hoy sabemos claramente que en ningún momento hubo la mínima posibilidad de un control comunista unilateral del movimiento constitucionalista. O que ella estaba muy consciente de que era imposible la formación de otra Cuba en el Caribe, en nuestro país, producto de la debilidad del movimiento revolucionario, y que simplemente estaba usando el peligro comunista para ocultar su verdadero propósito: evitar el triunfo del movimiento favorable a Juan Bosch. Nosotros, nos inclinamos por esta última alternativa. El bando constitucionalista tampoco aceptó la formación de un gobierno provisional conjuntamente con los militares “leales”, es decir, pro imperialista, porque la afirmación, de que este gobierno debía llamar tan pronto las condiciones sean factibles a las elecciones, era poco menos que una demagogia del Departamento de Estado.
Esta proposición no era confiar por parte de los constitucionalistas. Porque, había que suponer que el profesor Juan Bosch debía participar en dichas elecciones libres y democráticas. Entonces, a los organizaciones del golpe del 24 de abril, a favor del retorno a la constitucionalidad, seguramente le pasó por la cabeza el hecho de que harían los enemigos de Bosch, tanto civiles, militares y extranjeros, como el gobierno de Washington, si este ganaba nueva vez las elecciones. Por ello, es que la posición de la embajada fue totalmente parcial, irreal, y absurda. Asimismo, resalta en el telegrama la sugerencia del Departamento de Estado, que los funcionarios de la embajada no debían involucrarse mucho en los detalles de la formación de la junta. Esto es la política de Maria Ramos, de tirar la piedra y esconder la mano. O como, otro refrán popular dice: A dios rogando y con el mazo dando”. Por otra parte, el punto de que no hubiese represalia, entre los bandos, es sumamente risibles. Porque solamente debemos recordar las acciones represivas, y criminal durante el gobierno provisional, apoyado por los Estados Unidos, y la títere FIP, encabezado por Héctor García Godoy.
En definitiva, esta posición intervencionista de los Estado Unidos en la coyuntura de abril del 1965, provocada en gran parte, por la actitud recalcitrante y fanáticamente anti bochista, tuvo como consecuencia, el paso que se dio el 28 de abril: la ocupación militar del territorio dominicano, la cual trajo pérdidas de vidas de muchos dominicanos, de algunos estadounidenses, y de muchos millones de dólares. Por supuesto, que seguramente si la embajada hubiese previsto el giro militar de la situación, cuando las fuerzas de Wessin y Wessin dieron muestra de incapacidad para tomar el centro de la Ciudad de Santo Domingo, y cuando a pesar de los mortíferos bombardeos en el Puente Duarte, la Televisa, y el Palacio Nacional, no lograron desanimar ni dispensar ni derrotar a las tropas constitucionalistas.
Es interesante, para confirmar nuestra tesis de que el manejo de la embajada en la crisis dominicana del 1965 fue errático, y torpe, analizar la forma en que fue recibido por los funcionarios de la sede diplomática, el Presidente Molina Ureña, conjuntamente con cabecillas militares constitucionalistas. De acuerdo a lo que se desprende de la lectura de un telegrama enviado por la embajada al Departamento de Estado, los constitucionalistas llegaron a la embajada a las 4 de la tarde del día 27 de abril. Según el embajador Bennet, “Molina Ureña, nervioso y desanimado, intentaba difícilmente llevarse como presidente constitucional y fallaba desgraciadamente” . Lamentablemente, es cierto que el Presidente Molina Ureña, en vista de que no había obtenido el apoyo de los Estados Unidos, se desmoronó, especialmente, por la forma despreciativa en que fue recibido por el embajador, quien lo acusó de ser lo responsable del baño de sangre en que se encontraba la República Dominicana. Además, de haber desatado fuerzas superiores a sus posibilidades, las cuales no podían controlar; las palabras precisas del embajador fueron la siguiente: “Hice claramente nuestra opinión enfática que el vertimiento sin sentido de la sangre debe terminar, en la misma hora que los recordaba que era su acción del sábado, la que iniciaron esta la lucha fraticida”. Es decir, que el embajador en vez de expresar una posición equilibrada, diplomática lo que hizo fue humillar tanto a Molina Ureña, como al coronel Hernando Ramiro y el coronel Caamaño, y los demás militares que participaron en esa histórica reunión. asimismo, el embajador insultó la inteligencia de los constitucionalistas, y especialmente de los militares constitucionalistas cuando mintiendo descaradamente, apuntó que “Les recordé que los EE.UU. leal habían apoyado Bosch al final de su gobierno y más allá y habían hecho claramente su desaprobación enfática de su derrocamiento” . En realidad, esta afirmación fue una gran burla. Porque todos los que estaban presentes en la reunión, por la posición que efectivamente ocupaban en el momento el 25 de septiembre del 1963, sabían que efectivamente los Estados Unidos, su embajada en República Dominicana, los agregaros militares, etcétera, estuvieron involucrado en el derrocamiento de Juan Bosch.
Asimismo, la actitud intolerante y prepotente del embajador se puede inferir, de la afirmación categórica, extemporánea de que ellos –los constitucionalistas- habían fracasados en su intento de reponer el gobierno de Juan Bosch. “Eso había sucedido (se refiere al derrocamiento de Bosch, ned), sin mbargo, hace más de dieciocho meses. El esfuerzo más último de restaurar Bosch era obviamente fracasado y en un cierto punto uno tuvo que comenzar de nuevo”. Es decir, que para el 27 en la tarde, el embajador ya tenía formado un juicio acerca de la crisis dominicana: el movimiento había fracasado. Pero, eso respondía realmente a la realidad? Los eventos posteriores a la reunión de Molina Ureña, y los militares constitucionalistas probaron el grave error del embajador. No obstante, es cierto que la idea de que ellos debían rendirse, que se desprende claramente de la frase “se debe empezar de nuevo”, afectó y hundió mas en la desesperación a Molina Ureña, y Hernando Ramírez, y muchos de los cabecillas del movimiento, a tal punto que cuando terminó la reunión se fueron a asilarse a diferentes consulados y embajadas extranjeras. Esta actitud, de abandono y abatimiento, se hizo mas patente, con la afirmación desproporcionada y subjetiva del embajador de que el Partido Revolucionario Dominicano, había favorecido la influencia comunista en el movimiento. “En grupo completo y en la conversación privada con Molina y un o dos cohortes civiles, subrayé y reiteré allí que estaba claro de que los comunistas se había aprovechado y tomado grande ventaja de su movimiento legítimo, siendo tolerado e incluso animado por PRD.
Observése que a pesar de de que el PRD, es un partido democrático del hecho, pero en realidad en efecto habían dado a comunistas manos libres, especialmente con la distribución militar de armas a muchos civiles, permitiendo y tolerando saqueos extensos, y el maltratamiento físico de personas inocentes” . Es decir, que la embajada reconocía que el movimiento era legítimo. No obstante, le pedían la renunciar al legítimo objetivo de que la República Dominicana retornara a su legítimo gobierno. Claro, que según el embajador habían pasado dieciocho meses del derrocamiento, como queriendo significar que ya eso había pasado, que eso era historia, y que había que comenzar de nuevo. Y por otro lado, le enrostraban a Molina Ureña, y a los militares que les habían permitido mucha ventaja a los comunistas. Sin embargo, probamos que esto era una gran mentira y falsedad, o perversidad del propio embajador. De hecho, los militares y los servicios de inteligencia tanto de la embajada como de las fuerzas armadas, solamente llegaron a nombrar unos 55 comunistas, luego redujeron la lista a unos 12. De manera pues, que la presencia comunista, que tanto asustaba a la embajada, fue un fantasma creado por ellos mismos para extorsionar a los constitucionalistas. Su preocupación de la muerte de civiles inocentes es la ipocresía más grande de la embajada. Basta recordar, como cuando se produjo la intervención descarada de los marines, ellos crearon el famoso cordón de seguridad, que separó a los combatientes constitucionalistas de la zona Norte de los constitucionalistas ubicados en la parte Sur, las tropas del CEFA, apoyada logísticamente por los invasores, llegaron a cabe masacre, y asesinatos masivos, ndiscriminados de civiles inocentes que vivían en los barrios de la zona norte. Y por supuesto, se opusieron en todo momento a aplicar el cordón para que las fuerzas constitucionalistas se equilibraran con las reaccionarias.
Otro aspecto muy interesante del telegrama que estamos estudiando, es la repulsa del embajador a servir de intermediario entre las fuerzas beligerantes, que le fuera solicitado por Molina Ureña. Decliné cortésmente, la oferta hecha por Molina que atiendo a negociaciones junto con el decano del Cuerpo de Paz, y el representante de la iglesia. Dije que no tenía ninguna autoridad a participar, y que era opinión de los EE.UU. Que cualquier acuerdo se debe alcanzar mediante conversación de los propios los dominicanos. Dije que mirábamos adelante a las elecciones tempranas, esperadas estarían enteramente libre, y eso quizás podrían ser supervisados por OAS si los dominicanos lo deseaban de esa manera.” Por supuesto, que esa posición era sumamente radical, y por supuesto, manifestaba el odio del embajador norteamericano, a los constitucionalistas, y especialmente, a Bosch. Según el embajador Bennet, al finalizar la reunión, Molina Ureña abandonó la embajada, como apesadumbrado y desalentado, y lentamente, conjuntamente con otros militares. Y en su telegrama, agrega la frase “como si ellos intentaran evitar salir otra vez en el mundo cruel”. En pocas palabras, Bennet, creía que no estaba terminado para los constitucionalistas. Es más, aparentemente observó temor y aprensión en el grupo. Sin embargo, algunos testimonios apuntan que uno de ellos; el mas orgulloso; uno que estaba lleno de vergüenza y de honor, dijo al salir: “seguiremos combatiendo”. Se trataba del heroico coronel de Abril: Francisco Alberto Caamaño Deño. Como se señalaba anteriormente, el presidente Molina Ureña se asiló, conjuntamente con Peña Gómez, Hernando Ramírez, Martínez rancisco, y otros, más. Mas esa no fue la actitud de Caamaño y Monte Arache , quienes se dirigieron valientemente, al lugar mas caliente en esos momentos: El puente Duarte. Su llegada le imprimió un nuevo giro a la situación; la moral de los combatientes constitucionalistas, y de las masas populares que apoyaban el retorno de Juan Bosch se elevó, y a pesar de los feroces bombarderos y de los cientos de muertos y heridos, los tanques del Wessin y Wessin, conjuntamente con los soldados del CEFA, fueron obligados a retornar y cruzar el Puente Duarte, en desornada retirada.3.1.3 Desesperación de San Isidro el día 28 de abril: solicitud de la intervención militar de los estados unidos
Precisamente, en ese momento el coronel Benoit que encabeza una junta militar, llamó por teléfono solicitando la intervención de los Estados Unidos. El embajador Bennet, recoge esta llamada en un telegrama enviado al Departamento de Estado: “Benoit, miembro de la junta, embajada llamada por teléfono para solicitar que ESTADOS UNIDOS aterrizan a 1200 infantes de marina "para ayudar a restaurar paz a este país." Es claro, que este llamado lo que significa claramente es la imposibilidad militar de que San Isidro penetrara y destruyera el movimiento popular constitucionalista. Y demuestra claramente, que la actitud obcecada y terca del embajador, era responsable de la profundizar de los combates, de cerramiento de sangre, y de la misma intervención militar de los Estados Unidos. Sin embargo, todavía Bennet no comprendía en realidad lo que estaba ocurriendo en la República Dominicana.
Esta afirmación nuestra, responde a que a pesar de la derrota del ejercito regular en la famosa batalla del Puente Duarte, el señalaba que no era necesario el desembarco de USA, al afirmar que “No creo que la situación justifica tal acción en este tiempo”. Aunque, es claro que la idea de la intervención militar de Estados Unidos, ya estaba en su mente, en el tapete. En realidad, el había condicionado al Departamento de Estado, al informa la presencia determinante de los comunistas, y al informar de matanzas de civiles cometidas por los constitucionalistas, y otras falsedades.
Así, al final del telegrama, el asevera que “En cortocircuito, los agregados todavía consideran en esta etapa resultado en duda. El departamento puede desear hace una cierta planificación de urgencia en caso de que la situación se rompa aparte y deteriore rápidamente al grado que debemos necesitamos a infantes de marina en una prisa proteger a ciudadanos americanos”. Es decir, que para el 28 de abril, la embajada dudaba de los resultados de la situación militar. Sin embargo, sabían de la desesperación y la falta de moral de las tropas de San Isidro. De todos modos, ya le solicitaba al Departamento de Estado que se preparara para una eventual intervención armada, supuestamente para proteger a los ciudadanos estadounidenses, que valga la pena, afirmar no se encontraban en ningún momento en peligro, pues los combates principales se daban en la zona norte y el puente Duarte, donde ni por asomo habían norteamericanos. Pero, es bueno resaltar como había cambiado el pensamiento de Bennet de una arrogancia frente a los constitucionalistas con quienes se había entrevistados en la embajada, a la situación actual.
La discusión principal acerca de la necesidad o no de la intervención armada de los Estados Unidos, giraba en torno al “problema” de la presencia de los comunistas en el movimiento rebelde constitucionalista. En los archivos desclasificados que estamos analizando, existe una conversación telefónica entre el Director de la CIA, Raborn y el presidente Jhonson, la cual pasamos de inmediato analizar, y en la cual observaremos la forma maliciosa y falsa en que en primero se refería al asunto. Esta conversación es del 29 de abril, luego del desembarco de los 500 marines, destinado a llevar a cabo la evacuación de los ciudadanos norteamericanos.
Del análisis de este documento, se desprenden diferentes explicaciones, interpretaciones y conclusiones. Por un lado, es claro que para el 28 de abril las tropas regulares leales se encontraban desbandas y temerosas de la acción de las masas constitucionalistas. Es notable como el jefe de la CIA describe la situación como caótica, y en la cual la Policía Nacional, (cascos blancos) ya no controlaban la ciudad, y al tiempo, que las tropas del CEFA, están totalmente desmoralizadas. En cuanto a la primera, las principales estaciones de policías, habían sido asaltadas, incluyendo de la fortaleza Ozama. Se nota también en la conversación la falsedad de que las gentes de Bosch habían sido desplazadas por los extremistas castristas; resalta la gran manipulación de que se estaban produciendo fusilamientos sumarios (supuestamente, como en Cuba), llevada a cabo, se sobreentiende, por los “castro comunistas”, pues según el Director de la CIA, la gente de Bosch no era capaz de tales atropellos. Todas estas falsedades, para llevar al ánimo del Presidente, y del Pueblo de los Estados Unidos, de la necesidad de la intervención armada.
También es significativa la afirmación del Director de la CIA, que habían identificados a 8 comunistas de manera positiva, y que, además, remitió una lista a la Casa Blanca. Ahora, ¿cómo se puede explicar, que ocho comunistas o talvez 54 como en un momento se dijo que había, o 12 comunistas, podrían controlar, desplazar e imponerle un giro al movimiento pro Bosch, que desembocara en una nueva Cuba?
Finalmente, es interesante la preocupación del presidente de los Estados Unidos, en el sentido de que si ampliaba la intervención armada, eso le podría producir problemas con la OEA, cuando sabemos que Estados Unidos manejaba la OEA, que era una organización títere en sus manos. Pero, además, a los pocos días de tal aseveración, en propio Presidente ordenó el desembarco de casi 42,000 marinos a la República Dominicana. Ahora, astutamente en este punto, el Director de la CIA, retoma la presencia comunista en el movimiento, y todavía, mas apunta “No tengo duda en mi mente que es el inicio de la expansión de Castro”. Obviamente, todas esas desinformaciones crearon el ambiente definitivo para la escalada estadounidense en República Dominicana, puesto que si la crisis dominicana daba el inicio a la expansión de Castro, era lógico que los Estados Unidos, actuara de manera total y contundente para evitar tal cosa, y así, evitar que el fantasma del comunismo dominara la Isla Española.
Claro que se diría que el Presidente Jhonson portaestandarte de la lucha de contrainsurgencia en el mundo; un presidente militarista, vinculado a la poderosa industria de la guerra de los Estados Unidos, estuviese muy complacido, para tranquilidad de su conciencia, que el jefe de la CIA, la embajada, y todo su personal, estuviese de acuerdo, en que la crisis dominicana era una asunto montado por Castro.3.1.4 El futuro de la República Dominicana frente al eventual triunfo de los rebeldes según los Estados Unidos de América Ahora vamos a analizar otra conversación (tele conferencia), el día 29 de 29 de abril del 1965, ahora entre el Departamento de Estado y la Embajada, en la cual se nota aún mas el montaje de la fábula Castro comunista en la crisis del 1965, en la misma participaron Deputy Under Secy, Mann, el Embajador Bunker, Asistente del Secretario, Vaugh. Estaban presentes además, el Embajador Bennet y Connet.
Los temas tratados giraron en torno a la República Dominicana. Por supuesto, que la evaluación del Departamento de Estado fue provocado por todas las desinformaciones servidas por la CIA, y por la propia embajada. Por ello, no es casual que llevara a falsa conclusión acerca de las fuerzas políticas que incidían en el movimiento constitucionalista: si triunfan los rebeldes tendremos un régimen pro comunista. Sin embargo, mas adelante en el mismo documento ellos se refieren a que el interior del país, todo estaba en calmas. Todas las guarniciones militares sumamente tranquilas, ninguna había hecho ningún tipo de pronunciamiento, es decir, que en República Dominicana en el 1965, los comunistas carecían de la fuerza suficiente para establecer una nueva Cuba en el país. Sin embargo, el Departamento de Estado tenía tal evaluación, pero era honesta, era sincera, en el fondo ellos estaban convencidos de eso? Por supuesto que no. Fijarse que solamente habían identificados a 8 comunistas, y luego dijeron que eran 12; pero doce comunistas, o 54 comunistas pueden apoderarse de un país; o es que el Partido Revolucionario Dominicano, líder político de la Revolución iba a permitir tal giro del movimiento constitucionalista? Lo permitirían los militares al mando de la fuerza rebelde? Evidentemente que no. De manera pues, que el fondo se trataba simplemente de evitar el retorno de Bosch a la Presidencia. Naturalmente que la Embajada, al ser cuestionada en el sentido de si ellos recomendarían la escalada militar, simplemente dijeron que sí, porque la misma embajada, y la CIA, la llevaron al Departamento de Estado a ese punto.
Finalmente, la revuelta constitucionalista concluyó con la firma del Acta de Reconciliación por el presidente Caamaño y por el General Imbert Barreras, presidente del gobierno de Reconstrucción Nacional. Y la formación del un gobierno provisional encabezado por Héctor García Godoy; este recibió el apoyo de los Estados Unidos, y tuvo por misión principal preparar las elecciones de junio del 1966.
Ahora bien, en las elecciones del 1966, participaron como candidatos principales Juan Bosch por el Partido Revolucionario Dominicano, y el doctor Joaquín Balaguer, por el Partido reformista. Huelga apuntar que el candidato reformista contaba con el apoyo incondicional de Washington, pudiendo desplazarse libremente en toda la geografía nacional, haciendo su campaña electoral. En esta campaña prometió la realización de una verdadera revolución sin sangre, que llevaría a la República Dominicana a un progreso social y material. Por su parte, Bosch fue confinado en su casa, y limitó su campaña a misiones radiales, que definitivamente no calaron en la población campesina, y el pueblo dominicano general. Por demás, sus simpatizantes fueron reprimidos, y muchos fueron asesinados. Finalmente, el candidato del Partido Reformista fue declarado ganador de las elecciones, ascendiendo a la Presidencia, el 1 de julio del 1966.
BIBLIOGRAFIA Díaz, N. E. y González C., Silverio, 2000, Fundamentos de historia social dominicana, Ediciones Surco, Santo Domingo, Republica Dominicana.
Relaciones Extranjeras, 1964-1968, Volumen XXXII 1 Fuente: Archivos y administración nacionales de los expedientes, RG 59, archivos de ARA/CAR:

Ricardo Hernández: Historiador





RICARDO HERNÁNDEZ:


HISTORIADOR DOMINICANO


Ricardo Hernández. Nació en Cotuí, el 3 de abril de 1964. Obtuvo licenciatura en Historia en 1990 y Maestría en Educación mención Ciencias Sociales en el 1997, ambos en la Universidad Autónoma de Santo Domingo-UASD; en la actualidad se encuentra cursando el doctorado en Sociología en la Universidad del País Vasco. Es profesor de la Escuela de Sociología de la UASD en el CURNE San Francisco de Macorís desde 1999; técnico del Área de Ciencias Sociales en la Regional de Educación No. 16; director de proyectos de Comunidad Cosecha y miembro correspondiente de la Academia Dominicana de la Historia.

Investigador-consultor contratado en diferentes oportunidades por: Cornell University, University Massachussets, UASD, Agro-acción alemana, Parme-Unión Europea, Academia Dominicana de la Historia, Agencia de Realizaciones Comunitarias La Cabirma, Fundación Máximo Gómez, Participación Ciudadana, UNIBE, Intec, Archivo General de la Nación, Consorcio de Educación Cívica-PUCMM, Disesa y Actualidad Editorial 2000.


Ha publicado Las fiestas patronales en honor a la Inmaculada Concepción de Cotuí, desde sus orígenes hasta 1991 (1993), Hacia una propuesta de desarrollo en el municipio de Cotuí (1998), Notas sobre la participación haitiana en la Guerra Restauradora (1998), Queremos participar(2001), Diálogo y participación por el bienestar municipal(2001) y Gobiernos locales dominicanos: limitaciones y alternativas, diagnóstico institucional del Ayuntamiento de Cevicos (2004), Las organizaciones barriales en el nordeste de la República Dominicana (2004), Los movimientos sociales en el municipio de Cotuí 1975-1993, segunda edición,( Segundo lugar Concurso Nacional sobre Historia y Desarrollo de las Provincias Cibao Oriental, Comisión Permanente de Efemérides Patrias, 2005). Es coautor de Forests, gardens and tree farmas, gender class and community at wort in the landscapes of Zambrana-Chacuey (s.f.) y Las fiestas de carnaval en la Provincia Sánchez Ramírez (2000). Autor de textos escolares de los siguientes grados: cuarto, quinto, sexto, séptimo y octavo del nivel básico y primero, segundo, tercero y cuarto del nivel medio. En la actualidad (2997), estÁ desarrollando una compilación de documentos sobre Horacio Vásquez para el Archivo General de la Nación.


RICARDO HERNÁNDEZ: HISTORIA DOMINICANA

Los haitianos entre nosotros…

Ricardo Hernández

Introducción

Es propicia la ocasión para realizar una breve reflexión sobre el problema migratorio, de cara al caso específico de la emigración haitiana hacia la República Dominicana. Los avatares del flujo migratorio entre ambos países expresan la complejidad de las emigraciones en una época marcada por la desaparición de los aranceles y la porosidad de las fronteras, pero con un rechazo cada vez mayor a los extraños. Precisamente el problema migratorio expresa con toda nitidez las grandes contradicciones de la globalización.

A los emigrantes no se le acepta como personas, pero si en el desempeño de actividades laborales que le resuelven múltiples problemas al país receptor. La situación se complica cuando no se pueden mantener a los emigrantes en un estado líquido, donde asumen la forma del recipiente. Cuando el emigrante comienza a decidir por cuenta propia, inmediatamente se plantea que el extraño es daña la pureza.

Con relación a los haitianos la industria azucarera durante muchos años dependió de la mano de obra haitiana. En la actualidad la industria de la construcción depende casi en su totalidad de los haitianos, los dominicanos solamente participan en algunos trabajos especializados. La mano de obra haitiana se obtiene a menor costo, lo que favorece a los promotores directos e indirectos de esa actividad económica. Lo mismo ocurre con otros renglones productivos. Los haitianos generan muchos beneficios.

A pesar de la oposición que se tiene sobre la persona del haitiano, no así de su mano de obra, en la región Este de la República Dominicana en términos culturales, existen manifestaciones de una importancia capital que son de origen haitiano, donde participan haitianos y dominicanos.

La emigración haitiana representa un gran dilema y un desafío para la sociedad dominicana.

I
El fenómeno migratorio entre la República de Haití y la República Dominicana no es nada nuevo, desde el período colonial la movilidad de personas de un lado u otro de la frontera se convirtió en una práctica normal. Los esclavos de Saint Domingue (luego Haití), colonia de Francia buscaban refugio en la parte este (colonia de España) de la isla, donde el sistema esclavista era menos intenso.

En el 1801 los haitianos lograron su independencia de Francia, no obstante, amparados en el Tratado de Basilea, a través del cual España cedió la parte este de la isla a Francia, siempre aspiraron a ocupar esa parte del territorio de la isla. De ahí que a todo lo largo del siglo XIX se produjeron diferentes enfrentamientos entre dominicanos y haitianos por el control del territorio. Dentro de la agenda política de los sectores gobernantes haitianos se mantuvo la idea de gobernar toda la isla. Hasta que en el 1822 el presidente haitiano Jean Pierre Boyer ocupó el territorio dominicano aprovechando el vacío político que existía en la parte oriental. La ocupación haitiana se mantuvo por veintidós años. En ese período se crearon las condiciones para gestarse un movimiento político a favor de la independencia dominicana. El 27 de febrero de 1844 los dominicanos se independizaron.

Sin embargo, los gobernantes haitianos continuaron intentando ocuparnos. De su parte, los hateros (propietarios de tierra y ganado), sector social que hegemonizó el poder político en Dominicana después de la independencia, utilizó el interés de los haitianos en ocuparnos como un pretexto para buscar la protección de un país europeo o norteamericano que respetara sus propiedades e intereses políticos. Los hateros no creían en la independencia. Por lo que, en el 1861 lograron que España aceptara anexarse la República Dominicana. En la lucha en contra de la anexión se unieron sectores liberales haitianos y dominicanos. El triunfo obtenido por los dominicanos sobre los españoles en el 1865, estuvo muy marcado por la colaboración de los haitianos. Los dominicanos cruzaban la frontera para protegerse, buscar dinero y armas.

II

Como se puede observar, en diferentes coyunturas ambos conglomerados sociales se han auxiliado mutuamente. Sin embargo, muchos intelectuales han manipulado la historia, tratando de definir la identidad del dominicano en oposición a lo haitiano. A través del haitiano se pretende rechazar las raíces africanas que tenemos los dominicanos, somos producto de una mezcla de blancos, indios y negros.

Durante el siglo XIX y XX, resulta muy abundante la literatura sobre este tema, un verso del decimero dominicano Juan Antonio Alix, sintetiza esa corriente de opinión: “tenemos el negro detrás de la oreja”. No obstante, en las diferentes prácticas culturales de los dominicanos se puede verificar la presencia de los aportes africanos, por lo que no es detrás, es delante, o por lo menos al lado.

Entre 1930 y 1961 estuvimos gobernados por el dictador Rafael Leónidas Trujillo, el cual cultivó un discurso y gestión gubernamental marcada por el racismo. En ese sentido los aportes a esta línea gubernamental de Joaquín Balaguer y Manuel Arturo Peña Batlle fueron determinantes. Ambos constituyeron los verdaderos ideólogos del antihaitianismo que inculcó entre los dominicanos la dictadura. En su libro La isla al revés, Haití y el destino dominicano, Balaguer valora al pueblo haitiano como una tribu de salvajes. Haití fue convertido en un gran monstruo en el imaginario cultural del pueblo dominicano. Las siguientes expresiones, extraídas del mencionado libro evidencian los prejuicios del mismo: imperialismo haitiano, estado social rudimentario, un país de mentalidad primitiva, invasión pacífica, contribuyen a corromper la fisonomía étnica, los haitianos son propagadores de enfermedades. Por otra parte, afirma el autor que: “El contacto con el negro ha contribuido, sin ningún genero de dudas, a relajar nuestras costumbres públicas. La moral del campesino dominicano, en las zonas rurales donde ha sido mayor el trato con Haití, tiende visiblemente a descender para colocarse a los niveles de la de sus vecinos”.
Y finalmente sostiene: “El comercio con lo más bajo de la inmigración haitiana ha retardado en gran parte la evolución social de Santo Domingo, extendiendo en las clases inferiores de su población las enfermedades más repugnantes. Una gran parte de los negros que emigran a Santo Domingo son seres tarados por lacras físicas deprimentes”. Estos planteamientos calaron bastante en la sociedad dominicana y en el sistema educativo en particular, tanto así que hasta años recientes en los libros de texto no se incluían fotografías de niños de color negro.

El racismo alcanzó ribetes xenófobos, pues en el 1937 Trujillo realizó una matanza de haitianos. Todavía no se sabe con exactitud cuantos fueron, pero algunos autores estiman más de 18,000, incluyendo mujeres, ancianos y niños. Ese hecho distanció bastante las relaciones entre ambos países, aunque el poder que tenía el dictador dominicano sobre los gobernantes haitianos permitió saldar la situación con el pago de una indemnización de RD$ 70,000.00 pesos.

La socialización racista impulsada por Trujillo contribuyó a crear entre los dominicanos un sentimiento de superioridad frente a los haitianos. La imagen construida del haitiano-persona, es del débil, el malicioso, el que debemos dominar, utilizar y esclavizar. Ellos son el extraño del nosotros, la suciedad de la identidad dominicana. Esta imagen fue creada para dominar, controlar e imponer intereses económicos y políticos, pues sobre el haitiano-mercancía se ha creado la “fama” de realizar los trabajos más difíciles y durar todo un día trabajando sin comer.

Precisamente, la emigración económica se corporiza cuando en República Dominicana, las inversiones norteamericanas demandaron mano de obra en la industria azucarera. Desde ese instante, principio del siglo XX, los extraños, eran bienvenidos para estos fines. El haitiano-mercancía se recibía con beneplácito.

Ahora bien, las empresas norteamericanas y los gobernantes dominicanos decidían donde ubicar a los extraños para que no ensuciaran nuestra cultura. Fueron colocados en las áreas de producción, donde debían realizar todas sus actividades. Ellos no decidían cuando venir, cuando irse. Todo estaba pautado por otros, especie de manegers que administraban una gran masa humana para beneficio de las multinacionales del azúcar.

La aceptación de los haitianos en las plantaciones de caña, no implicaba un sacrificio de la pureza cultural del dominicano, por lo que la cercanía fue aprovechada para crear leyendas entre los niños dominicanos. Lo más parecido a lo maligno eran los haitianos. Las creencias religiosas de los haitianos fueron contrapuestas a las dominicanas. El haitiano el diablo, los dominicanos dios.

Esa imagen negativa se manifestaba fuera de la plantación de caña, dentro de la misma, los haitianos eran personas trabajadoras que realizaban las tareas detestadas por los dominicanos. De ahí que la suciedad existe dependiendo del lugar donde se encuentre ubicada. En este caso la producción de azúcar representa una “limpieza” sustentada sobre la suciedad. Por lo que, la migración tiene una doble moral, doble rostro. Pero en definitiva la suciedad es necesaria para que una determinada forma de producción se exprese. Aunque no se reconoce.

Los haitianos se levantan como una figura determinante dentro de la industria azucarera dominicana, en la medida que las condiciones laborales a que son sometidos permiten mayores niveles de ganancias a las compañías azucareras. Por lo que, la pureza como la concibe Bauman, es un sueño y mayormente en una isla compartida por dos países con un pasado similar, y donde las condiciones de pobreza extrema de uno (Haití) se convierten en un agente expulsor de mano de obra barata.

“El extraño hace pedazos la roca sobre la que descansa la seguridad de la vida cotidiana. Viene desde muy lejos; no comparte los supuestos locales y, por consiguiente, ‘se convierte esencialmente en el hombre que tiene que poner en cuestión prácticamente todo lo que parece incuestionable a los ojos de los miembros del grupo abordado”…
“Si la ‘suciedad’ es un elemento que contraviene el propósito de los esfuerzos ordenadores y la suciedad que actúa por sí misma constituye un elemento que desafía la propia posibilidad de efectividad de tales esfuerzos, entonces el Extraño es la personificación misma de este último tipo de suciedad. No es de extrañar que los habitantes autóctonos de todas las épocas y lugares, en sus frenéticos esfuerzos por apartar, confinar, exiliar o destruir a los extraños, compararan el objeto de sus sudores con parásitos y bacterias.”

Siguiendo a Bauman, los haitianos contravienen la imagen de pureza étnica transmitida a los dominicanos, pues sus valores y prácticas culturales se manifiestan de forma diferente. Lo que hacen los haitianos cuando fallece un ser querido, es radicalmente opuesto a la manera como los dominicanos asumen la muerte. La pureza cultural de los dominicanos fue construida sobre bases falsas, tratando de extirpar de su imaginario a los haitianos y de repente la presencia haitiana se ha convertido en un común denominador en los campos y ciudades de dominicana. ¿Y ahora, dónde esta la pureza? Parece que se esta diluyendo, sincerizándose, no somos tan puros, constituimos una verdadera mezcla, donde se recogen los aportes culturales de los emigrantes. La pureza cultural es producto de una abstracción construida sobre la base de múltiples prejuicios raciales.

De repente, parece que la identidad se ha desvanecido, se esta perdiendo, no las están quitando, éstas y otras expresiones encontramos en la prensa dominicana. Estamos frente al advenimiento de una invasión pacífica de los haitianos, sostienen algunos intelectuales antihaitianófilos. Siempre y cuando sea para rechazar la supuesta ‘invasión”, debemos hasta violar la Constitución de la República, la que establece en su artículo 11, son dominicanos todas las personas nacidas en el territorio dominicano, no importando la nacionalidad de sus padres. Miles de niños de padres haitianos no son admitidos en las escuelas, pues a sus tutores no se les ha permitido obtener su acta de nacimiento.

El problema de la pureza cultural, en el caso de la emigración no solamente enfrenta a las constituciones, también la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, la que en su artículo 13, establece: “Toda persona tiene el derecho a salir de cualquier país, incluyendo el propio, y de regresar al mismo”.
Las elites económicas y políticas son las responsables de esas emigraciones, pues terminan beneficiándose directamente de la mano de obra barata que ofrecen los emigrantes. Sin embargo, esos mismos grupos sociales son los sustentadores de la pureza cultural. Volcando todos la responsabilidad de muchos problemas sociales hacia los emigrantes. Por tanto, debe controlarse, confinarse, pero tenemos que continuarlos trayendo para conservar la prosperidad.

Se considera que todo el extraño es un criminal, delincuente, violador de la ley, por lo que debemos cuidarnos de los extraños, ellos son los causantes de nuestros problemas sociales. Esta imagen del extraño, oculta la verdadera esencia de problemas sociales como la criminalidad y la inseguridad ciudadana. Todo esta íntimamente relacionado con un determinado orden social, las leyes solamente existen para los extraños. En otros casos, las normas legales no están lo suficientemente claras, por lo que termina imponiéndose la fuerza, la sin razón, los caprichos, los prejuicios, siempre en contra del extraño. En República Dominicana no existe una legislación migratoria clara frente a los haitianos, por lo que se actúa de manera caprichosa al momento de realizar una repartición de haitianos.

III

En la actualidad la preocupación fundamental frente a los haitianos, es donde ubicarlos, antes cuando se encontraban confinados a los bateyes en las plantaciones azucareras no había tanto espanto. Ahora los tenemos en todas partes, no se encuentra un lugar adecuado para los extraños.

Es que los emigrantes son flexibles y se adecuan a las nuevas actividades económicas. Los haitianos se diseminaron en diferentes plantaciones agrícolas: cacao, tabaco, café, arroz, frutales, etc. Pero el mayor espanto, es que ahora los tenemos en las ciudades, introducidos en la economía informal (vendedores ambulantes). La emigración de haitianos también se ha urbanizado, las ciudades dominicanas son el escenario predilecto de los emigrantes, porque, en ellas los flujos de intercambio comercial se expresan con mayor fuerza. Por lo que el lugar indicado, lo determina el mercado, no la pureza étnica. El mercado, es que históricamente ubica en el lugar correspondiente a los haitianos. Su presencia molesta, no así las mercancías que a bajo precio ofrecen.

De igual manera, las empresas dedicadas a la construcción tienen en la mano de obra haitiana el soporte principal de sus ganancias. En todas las obras que se construyen en las principales ciudades dominicanas se utilizan haitianos en las diferentes etapas de la misma.

También en el caso de los haitianos la presencia de la mujer dentro de los emigrantes tiende a crecer. No solamente como vendedoras ambulantes, las encontramos desempeñando funciones del servicio doméstico. Nuevamente el encarecimiento de este tipo de servicio, favorece que en la clase media dominicana ya comiencen a demandar mujeres haitianas para el servicio doméstico. Hasta los años ochenta del siglo XX emigraban solamente hombres, luego de forma paulatina se han venido integrando a la red las mujeres. Aunque todavía, los hombres son los que vinculan las mujeres y sus hijos a la red de emigrantes.

El principal propiciador de la emigración haitiana es el Estado dominicano permitiendo que muchos empresarios los contraten de forma ilegal y en muchos casos el mismo Estado contrata para sus empresas azucareras mano de obra haitiana. El Estado tiene también doble rostro frente a los extraños, pues no dispone de una legislación clara, lo que aprovecha para cometer arbitrariedades, una de las más socorridas son las repatriaciones de haitianos.

Periódicamente se aprovechan determinadas coyunturas y sin tomar en consideración en ningún momento el respeto a los derechos humanos de los emigrantes, son obligados a regresar a su país, sin tener oportunidad para llevarse sus pertenencias. Se han registrado casos de padres y madres que se le ha impedido llevarse a sus hijos. Igualmente dominicanos que por el color de su piel los han repatriados, a pesar de tener una documentación que demuestra su condición de dominicano.

Las repatriaciones son una acción que el Estado aprovecha para a través de los organismos represivos expresar el odio hacia los haitianos. Por lo que algunos autores coinciden en afirmar que en la República Dominicana todavía persiste una política racista de Estado. Las repatriaciones, son la expresión del limbo jurídico que en materia migratoria tiene dominicana. Tras cada repatriación vienen los enfrentamientos entre los empresarios agrícolas, constructores, quienes se quejan de lo necesaria que es la mano de obra haitiana en sus actividades productivas y los intelectuales que se oponen a la presencia del haitiano-persona en dominicana. No así, del haitiano-mercancía porque ellos son beneficiarios directos o indirectos de sus actividades económicas.

En los sectores más empobrecidos de la población se manifiesta con mayor fuerza el rechazo, pues en ocasiones se consideran desplazados por los haitianos. En las ciudades fronterizas los rechazan, pero al mismo tiempo existe una red comercial sustentada por ambas partes (haitianos y dominicanos). Dajabón y Elías Piña, dos ciudades, donde la principal actividad económica, son las ferias que semanalmente se realizan. En éstas los haitianos traen sus mercancías y las venden a bajos precios y los dominicanos a parte de comprarlas, venden alimentos y materiales para la construcción que los haitianos no tienen en su país. Cuando la situación política de Haití impide que los haitianos participen en la feria la actividad comercial es mínima.

Estas ferias son un ejemplo evidente del doble rostro del Estado dominicano frente a los haitianos, pues las actividades comerciales se encuentran enmarcadas en un horario, cuando se cumple el mismo, de inmediato los organismos represivos comienzan a “empujar” para el otro lado de la frontera a los haitianos. Mientras ofrecen beneficios son importantes, luego molestan, apestan, ensucian, son peligrosos, deben estar en su jaula.

Conclusión

Los emigrantes son concebidos como mercancías que se vende y se compra en el mercado, por lo que solamente importan en la medida que tienen valor de cambio, valor de uso, lo que se encuentra determinado por el mercado. La emigración se estimula desde los diferentes países para generar ganancias. Es más éstas representan el soporte de los beneficios obtenidos por muchas empresas en el mundo actual.

El hecho de que al emigrante se le considere como una mercancía cualquiera y se le trate como tal, explica la deshumanización de la emigración. Los derechos no existen para los emigrantes, pues no forman parte del “grupo”, del “nosotros”, es un extraño. En nombre de la mercantilización de esa gran masa humana que se moviliza de un país a otro se pueden cometer grandes crímenes. Peor aun, cuando el tratamiento que reciben se encuentra en manos del mercado, lo que significa que el Estado ha venido quedándose al margen de esa situación. Dejando que el comportamiento del mercado determine qué hacer con los emigrantes.

La emigración viene dada por las condiciones materiales concretas que se presentan en determinados países, ninguna persona emigra por voluntad propia, hay unas condiciones en su país y en el país hacia donde se produce la emigración que propician la emigración.

Por lo que, en República Dominicana se amerita de un tratamiento verdaderamente humano al problema de la emigración haitiana. No es posible continuar con un doble rostro frente a los haitianos. Mientras favorecen al mercado, son importantes y en la medida que quieren ser ellos mismo, que desean tener vida propia, se convierten en agentes peligrosos, dañinos para la identidad.



Monday, January 01, 2007

NELSON ENRÍQUE DÍAZ



NELSON ENRIQUE DÍAZ:


Profesor UASD


Nació en Santo Domingo, República Dominicana el 18 de junio del 1950. Estudio en el Colegio Loyola de Santo Domingo. En el 1970 ingreso a la Universidad Autónoma de Santo Domingo, donde obtuvo, en 1977 el titulo de Lic. En Ciencias Sociales. Es profesor de la Cátedra de Historia Dominicana y de la Escuela de Filosofía de la Facultad de Humanidades, Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD); Además es profesor de la Universidad Tecnológica de Santiago (UTESA), donde obtuvo el titulo de licenciado en Derecho en 1990. Se graduó de la Maestría de Historia Dominicana a finales del 2006. Autor del manual de historia dominicana “Fundamentos de Historia Social Dominicana” conjuntamente con Silverio González Camacho.