Thursday, January 04, 2007

RICARDO HERNÁNDEZ: HISTORIA DOMINICANA

Los haitianos entre nosotros…

Ricardo Hernández

Introducción

Es propicia la ocasión para realizar una breve reflexión sobre el problema migratorio, de cara al caso específico de la emigración haitiana hacia la República Dominicana. Los avatares del flujo migratorio entre ambos países expresan la complejidad de las emigraciones en una época marcada por la desaparición de los aranceles y la porosidad de las fronteras, pero con un rechazo cada vez mayor a los extraños. Precisamente el problema migratorio expresa con toda nitidez las grandes contradicciones de la globalización.

A los emigrantes no se le acepta como personas, pero si en el desempeño de actividades laborales que le resuelven múltiples problemas al país receptor. La situación se complica cuando no se pueden mantener a los emigrantes en un estado líquido, donde asumen la forma del recipiente. Cuando el emigrante comienza a decidir por cuenta propia, inmediatamente se plantea que el extraño es daña la pureza.

Con relación a los haitianos la industria azucarera durante muchos años dependió de la mano de obra haitiana. En la actualidad la industria de la construcción depende casi en su totalidad de los haitianos, los dominicanos solamente participan en algunos trabajos especializados. La mano de obra haitiana se obtiene a menor costo, lo que favorece a los promotores directos e indirectos de esa actividad económica. Lo mismo ocurre con otros renglones productivos. Los haitianos generan muchos beneficios.

A pesar de la oposición que se tiene sobre la persona del haitiano, no así de su mano de obra, en la región Este de la República Dominicana en términos culturales, existen manifestaciones de una importancia capital que son de origen haitiano, donde participan haitianos y dominicanos.

La emigración haitiana representa un gran dilema y un desafío para la sociedad dominicana.

I
El fenómeno migratorio entre la República de Haití y la República Dominicana no es nada nuevo, desde el período colonial la movilidad de personas de un lado u otro de la frontera se convirtió en una práctica normal. Los esclavos de Saint Domingue (luego Haití), colonia de Francia buscaban refugio en la parte este (colonia de España) de la isla, donde el sistema esclavista era menos intenso.

En el 1801 los haitianos lograron su independencia de Francia, no obstante, amparados en el Tratado de Basilea, a través del cual España cedió la parte este de la isla a Francia, siempre aspiraron a ocupar esa parte del territorio de la isla. De ahí que a todo lo largo del siglo XIX se produjeron diferentes enfrentamientos entre dominicanos y haitianos por el control del territorio. Dentro de la agenda política de los sectores gobernantes haitianos se mantuvo la idea de gobernar toda la isla. Hasta que en el 1822 el presidente haitiano Jean Pierre Boyer ocupó el territorio dominicano aprovechando el vacío político que existía en la parte oriental. La ocupación haitiana se mantuvo por veintidós años. En ese período se crearon las condiciones para gestarse un movimiento político a favor de la independencia dominicana. El 27 de febrero de 1844 los dominicanos se independizaron.

Sin embargo, los gobernantes haitianos continuaron intentando ocuparnos. De su parte, los hateros (propietarios de tierra y ganado), sector social que hegemonizó el poder político en Dominicana después de la independencia, utilizó el interés de los haitianos en ocuparnos como un pretexto para buscar la protección de un país europeo o norteamericano que respetara sus propiedades e intereses políticos. Los hateros no creían en la independencia. Por lo que, en el 1861 lograron que España aceptara anexarse la República Dominicana. En la lucha en contra de la anexión se unieron sectores liberales haitianos y dominicanos. El triunfo obtenido por los dominicanos sobre los españoles en el 1865, estuvo muy marcado por la colaboración de los haitianos. Los dominicanos cruzaban la frontera para protegerse, buscar dinero y armas.

II

Como se puede observar, en diferentes coyunturas ambos conglomerados sociales se han auxiliado mutuamente. Sin embargo, muchos intelectuales han manipulado la historia, tratando de definir la identidad del dominicano en oposición a lo haitiano. A través del haitiano se pretende rechazar las raíces africanas que tenemos los dominicanos, somos producto de una mezcla de blancos, indios y negros.

Durante el siglo XIX y XX, resulta muy abundante la literatura sobre este tema, un verso del decimero dominicano Juan Antonio Alix, sintetiza esa corriente de opinión: “tenemos el negro detrás de la oreja”. No obstante, en las diferentes prácticas culturales de los dominicanos se puede verificar la presencia de los aportes africanos, por lo que no es detrás, es delante, o por lo menos al lado.

Entre 1930 y 1961 estuvimos gobernados por el dictador Rafael Leónidas Trujillo, el cual cultivó un discurso y gestión gubernamental marcada por el racismo. En ese sentido los aportes a esta línea gubernamental de Joaquín Balaguer y Manuel Arturo Peña Batlle fueron determinantes. Ambos constituyeron los verdaderos ideólogos del antihaitianismo que inculcó entre los dominicanos la dictadura. En su libro La isla al revés, Haití y el destino dominicano, Balaguer valora al pueblo haitiano como una tribu de salvajes. Haití fue convertido en un gran monstruo en el imaginario cultural del pueblo dominicano. Las siguientes expresiones, extraídas del mencionado libro evidencian los prejuicios del mismo: imperialismo haitiano, estado social rudimentario, un país de mentalidad primitiva, invasión pacífica, contribuyen a corromper la fisonomía étnica, los haitianos son propagadores de enfermedades. Por otra parte, afirma el autor que: “El contacto con el negro ha contribuido, sin ningún genero de dudas, a relajar nuestras costumbres públicas. La moral del campesino dominicano, en las zonas rurales donde ha sido mayor el trato con Haití, tiende visiblemente a descender para colocarse a los niveles de la de sus vecinos”.
Y finalmente sostiene: “El comercio con lo más bajo de la inmigración haitiana ha retardado en gran parte la evolución social de Santo Domingo, extendiendo en las clases inferiores de su población las enfermedades más repugnantes. Una gran parte de los negros que emigran a Santo Domingo son seres tarados por lacras físicas deprimentes”. Estos planteamientos calaron bastante en la sociedad dominicana y en el sistema educativo en particular, tanto así que hasta años recientes en los libros de texto no se incluían fotografías de niños de color negro.

El racismo alcanzó ribetes xenófobos, pues en el 1937 Trujillo realizó una matanza de haitianos. Todavía no se sabe con exactitud cuantos fueron, pero algunos autores estiman más de 18,000, incluyendo mujeres, ancianos y niños. Ese hecho distanció bastante las relaciones entre ambos países, aunque el poder que tenía el dictador dominicano sobre los gobernantes haitianos permitió saldar la situación con el pago de una indemnización de RD$ 70,000.00 pesos.

La socialización racista impulsada por Trujillo contribuyó a crear entre los dominicanos un sentimiento de superioridad frente a los haitianos. La imagen construida del haitiano-persona, es del débil, el malicioso, el que debemos dominar, utilizar y esclavizar. Ellos son el extraño del nosotros, la suciedad de la identidad dominicana. Esta imagen fue creada para dominar, controlar e imponer intereses económicos y políticos, pues sobre el haitiano-mercancía se ha creado la “fama” de realizar los trabajos más difíciles y durar todo un día trabajando sin comer.

Precisamente, la emigración económica se corporiza cuando en República Dominicana, las inversiones norteamericanas demandaron mano de obra en la industria azucarera. Desde ese instante, principio del siglo XX, los extraños, eran bienvenidos para estos fines. El haitiano-mercancía se recibía con beneplácito.

Ahora bien, las empresas norteamericanas y los gobernantes dominicanos decidían donde ubicar a los extraños para que no ensuciaran nuestra cultura. Fueron colocados en las áreas de producción, donde debían realizar todas sus actividades. Ellos no decidían cuando venir, cuando irse. Todo estaba pautado por otros, especie de manegers que administraban una gran masa humana para beneficio de las multinacionales del azúcar.

La aceptación de los haitianos en las plantaciones de caña, no implicaba un sacrificio de la pureza cultural del dominicano, por lo que la cercanía fue aprovechada para crear leyendas entre los niños dominicanos. Lo más parecido a lo maligno eran los haitianos. Las creencias religiosas de los haitianos fueron contrapuestas a las dominicanas. El haitiano el diablo, los dominicanos dios.

Esa imagen negativa se manifestaba fuera de la plantación de caña, dentro de la misma, los haitianos eran personas trabajadoras que realizaban las tareas detestadas por los dominicanos. De ahí que la suciedad existe dependiendo del lugar donde se encuentre ubicada. En este caso la producción de azúcar representa una “limpieza” sustentada sobre la suciedad. Por lo que, la migración tiene una doble moral, doble rostro. Pero en definitiva la suciedad es necesaria para que una determinada forma de producción se exprese. Aunque no se reconoce.

Los haitianos se levantan como una figura determinante dentro de la industria azucarera dominicana, en la medida que las condiciones laborales a que son sometidos permiten mayores niveles de ganancias a las compañías azucareras. Por lo que, la pureza como la concibe Bauman, es un sueño y mayormente en una isla compartida por dos países con un pasado similar, y donde las condiciones de pobreza extrema de uno (Haití) se convierten en un agente expulsor de mano de obra barata.

“El extraño hace pedazos la roca sobre la que descansa la seguridad de la vida cotidiana. Viene desde muy lejos; no comparte los supuestos locales y, por consiguiente, ‘se convierte esencialmente en el hombre que tiene que poner en cuestión prácticamente todo lo que parece incuestionable a los ojos de los miembros del grupo abordado”…
“Si la ‘suciedad’ es un elemento que contraviene el propósito de los esfuerzos ordenadores y la suciedad que actúa por sí misma constituye un elemento que desafía la propia posibilidad de efectividad de tales esfuerzos, entonces el Extraño es la personificación misma de este último tipo de suciedad. No es de extrañar que los habitantes autóctonos de todas las épocas y lugares, en sus frenéticos esfuerzos por apartar, confinar, exiliar o destruir a los extraños, compararan el objeto de sus sudores con parásitos y bacterias.”

Siguiendo a Bauman, los haitianos contravienen la imagen de pureza étnica transmitida a los dominicanos, pues sus valores y prácticas culturales se manifiestan de forma diferente. Lo que hacen los haitianos cuando fallece un ser querido, es radicalmente opuesto a la manera como los dominicanos asumen la muerte. La pureza cultural de los dominicanos fue construida sobre bases falsas, tratando de extirpar de su imaginario a los haitianos y de repente la presencia haitiana se ha convertido en un común denominador en los campos y ciudades de dominicana. ¿Y ahora, dónde esta la pureza? Parece que se esta diluyendo, sincerizándose, no somos tan puros, constituimos una verdadera mezcla, donde se recogen los aportes culturales de los emigrantes. La pureza cultural es producto de una abstracción construida sobre la base de múltiples prejuicios raciales.

De repente, parece que la identidad se ha desvanecido, se esta perdiendo, no las están quitando, éstas y otras expresiones encontramos en la prensa dominicana. Estamos frente al advenimiento de una invasión pacífica de los haitianos, sostienen algunos intelectuales antihaitianófilos. Siempre y cuando sea para rechazar la supuesta ‘invasión”, debemos hasta violar la Constitución de la República, la que establece en su artículo 11, son dominicanos todas las personas nacidas en el territorio dominicano, no importando la nacionalidad de sus padres. Miles de niños de padres haitianos no son admitidos en las escuelas, pues a sus tutores no se les ha permitido obtener su acta de nacimiento.

El problema de la pureza cultural, en el caso de la emigración no solamente enfrenta a las constituciones, también la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, la que en su artículo 13, establece: “Toda persona tiene el derecho a salir de cualquier país, incluyendo el propio, y de regresar al mismo”.
Las elites económicas y políticas son las responsables de esas emigraciones, pues terminan beneficiándose directamente de la mano de obra barata que ofrecen los emigrantes. Sin embargo, esos mismos grupos sociales son los sustentadores de la pureza cultural. Volcando todos la responsabilidad de muchos problemas sociales hacia los emigrantes. Por tanto, debe controlarse, confinarse, pero tenemos que continuarlos trayendo para conservar la prosperidad.

Se considera que todo el extraño es un criminal, delincuente, violador de la ley, por lo que debemos cuidarnos de los extraños, ellos son los causantes de nuestros problemas sociales. Esta imagen del extraño, oculta la verdadera esencia de problemas sociales como la criminalidad y la inseguridad ciudadana. Todo esta íntimamente relacionado con un determinado orden social, las leyes solamente existen para los extraños. En otros casos, las normas legales no están lo suficientemente claras, por lo que termina imponiéndose la fuerza, la sin razón, los caprichos, los prejuicios, siempre en contra del extraño. En República Dominicana no existe una legislación migratoria clara frente a los haitianos, por lo que se actúa de manera caprichosa al momento de realizar una repartición de haitianos.

III

En la actualidad la preocupación fundamental frente a los haitianos, es donde ubicarlos, antes cuando se encontraban confinados a los bateyes en las plantaciones azucareras no había tanto espanto. Ahora los tenemos en todas partes, no se encuentra un lugar adecuado para los extraños.

Es que los emigrantes son flexibles y se adecuan a las nuevas actividades económicas. Los haitianos se diseminaron en diferentes plantaciones agrícolas: cacao, tabaco, café, arroz, frutales, etc. Pero el mayor espanto, es que ahora los tenemos en las ciudades, introducidos en la economía informal (vendedores ambulantes). La emigración de haitianos también se ha urbanizado, las ciudades dominicanas son el escenario predilecto de los emigrantes, porque, en ellas los flujos de intercambio comercial se expresan con mayor fuerza. Por lo que el lugar indicado, lo determina el mercado, no la pureza étnica. El mercado, es que históricamente ubica en el lugar correspondiente a los haitianos. Su presencia molesta, no así las mercancías que a bajo precio ofrecen.

De igual manera, las empresas dedicadas a la construcción tienen en la mano de obra haitiana el soporte principal de sus ganancias. En todas las obras que se construyen en las principales ciudades dominicanas se utilizan haitianos en las diferentes etapas de la misma.

También en el caso de los haitianos la presencia de la mujer dentro de los emigrantes tiende a crecer. No solamente como vendedoras ambulantes, las encontramos desempeñando funciones del servicio doméstico. Nuevamente el encarecimiento de este tipo de servicio, favorece que en la clase media dominicana ya comiencen a demandar mujeres haitianas para el servicio doméstico. Hasta los años ochenta del siglo XX emigraban solamente hombres, luego de forma paulatina se han venido integrando a la red las mujeres. Aunque todavía, los hombres son los que vinculan las mujeres y sus hijos a la red de emigrantes.

El principal propiciador de la emigración haitiana es el Estado dominicano permitiendo que muchos empresarios los contraten de forma ilegal y en muchos casos el mismo Estado contrata para sus empresas azucareras mano de obra haitiana. El Estado tiene también doble rostro frente a los extraños, pues no dispone de una legislación clara, lo que aprovecha para cometer arbitrariedades, una de las más socorridas son las repatriaciones de haitianos.

Periódicamente se aprovechan determinadas coyunturas y sin tomar en consideración en ningún momento el respeto a los derechos humanos de los emigrantes, son obligados a regresar a su país, sin tener oportunidad para llevarse sus pertenencias. Se han registrado casos de padres y madres que se le ha impedido llevarse a sus hijos. Igualmente dominicanos que por el color de su piel los han repatriados, a pesar de tener una documentación que demuestra su condición de dominicano.

Las repatriaciones son una acción que el Estado aprovecha para a través de los organismos represivos expresar el odio hacia los haitianos. Por lo que algunos autores coinciden en afirmar que en la República Dominicana todavía persiste una política racista de Estado. Las repatriaciones, son la expresión del limbo jurídico que en materia migratoria tiene dominicana. Tras cada repatriación vienen los enfrentamientos entre los empresarios agrícolas, constructores, quienes se quejan de lo necesaria que es la mano de obra haitiana en sus actividades productivas y los intelectuales que se oponen a la presencia del haitiano-persona en dominicana. No así, del haitiano-mercancía porque ellos son beneficiarios directos o indirectos de sus actividades económicas.

En los sectores más empobrecidos de la población se manifiesta con mayor fuerza el rechazo, pues en ocasiones se consideran desplazados por los haitianos. En las ciudades fronterizas los rechazan, pero al mismo tiempo existe una red comercial sustentada por ambas partes (haitianos y dominicanos). Dajabón y Elías Piña, dos ciudades, donde la principal actividad económica, son las ferias que semanalmente se realizan. En éstas los haitianos traen sus mercancías y las venden a bajos precios y los dominicanos a parte de comprarlas, venden alimentos y materiales para la construcción que los haitianos no tienen en su país. Cuando la situación política de Haití impide que los haitianos participen en la feria la actividad comercial es mínima.

Estas ferias son un ejemplo evidente del doble rostro del Estado dominicano frente a los haitianos, pues las actividades comerciales se encuentran enmarcadas en un horario, cuando se cumple el mismo, de inmediato los organismos represivos comienzan a “empujar” para el otro lado de la frontera a los haitianos. Mientras ofrecen beneficios son importantes, luego molestan, apestan, ensucian, son peligrosos, deben estar en su jaula.

Conclusión

Los emigrantes son concebidos como mercancías que se vende y se compra en el mercado, por lo que solamente importan en la medida que tienen valor de cambio, valor de uso, lo que se encuentra determinado por el mercado. La emigración se estimula desde los diferentes países para generar ganancias. Es más éstas representan el soporte de los beneficios obtenidos por muchas empresas en el mundo actual.

El hecho de que al emigrante se le considere como una mercancía cualquiera y se le trate como tal, explica la deshumanización de la emigración. Los derechos no existen para los emigrantes, pues no forman parte del “grupo”, del “nosotros”, es un extraño. En nombre de la mercantilización de esa gran masa humana que se moviliza de un país a otro se pueden cometer grandes crímenes. Peor aun, cuando el tratamiento que reciben se encuentra en manos del mercado, lo que significa que el Estado ha venido quedándose al margen de esa situación. Dejando que el comportamiento del mercado determine qué hacer con los emigrantes.

La emigración viene dada por las condiciones materiales concretas que se presentan en determinados países, ninguna persona emigra por voluntad propia, hay unas condiciones en su país y en el país hacia donde se produce la emigración que propician la emigración.

Por lo que, en República Dominicana se amerita de un tratamiento verdaderamente humano al problema de la emigración haitiana. No es posible continuar con un doble rostro frente a los haitianos. Mientras favorecen al mercado, son importantes y en la medida que quieren ser ellos mismo, que desean tener vida propia, se convierten en agentes peligrosos, dañinos para la identidad.



3 comments:

MISAEL RINCON said...

Voy a tener que disentir de tus opiniones Ricardo,en este país el único racismo que ha existido, ha sido un racismo particular, o sea de ciertas personas contra los haitianos, como Trujillo por ejemplo, pero no es cierto que en la era del sátrapa los dominicanos éramos y seguimos siendo racistas porque él y sus esbirros nos lo inyectaron. Si aquí hubiera racismo, como hay en la actualidad en la Cuba revolucionaria,Irak no quedará corto, porque más de un millón de haitianos viven en nuestro territorio y los dominicanos al contrario los protegen. Ahora bien, qué no hay una políca migratoria estatal y nunca ha existido para controlar la migración ilegal, por tanto los gobiernos toman medidas inhumana, es cierto, pero de racismo que no se hable, porque los dominicanos negros,blancos, mulatos, mestizos siempre hemos vivido en paz.

juan bernardo said...

OYE RICARDO ESTOY DE ACUERDO CON LO QUE DICE MISAEL, HE LEIDO LA HISTORIA DOMINICANA DESDE EL PRINCIPIO, Y LA UNICA VEZ QUE HUBO DESTELLO DE RACISMO FUE EN LA ERA DE TRUJILLO, EL DOMINICANO NO DISCRIMINA POR EL COLOR DE LA PIEL, DISCRIMINA MAS AL HAITIANO POR POBRE, QUE POR NEGRO, SI FUERAMOS RACISTA HACE TIEMPO QUE HUBIERA UN ESTALLIDO RACIAL, CON DOS MILLONES DE HAITIANOS QUE VIVEN AQUI, O ES QUE RICARDO Y EL MUNDO SE OLVIDA DEL ANTIDOMINICANISMO HAITIANO O DEL RACISMO HAITIANO, QUE HAITI NACIO DE UNA LUCHA RACIAL, ANOTA ESOS DETALLES RICARDO, NO ESTOY DE ACUERDO CON ESO DEL RACISMO, AQUI SOMOS HIJOS DE BLANCOS Y NEGROS, NI ODIAMOS NI A BLANCOS, NI A NEGROS, POR QUE POR NUESTRAS VENAS CORRE SANGRE DE LOS DOS.

Ricardo said...

Efectivamente, el problema es que debemos diferenciar entre racismo y xenofobia. Los dominicanos nos resistimos aceptar las raices africanas. Veamos la retahila de refranes sobre el negro. El caso de las discotecas. El tema del cabello malo y el cabello bueno. El tema de que los atabales son de negros, entre otros. Observemos el trato recibido por niños de color en algunos centros educativos