Thursday, December 28, 2006

REFORMA AGRARIA EN REP. DOMINICANA

REFORMA AGRARIA Y LUCHA DE CLASES
EN REPÚBLICA DOMINICANA (1962-1978)
Por: Nelson Enrique Díaz
(Resumen de la tesis de Maestría en Historia Dominicana, presentada en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), por Nelson Enrique Díaz, en octubre del 2006)
En esta investigación se identifican los factores que influyeron para Que el Estado dominicano, decidiera promulgar en los años de 1962 y 1972, una ley de reforma agraria, y un conjunto de leyes agrarias complementarias; asimismo, se determina la influencia que tuvo la reforma agraria en la luchas de clases en el campo dominicano, y en qué medida su aplicación fue un instrumento idóneo de contrainsurgencia en la República Dominicana, que impidió la radicalización de los campesinos pobres, y su vinculación política con el movimiento revolucionario de izquierda. Nuestro estudio es una investigación histórica, inscrita dentro de la corriente historiografía marxista, por lo tanto, entiende que los fenómenos sociales, deben ser interpretado dentro de una visión global de lo económico, político y jurídico, instancias que se comprenden dentro de la lucha de clases, y no al margen de ella. Concluimos qué la reforma agraria, fue usada como un arma de contrainsurgencia, y que la misma no afectó en ningún grado la estructura latifundista de la tierra, y además, que la legislación agraria solamente involucró una cantidad reducida de campesinos pobres, cuyo nivel de vida no experimentó, en general, ninguna mejoría notable.
La debilidad de la lucha campesina se desprende de nuestro estudio con claridad meridiana. La lucha por la distribución de las tierras del Grupo Trujillo, como la ocupación de algunas de las haciendas propias de los Trujillo, fue librada por algunos grupos de campesinos. Pero esto no fue un proceso generalizado, que pudiera dar al pie a hablar de un auge de la luchas de clases en el campo. La presencia de agentes norteamericanos (Cuerpo de Paz, Asesores de asociaciones campesinas, Iglesia Católica, Agentes de la CIA, etc.), fue un obstáculo mayúsculo para que los revolucionarios pudieran penetrar en el campo dominicano. De esta investigación se deduce claramente que la aprobación de la Ley de Reforma Agraria del 1962, fue producto de diferentes factores internos y externos. Los primeros se refieren como hemos visto a la realidad de la existencia de una estructura agraria típicamente latifundista, que concentraba la propiedad territorial en unas cuantas manos de terratenientes, mientras la gran mayoría del campesinado dominicano carecía de tierras suficientes para alimentar a su familia. Algunos sectores de las clases dominantes de la sociedad dominicana, percibían que el campo potencialmente era revolucionario. En esta realidad, se encuentra el origen de la legislación agraria. Sin embargo, en el fondo la reforma agraria propuesta por el Consejo de Estado respondía a una visión paternalista del problema de los pobres del campo, y legalista, que entendía que la legislación por si sola podía resolver el problema de la pobreza en el campo.
En otro factor que motivó la promulgación de la Ley de Reforma Agraria en el 1962, fue la decisión de la ONU, apoyado por los Estados Unidos de Norteamericana (de ahí la reunión de Punta de Este en Uruguay en el 1961, en la cual los cancilleres de mayoría de los países latinoamericanos, se comprometieron con la aplicación de reforma agraria en sus países) de que había que impulsar cambios en el campo latinoamericano para ganarse el apoyo político de los campesinos mediante reforma agraria reformista o capitalista que cuestionaran aunque sea jurídicamente la forma de tendencia tradicional de la tierra, y que repartiera algunas parcelas a los campesinos pobres, y así, conjurar el peligro que representaba el paradigma de la reforma agraria de Cuba, nacida de un proceso revolucionario, y que culminó con la nacionalización de las tierras de los latifundistas cubanos, y también de los extranjeros, quienes mayoritariamente eran estadounidenses.
El gobierno constitucional de Juan Bosch, también tuvo que enfrentar la cuestión agraria. A nivel jurídico lo más significativo de las medidas agrarista de Bosch, fue la prohibición del latifundio contemplada en la Constitución del 1963, sin embargo, seguía indefinido lo que se entendía por latifundio, repitiéndose la omisión sospechosa contenida en la Ley de Reforma Agraria de 1962. Durante los siete meses que duró el Gobierno, su política agraria, fue sumamente tímida. En efecto, fueron muy pocos los asentamientos de campesinos pobres que efectuó el gobierno de Juan Bosch. Naturalmente, que esto se explica por su brevedad en los manejos de la cosa publica, y también porque el gobierno democrático liberal del Partido Revolucionario Dominicano, se encontró con la realidad de que habían “pocas” tierras para distribuir en los planes de reforma agraria, y las tierras heredadas por el Estado dominicano del Grupo Trujillo eran fundamentalmente cañera, (o estaban usufructuadas por terratenientes, y altos militares) por lo cual no se podían utilizar en la reforma agraria, pues se afectaría la producción de azúcar, la cual generaba los principales ingresos de divisas del país.
Con la ley de Reforma Agraria de 1962, y su posterior ampliación con las leyes agrarias promulgadas en el 1972, se cumplió cabalmente lo que algunos teóricos del derecho sostienen en el sentido de las dificultades reales que surgen cuando se pretende generar cambio social desde la normativa jurídica, y especialmente cambios socioeconómicos que perjudican algún sector de las elites dominantes de la sociedad. Uno de esos tratadistas sostiene el criterio de que “Tratar de organizar la sociedad mediante el Derecho seria como pretender reorganizar nuestro planeta mediante la redistribución de sus elementos componentes”. Esto porque ciertamente cualquier legislación que atente con los intereses creados de las elites dominantes, será, como ocurrió en nuestro país con la legislación agraria, objeto de resistencia, oposición, boicot, que evitaría su aplicación, y la llevaría a su rotundo fracaso.
En relación a la cuestión de si los campesinos pobres elevaron su conciencia de clases, verificamos que ellos nunca la pudieron desarrollar pese al “Código” agrario de Balaguer. Así, el nivel de conciencia del campesinado dominicano era tan bajo, que en un porcentaje sumamente elevado siguieron votando a favor de Balaguer, en las elecciones fraudulentas que se efectuaron durante los doce Años. Y por supuesto, cuando se evidenció el deterioro indefinible del régimen del doctor Balaguer, especialmente, en los últimos dos años, 1977 y 1978, el campesino apoyó electoralmente al Partido Revolucionario Dominicano, también otro partido del sistema, inclinado a defender y representar los intereses de los Estados Unidos de América.
Por supuesto, algunos historiadores podían interpretar el triunfo del Partido Revolucionario Dominicano, y el apoyo obtenido del campesinado como evidencia de su avance político. Por nuestra parte, se entiende que ese hecho no es demostración suficiente del desarrollo de la conciencia de clases de los campesinos pobres y obreros agrícolas. Esta falta de conciencia del campesinado fue consecuencia tanto del papel que jugaron las mismas leyes agrarias del 1972, como la escasa influencia de los agrupamientos de izquierda en la masa campesina. Las causas de esta pobre influencia del los revolucionarios en el campo dominicano, fueron identificadas en el curso de nuestra investigación. Las ocupaciones de tierras que se produjeron en el mejor de los casos, culminaron con el asentamiento de algunos grupos de campesinos; estos proyectos agrarios, por lo general se efectuaron en las tierras del Estado Dominicano; excepcionalmente, los asentamientos de reforma agraria se efectuaron en tierras procedentes de los latifundios privados, adquiridos por compras de grado a grado.
De manera pues, que las leyes agrarias promovieron más bien una conciencia reformista en los campesinos pobres dominicanos. Los hicieron en gran medida más conservadores en términos políticos, aunque en términos de sus reivindicaciones inmediatas, su conciencia se hizo más clara, más precisa: sabían que al menos tenían un derecho, un derecho que las leyes agrarias les reconocían: derecho a la tierra.
La legislación agraria reformista, respondió a todo un gran teatro de contrainsurgencia del presidente Joaquín Balaguer y de los terratenientes; en este drama político, el Partido Comunista Dominicano colaboró abiertamente con la demagogia del presidente de la República ; este apoyo se evidenció al proclamar un supuesto carácter avanzado de legislación agraria balaguerista, con el falaz argumento de que la misma contribuirían a agudizar las contradicciones políticas en el bloque hegemónico. Según dicha organización “comunista”, dichos conflictos podrían contribuir con el incremento de las luchas de clases de los campesinos y la clase obrera dominicana en contra del orden capitalista. La posición del PCD le benefició porque en el 1974, el Congreso Dominicano, aprobó una ley que legalizó dicha organización política. Según algunos estudiosos, este fue el único partido comunista que en el mundo capitalista fue reconocido por una ley. El campesino fue como un gran auditorio dócil, en el teatro montado por el régimen balaguerista con las leyes agrarias del 1962. Su condición material no experimentó ningún cambio favorable. Pero políticamente, el “Código” agrario tuvo su efecto conservador en la conciencia del hombre del campo: los campesinos, principalmente, los organizados en la mayoría de las asociaciones y federaciones mpesinas, se opusieron a que en sus diferentes asociaciones rticiparan los revolucionarios.
Por consiguiente, los campesinos quedaron prisioneros de las ideas de los partidos tradicionales del sistema.Finalmente, es necesario concluir que la reforma agraria en nuestro país cumplió eficientemente con el objetivo político estratégico de la contrainsurgencia, perseguido por la Alianza para el Progreso surgida durante la administración del presidente John F. Kennedy.

3 comments:

Juan Abel Torres said...

No resulta raro ver como Balaguer jugaba con la conciencia de los dominicanos, Bien sabia que donde Dios no ha puesto todavia no pudo haber. Eso lo demostro cuando con el hecho de que al parecer no le interesaba que el campesino viera su tierra como un negocio que tenia que crecer sino unicamente como una fuente de trabajo para los que mas estan excluidos en este pais, pero en ningun momento deberian ver la reforma agraria comparada al beneficio que obtenian los latifundistas antes de la ley, me imagino que esto habra propiciado aun mas las migraciones del campo a la ciudad durante la epoca.

Testigo Implicado said...

Muy buen análisis, sobre todo porque deja al descubierto el resultado final de la Reforma agraria: hace al campesinado más conservador... En definitiva, la reforma agrria es antimarxista, pues fracciona aún más en manos individuales latierra, que debería ser propiedad social...

Iniciativas Comunitarias de La Vega said...

Hasta en la reforma agraria de nuestro país vemos como el gigante Estados Unidos traza pautas para el desarrollo de esta iniciativa, no más por el interés propio de su clase y objetivos. Hoy en día se sigue diciendo que la reforma agraria no ha cumplido a cavalidad con el obejtivo de creación. En nuestro país somos testigo de las ventas de estas tierras que fueron repartidas, conocemos de las negociaciones que se hacen para dar la tierra a otros. Y si no se cree solo basta con hacer una pequeña investigación. Desde un principio esta no dió el resultado cien por ciento y fracaso en sus objetivos, aún así lo percibimos.