Friday, December 22, 2006

DANTES ORTIZ



LOS CABILDOS EN SANTO DOMINGO

Dante Ortiz

Introducción


Los cabildos en la época colonial en Santo Domingo no pueden ser entendidos si antes no nos ubicamos en la España medieval, lugar y época donde se gestó el concepto de cabildo en sus diversas modalidades y donde se gestaron los tipos de tareas propias de esa entidad, que en América harían de ejercer las funciones básicas en las administraciones locales.

Luego de la conquista y la colonización, durante los primeros momentos del proceso de asentamiento europeo en América, la cuestión de la organización urbana no estuvo del todo clara, empero en la medida que trascurría el tiempo y tomaba forma el dominio hispánico en los territorios arrebatados a los nativos surgieron necesidades impostergables de articular las poblaciones en entidades representativas que ejerciera algún control territorial y coadyuvaran en las labores propias de la fase inicial de la implantación de un nuevo modelo económico social y para legitimar las acciones político militar de los adelantados.

La fundación de villas creaba necesidades puntuales que era menester afrontar y la respuesta fue, junto a otras, el nacimiento del cabildo, lo que permitió ir articulando el cuerpo de funcionarios que con el paso del tiempo seria la entidad más representativa de todas las instituciones que España legó a América.

El cabildo surgió ipso facto con las villas que se fundaron durante los mandatos de Colón y Bobadilla entre 1493 y 1502, aunque se ignora si Bobadilla creó alguno, pero bajo el mandato Fray Nicolás de Ovando (1502-1509), fue el primer intento sistemático de implantar una gestión administrativa con sentido de centralidad estatal, tal vez la excepción lo constituyera los casos de los primeros cabildos en Cuba y México, que surgieron como respuestas concretas de situaciones inéditas.

En el presente ensayo se trata la cuestión de la génesis medieval del cabildo, en el marco de las confrontaciones socio políticas de la época hasta el período de los Reyes Católicos; después se aborda la forma cómo surgió en América, así como sus características.

Por el momento sólo me ocuparé de las funciones sin adentrarme en lo relativo a los casos de la cotidianidad, para lo cual habría que decodificar la interesante colección de cartas del cabildo de Santo Domingo a los Reyes localizada en el Archivo de Indias y compiladas, por el investigador Genaro Rodríguez. Lo que brinda ocasión de adentrarnos en la vida diaria de la sociedad colonial durante su génesis, establecer el tipo de asuntos que ocupaba su atención, llevar a cabo una indagatoria sobre la correlación de fuerzas sociales a su interior y, al parecer, establecer el grado de importancia que le acordaba la Corona.

Antecedentes medievales de los cabildos americanos

La génesis

Toda Referencia a la ciudad nos remite a la política, pues esta entendida como lo referido a la polis (a la ciudad) ha sido inseparable del estado desde la antigüedad clásica.

La ciudad se fundamenta en la participación activa de sus residentes en pleno ejercicio de los derechos adquiridos, lo que dio origen al ciudadano que de esa manera se <>. De ahí que ejercito del derecho, política y estado hayan caminado juntos desde la antigua Grecia hasta hoy. Esa relación permaneció en la Edad Media europea, especialmente hispánica, con pérdida significativa de la participación en tanto ejercito conciente del ciudadano de sus prerrogativas en atención a la lucha entre reyes y señores, vale decir entre el poder central y el poder local autónoma de origen feudal.

La conflictividad en tomo al poder surgió en la época pre urbana, pero advino a las ciudades cuando se forjó la centralidad protomoderna y la más variada e intensa lucha socio política por los derechos a la inclusión en los servicios y equipamientos civiles tuvo lugar.

La lucha abarcó toda manifestación organizada por exigua que fuese, a través de las cuales se canalizaron demandas de los colectivos populares dando lugar a las intervenciones regias y con ellos a la penetración del Estado a todos los estamentos sociales hasta gestar la modernidad.

De todas las expresiones del pugilato entre pueblo y señoríos, la disputa del control de los cabildos seculares revistió la más significativa de las relevancias sociales, institucionales y, desde luego, político jurídico.

El municipio había surgido en los reinos cristianos hispánicos entre los siglos XI y XII cuando adquirió cierto auge el proceso organizativo de los pobladores para reclamar fueros.

El surgimiento del municipio es hito en la historia de la conquista de derechos de ciudadanía. La adquisición de franquicias y fieros como resultado de los procesos de la lucha de mercaderes contra los grandes señores de la tierra y la lana sentó precedentes en el surgimiento del derecho de las localidades a partir de las cuales se gesta el concejo como reunión de todos los vecinos y donde participan de las deliberaciones y toma de acuerdos que se toman directrices del quehacer general y norma de referencia obligatoria. Tal fueron los casos de León y Castilla.

En el marco de la génesis municipal tiene origen los oficiales delegados con jurisdicción sobre los abastos y vigilancia de los mercados para velar por la calidad, precios y litis entre vecinos referidos a cuestiones de mercaderías.

Los procesos de lucha contra los árabes y las necesidades crecientes de organizar la vida local presionaban la institucionalización de los niveles de organización logrados y ellos se reflejan en el fortalecimiento el municipio a fines de siglo XI y a lo largo del XLI cuando se instituye de entidad de derecho público con autonomía regida por un concejo local.

El avance de la reconquista daba frutos positivos y creaba situaciones para las cuales había soluciones previstas; tal aconteció luego de la toma de las villas andaluzas en el siglo XIII, que en lo inmediato fueron constituidos los cabildos para regentear los municipios.

En la región andaluza una minoría aristocrática, terratenientes y militar pasaran a ejercer lo que a otras zonas hacían los vecinos directamente.

La existencia de los cabildos dirigidos por concejos de vecinos menguaron sa partir de mitad del siglo XIV, sobre todo en castilla y leon, en especial con el advenimiento de Alfonso XI, quien patrocino la política de intervención real que lleva al reemplazo de los concejos por el sistema de regimientos. La oficialización de este proceso de centralización tuvo lugar en Alcalá de henares en 1348
[1] con el ordenamiento que lleva el nombre de la ciudad. Este intervencionismo en las cuestiones de la autogestión marca la decadencia progresiva de los municipios como entidades populares autónomas para tornarse en mecanismos oligárquicos y estatales.

Durante la segunda mitad del siglo XIV se extendió el nombramiento de representantes del poder regio a las ciudades, con asiento permanente para conducir la cuestión municipal y para la época de Isabel y Fernando, cuando el objetivo oficial se centre en la creación de un estado moderno que era opuesto al interés de los señores de la tierra, el ganado y la lana, la asignación de representantes tonarse conflictiva en tanto limitaba la autonomía político-administrativa de los señores y acrecentaba el control central
[2] especialmente de castilla.

El carácter popular democrático de los cabildos fue superado por el interés político centralista. Al producirse el hallazgo de nuevas tierras y organizarse la conquista y colonización se crea una situación inédita que requirió del uso de todos los recursos humanos disponibles para acometer tal empresa lo que obligo a los reyes a disponer de hombres de experiencias para su traslados a América a transplantar los gérmenes de las instituciones económicas, militares, políticas, municipales y jurídicas dando lugar a la posibilidad de replantear la cuestión del régimen municipal a la luz de los nuevos acontecimientos.

La rivalidad entre el objetivo de los soberanos y el interés económico de los señores creo una situación de equilibrio inestable en sus relaciones, puesto que los reyes se apoyaban en la ciudades lugar de génesis de las actividades mercantiles a las que aquellos se oponían en atención a que tendía a romper el tradicional aislamiento de las unidades productivas que encubría el dominio omnipotente de los señores feudales.

Las ciudades tendieron al laicismo contra el tradicionalismo eclesiástico entre razones porque se hizo sentido común que <>. Así al nacer el concejo implico un estatuto libertario
[3] lo que los liberaba de obligaciones que si debían cumplir los campesinos.

El ascenso de la conquista de las ciudades y sus cabildos represento <>
[4].

En tanto el concejo de reunión de todos los vecinos, fue entidad democrática, que expreso interés colectivo y transito a un nuevo régimen pues iba adquiriendo competencias económicas como control de pesas y medidas, abastos y defensa, que permitían una cierta división del trabajo al interior del municipio, dando paso a nuevas tareas que acentúan las diferencias entre los espacios urbano y rural; al tiempo que consolidan la participación ciudadana, no sin que se escenifiquen nuevos conflictos en tomo a esta tendencia
[5].

Durante este lapso fueron frecuentes las asambleas generales de vecinos (cabildos abiertos) para la toma de decisiones, luego su ejecución, y una función representativa que tiende a estabilizarse se otorga a los <>, que eran los vecinos (caballeros o no) con casa establecida con mujer e hijos, y que gozaban de reconocida probidad>>
[6].

Todo ellos condujo a poblaciones donde florecieron comunidades vecinales (…) <>
[7] que sentó las bases institucionales de una democracia local efectiva.

Esto dio a las ciudades muchos atractivos, entre ellos, el de los festejos, ferias, mercados bailes, autos de fe, teatros, servicios profesionales, cirujanos, etc.

Esta apertura le confería un atractivo especial que unido a la organización de las parroquias o barrios que unido a la organización de las parroquias o barrios donde las agrupaciones se hacían ora por origen, ora por oficios, sentaron las bases de las cofradías y las hermandades de oficios y artes, históricamente emparentadas con los gremios.

La decadencia de la democracia


En Castilla y León las organizaciones territoriales tuvieron grandes éxitos en tanto que en Cataluña, Valencia, Aragón y Navarra fueron las organizaciones sectoriales <>
[8].

Será las necesidades inherentes a la guerra de la reconquista contra los árabes la que indujo a los reyes de castilla y leon a conceder mercedes a los nobles a cambio de prestaciones de servicios militares. Estos servicios y su posterior pago con privilegios gravitarán en la disminución del carácter democrático de las organizaciones territoriales (cabildos) y en su constitución en entidades oligárquicas.


El proceso de transformación de un estadio a otro fue largo, pues a lo largo, pues a lo largo del siglo XII las ciudades estaban representadas por procuradores en las cortes, <[9]. Ello da cuenta, que el periodo de transito a la modernidad conllevo mas de doscientos cincuenta años hasta la consolidación de la monarquía y Estado nación.

Además de los sectores arriba mencionados en los cabildos se reservaba lugares de hasta un cuarto de los puestos para los mercaderes, artistas y profesionales. Estos eran llamados <>, por pagar (pecho) o impuestos, les confería derechos políticos a representar su sector, al respecto consigna Colomer vía del que: <>
[10].

La representatividad popular era tal que la <>
[11].

Otra institución municipal de la época que nos ocupa lo fue el jurado popular o forero, equiparable a los tribunos de la plebe de la antigua roma, surgieron al juntarse los vecinos de las parroquias y ser elegidos para que asistieran a los ayuntamientos que tenían lugar para tratar asuntos referentes al pueblo; los foreros <>
[12].

Los foreros llegaron a constituir un órgano colegido: el cabildo de jurados, representante de la comunidad, que vela por la defensa de sus intereses.

Este organismo también era integrado por <>
[13].

Otras atribuciones eran: confeccionar padrones, elecciones y el servicio militar, vigilar el reparto de <>, abastecer de víveres la comunidad, ratificar los nombramientos de personal, hechos por el alcalde y ser depositario de suelo de la ciudad y del arca.

Los jurados tenían derecho de apelar ante el rey cualquier acuerdo del concejo que fuera contra el interés del común o contra el derecho privilegiado de la ciudad
[14].

Comunidades donde se efectuaba este tipo de praxis fueron ciudades donde se crearon resistencia contra los vestigios feudales y promovieron las artesanías y bellas artes junto al comercio.

El panorama no fue tan extendido como para que no se registraran retrocesos. <>
[15] y ésta no tardó en intentar hegemonía sobre los órganos de gobierno y los oficios del cabildo. Estos intentos fueron resentidos por las capas populares que reclaman participación y sentían como suyas los cabildos, al respecto se registraron alzamientos que de nada sirvieron.

Los conflictos terminaron por crear situaciones de hechos: la coexistencia de varios tipos de municipios: desde abiertos, democráticos (ampliamente participativos), hasta aquellos cuyos cargos sólo eran accesibles para la nobleza. Los hubo en que ambos grupos (plebeyos y aristócratas) se hacían representar por igual en los puestos: mitad a mitad
[16].

Para 1348 la tendencia a patnmonializar los cargos y a la concentración de poder en unos pocos da lugar a los cabildos oligárquicos lo que marca las restricciones democráticas y el triunfo de la cooptación para los propósitos del poder centralizador.

A lo largo del siglo XIV el cabildo adquiere importancia especial porque se registra la tendencia a no elegir sus propios magistrados; este hecho, unido al crecimiento relativo de la población, da lugar a que una minoría, proveniente del sector aristocrático o de la burguesía, fuese tomando lento pero sostenido control del mecanismo de representación y participación popular en detrimento del pueblo.
Esa tendencia se reforzó cuando Alfonso XI interviene los cabildos y crea la figura del Regimiento y cuando concede mercedes reales a los delegados, algunos de los cuales fueron dadas en forma vitalicia. El ordenamiento de Alcalá de 1348 es la base legal del golpe mortal que se asesta a la capacidad electiva del pueblo en los cabildos. En igual dirección el soberano establece gracias a favoritos políticos nombrándolos regidores, lo que permite que se enquisten en los puestos y los instrumentalicen dado el origen de sus nombramientos.

Puede afirmarse que este es el momento que marca la disminución de la participación popular y acentúa el proceso del patrimonización de los puestos públicos que igual benefician a nobles que a plebeyos a quienes el rey debe favores y les paga con nombramientos y que será mortal para la práctica democrática temprana en Castilla.

Así, en sus orígenes, los regidores eran de extracción popular y por el demanda político de la centralización se van tomando un representante del rey, y desde luego, en autónomos o representantes de sus propios intereses, pero siempre contrarios al imperativo del pueblo.

García Gallo estima <>
[17], lo que da lugar a los jueces de los salarios que hace mermar la autonomía municipal.

El delegado regio interviene en el gobierno de las villas en todas las tareas locales. Este proceder se <>
[18].

Este proceso se consolida con la conquista y colonización, no obstante las distancias al ser controlados por los nuevos núcleos económicos locales que patromonializan las entidades municipales restringiendo la participación popular y tomándolo en instrumentos de una minoría que <>
[19]. La consolidación era cónsona al interés estatal de la centralidad, pero la diversidad territorial, las nuevas situaciones socio políticas y el agudizamiento del interés privado bloquearon el interés oficial, por un tiempo en lo que concluía la nueva organización territorial.

Surgió un distanciamiento operativo en los primeros diez años, porque lo específico de la conquista impedía la fluidez de comunicación lo que bloqueaba el proceso de penetración estatal a la sociedad civil. La distancia flue clave en crear desconfianza respecto a los poderes locales en América lo que se reflejó en una paulatina pérdida de funciones de las ciudades en las cortes. Se sabe que al dejar de reunirse los cabildos se vieron privados de la representación que les dio origen, lo que en adición a la intromisión estatal hace menguar su rol de representación popular.

El municipio cayó en manos de una minoría acaudalada que podía comprar oficios públicos, lo que se acentúo entre los siglos XVI y XVII temprano y en virtud de herencias que por igual podían ser vendidas al mejor postor.

Esta realidad se fue imponiendo al extremo que en el siglo XVIII la única contrapartida a los cabildos oligárquicos provenían del corregidor que, en no pocas ocasiones, carecía de medios para imponer su autoridad frente a las actuaciones de los grupos de poder.

Los Cabildos en la España 1493-1519.

De las entidades oficiales creadas en América durante el período colonial ninguna tendría más vínculo con el sector llano de la sociedad como el cabildo. Este, a través del régimen municipal, constituyó la correa trasmisora de contactos entre la Corona y lo que desde el siglo XVIII hasta hoy llamamos sociedad civil.

No obstante los intentos de instrumentalización del poder central y el control político de los sectores de mayor niveles entre la estructura social y el Aparato Burocrático
[20].

Las instituciones coloniales más notables fueron el Real Consejo de Indias, la Casa de Contratación, el Virreinato, las Reales Audiencias, la Real Hacienda, las gobernaciones, las Intendencias y los Cabildos Seculares
[21]fueron los cabildos de primera instancia para procesar los conflictos de orígenes en la base de la sociedad, requisito imprescindible para el normal desenvolvimiento de cualquier colectivo humano.

La constatación del grado de operatividad de los cabildos en América tiene un punto obligatorio de referencia en los primeros treinta años de funcionamiento de los mismos, en La Española; donde el gobernador Nicolás de Ovando <>
[22].

Los reyes instruyeron para la constitución del primer cabildo en La Isabela, al tiempo que facultaban al Almirante a elegir directamente los regidores
[23]. Es obvio que ello fue el producto del control que el poder central de Castilla había logrado sobre los cabildos peninsulares luego de sojuzgar las prácticas edilicias democráticas y haber constituido en prácticas edilicias democráticas y haber constituido en práctica recurrente la investigación de los ayuntamientos al servicio del poder central.

Además del creado en La Isabela, <>
[24]. Cuando en 1498 Bartolomé Colón fundó la Villa de Santo Domingo por igual se gestó cabildo en ella, que desde luego, el controlado por Colón al designar a los regidores para evitar que sus atribuciones oficiales se vieran mermadas por sus desafectos si éstos lograban controlar el nuevo organismo, tal como aconteció en La Isabela.

Los cabildos surgidos durante el período colombino en modo alguno pueden ser catalogados de típicos pues la precariedad del momento inicial de la creación del modelo socio económico impidió de manera lógica que desempeñaran funciones que le habían sido inherentes en la Península, como eran abastecer mercados, gestionar las rentas municipales y construcción de edificios públicos, entre otros.

Las razones de este comportamiento las explica Rodríguez Morel de la siguiente manera: <>
[25].

Existieron cabildos sólo en lo formal, en su constitución y jerarquía, no así en su operatividad y cotidianidad dado que lo temprano del experimento colonizado con sus naturales limitaciones bloqueaba que los fuesen en esencia.

En lo sucesivo otros serían los factores de freno al normal desempeño del cabildo, a saber: el absoluto control regio de los mismos y el grado de autoridad de los gobernadores locales.

No obstante estos límites durante el gobierno del Almirante se registran pugnas por el control edilicio que sirvió de catapulta a intereses encontrados con Colón
[26]lo cual es sintomático de que aún sin alcanzar nivel de madurez relativa para su real operatividad se registraron en su luchas que anunciaban los futuros enfrentamientos entre bandas por el control del manejo de la cosa pública.

Durante la efímera administración del comendador Francisco de Bobadilla entre 1500 y 1502, al parecer no existe evidencia de la formación de cabildos
[27].


En cambio bajo la administración del Comendador Mayor Frey Nicolás de Ovando si se crearon cabildos, tantos como villas se fundaron. Por lo que puede sostenerse que <>.
[28]

Ovando instituyó un sistema para elegir funcionarios al interior de los cabildos (alcaldes y regidores) que le permitió controlar a su antojo, mediante elementos de su confianza, la vida municipal de las distintas villas existentes durante su permanencia al frente de la gobernación de La Española
[29]mediante esos delegados personales Ovando ejerció su poder absoluto no sólo en los cabildos y municipios, sino en todo los ámbitos de la sociedad, lo que permite calificar su período como Ovandino[30].

Esto fue factible por el uso político aplicado por el Comendador Mayor en los repartimientos de tierras, lugares y solares, así como de encomiendas entre sus favoritos a los fines de requerir en lealtad los favores dispensados y las prebendas otorgadas.

Para su consecución eficiente Ovando fundó, o lo hicieron bajo su mandato, villas que de inmediato doté de su respectivo cabildo.

Las villas existentes a la llegada del Comendador eran Santo Domingo, Concepción de la Vega, Santiago, Bonao, bajo su égira surgieron Puerto Plata, Lares de (3uabava, San Juan de la Maguana, Santa María de la Verapaz, Salvatierra de la Sabana, Villanueva de Yaquimo y Salvaléon de Higuey.

En estos lugares se articuló la sociedad Ovandina con lo más granado de la élite de aquel entonces: Francisco Caballos, Bernardino de Santa Clara, Diego Velásquez, Pedro de Orellana, Miguel de Madrigal, Alonso de Escobar, Hernando Mes, Alonso de Hinojosa, Juan de Villagas, Alonso de Cáceres, Alonso de Sotomayor, Diego de Aldana, Rodrigo Mexía, Pedro de Valdivieso, Vasco Núñez de Balboa, Pedro Romero, Juan de Esquivel, J. Ponce de León entre otros
[31].

Es consenso entre los historiadores que durante su paso por La Española Nicolás de Ovando controlo todo los aspectos de la incipiente sociedad colonial, desde los repartos de indios, fundación de villas, construcciones
[32] públicas entrada y salida de territorio insular, hasta los primeros eventos de la conquista y la colonización, eventos estos que deberían verse y tratarse siempre como parte de un mismo proceso dado que en la generalidad de los casos los conquistadores frieron los iniciadores de la colonización.

El cabildo jugaba un papel importante en todo que era la institución responsable del comercio, del abastecimiento de la ciudad, de la construcción, de las rentas del municipio. Como ya quedó dicho en una primera etapa el cabildo de fines de siglo XV. Se desarrolló en una dinámica que respondía a los intereses de los columbinitas. Más adelante se van desarrollando bajo Ovando sectores ligados a la explotación de azúcar, la ganadería, el comercio, que se apoyan en la economía mercantilista de la época. Los integrantes de estos sectores controlar parte del cabildo del puede verse que la actividad económica estaba íntimamente vinculada con el gobierno de la ciudad.

La importancia de la entidad edilicia está fuera de toda discusión así friera controlada por la representación local de la Corona, o por los sectores de poder económico, entre los cuales no es factible establecer linderos rígidos, pues la burocracia colonial era la de mayor nivel económico en casi todo momento
[33].

Cuando murió la reina Isabel comenzó a menguar el poder en que se apoyaron los grupos que controlaron los cabildos: Nicolás de Ovando. Este vio declinar su respaldo desde Castilla al adoptarse tres medidas que de alguna forma lo cuestionaban directa o indirectamente, a saber: Se deroga la disposición que impedía a los colonos escribir directamente al Rey. Lo que habría la posibilidad de formarse otra visión sobre la administración de Ovando sin que éste se entera previamente y, se nombró a Francisco de Conchillo, enemigo del Comendador Mayor, como alcalde de la Fortaleza Ozama
[34]y se designó a Gil González Dávila para que residenciase al protegido[35]de Ovando Cristóbal de Santa Clara.

El cabildo secular de la Española no logró adquirir durante las administraciones de Colón, Bobadilla, Ovando, Diego Colon, y los Padres jerónimos el carácter popular y democrático que acusó en algunas urbes de la Península antes de los Reyes Católicos, lo que se explica por la <> implícita en las disposiciones que los intervenían y cooperaban y, por la patrimonialización de que fueron objeto por parte de los sectores de abolengo ligados a los más altos cargos de la administración colonial en el lapso que nos ocupa.

Es obvio que las cuestiones dilucidadas a su interior generaron aprendizajes que luego permitieron, evaluar las experiencias insulares las antillas y superarlas en otras latitudes especialmente en México y Suramérica. En modo alguno puede repuntarse de injustificante>> o negativo
[36] el entrenamiento que daba la vivencia del que hacer cotidiano en las corporaciones edilicias para futuras experiencias en trabajos similares; máxime, cuando en otros lares surgió el esquema jerárquico transplantado desde Castilla y puesto en práctica en Las Antillas.

Aún en los casos de los cabildos de Huestes que gobernaron los primeros veinte años de la colonización se creó una experiencia que preparó a los gestores de las futuras conquistas tal es el caso de Cortés que creó cabildos abiertos en Veracruz para legitimar sus decisiones.

Los cabildos solían ser abiertos cuando a ellos asistían los vecinos y practicaban de las deliberaciones y toma de decisiones. A veces florecía espontáneamente, es decir sin responder a una determinada instancia estatal, los tratadistas están contentos en que Castilla funciono en el siglo XIV con bastante regularidad.

De los cabildos surgía una pequeña conglomerado denominados <> cuya tarea consistía en dar al vecindario disposiciones sobre el diario vivir.

También existió el llamado cabildo ordinario que era cuando se llevaba a cabo sus reuniones en forma fija un día a la semana y su agenda versaba en cuestiones de normal desenvolvimiento del vecindario.

Se llamaba cabildo especial cuando se presentaba una situación friera de lo común, que requería de reunión y agenda extraordinarias para lo cual se convocaba todos los capitulares, la más de las veces vecinos de prestancia político social; este cabildo podía reunirse cualquier día de la semana, en atención a la urgencia de la convocatoria.

Su competencia

Dos fueron las competencias básicas de los primeros cabildos en La Española: de orden y policía local y administración de la vida comunal.

En materia de orden, el cabildo actuaba como administrador de justicia, desde sus más remotos orígenes en el siglo XII, sobre el territorio bajo su jurisdicción. De ahí que el alcalde representara la autoridad de primera historia en las localidades, a veces era asistido por vocales designados al respecto.

En América, como en Castilla y en etapa de la cual nos ocupamos la vigilancia y reglamentación comercial de tarea de la cual se ocupó el cabildo con especial cuidado. Básicamente el cuidado de pesas y medidas en el intercambio comercial; y el abasto público. Junto a estas tareas hay que colocar las de sanidad pública, pues velaban por la higiene en los hospitales y por la calidad que debía reinar en los mataderos.

Tal como se consignó en otra parte de este ensayo, una de las tareas clásicas de los cabildos guardaba relación la edificación de obras públicas y su financiación.

Esta labor guardaba relación estrecha con la materialidad estatal o proceso mediante el cual el Estado crea un conjunto de obras para devolverle a la ciudadanía parte de lo que quita en impuestos y tasas y crear la legitimidad a sus actuaciones como hacía con las Encomiendas
[37].

De no haber sido por la fatal pérdida de los fondos documentales
[38] de la época colonial, hubiera sido factible establecer la correlación entre lo que captaban la administración local y lo que invertía en obras públicas: iglesias, puentes, cementerios, hospitales, etc. Entre 1493 y 1540 aproximadamente, en que en Santo Domingo se erigieron obras que le dieron esplendor; ello habría sido de capital importancia para una aproximación al que hacer institucional del período en cuestión.

Otro renglón de trascendencia en la vida municipal colonial fue el manejo de hacienda y política crediticia, relacionadas con la administración de bienes propios o comunales y préstamos
[39].

Tal vez la competencia más directamente ligada al pueblo de todas las propias del cabildo, fue la de organizar fiestas y llevar a cabo ceremonias, esta constitución de eventos creativos que convocaba a los munícipes en su totalidad dada la escasa población y el tipo de villas, con frecuencia pequeñas, que condicionaban los eventos a celebrarse
[40].

Los cabildos se ocupaban por igual de efectuar rondas de vigilancia nocturna para evitar actos reñidos con las leyes y proteger a la ciudadanía por tradición en estas vigilias la población se unía a los oficiales como voluntarios, sobre todo en época de alteración de la paz pública.

Adjunto a las tareas cotidianas los cabildos se acogían a las normativas emanadas de la Corona y a las que se generaban en su propio seno, conocidas como ordenanzas municipales
[41], medidas adoptadas para jundificar los procesos sociales urbanos y las relaciones entre la institución y los vecinos.

La Observancia del acatamiento correspondía al mismo cabildo, ello así porque desde los primeros tiempos estaban revestidos de autoridad para dictar sus propias ordenanzas lo que nunca fue puesto en entredicho a pesar de las controversias respecto a la política en su interior
[42] como ocurrió en Concepción de La Vega y San Juan de la Maguana; en todo caso las normativas debían al parecer de la audiencia para refrendarías[43].

Los grupos que formaban parte de la dirigencia política controlaban la vida comercial y el cabildo dependió de la Real Audiencia Administración Central local hecho que ponía limitaciones a los alcaldes y regidores en sus apetencias. La búsqueda de independencia impulsé a elegir a un Procurador General que fiera a donde el monarca a interceder por la <> (sus intereses particulares).

El primer escenario de la lucha de intereses se produjo antes con la revuelta de Roldán contra Bartolomé Colón en el cabildo de La Isabela. Al regresar Colón del tercer viaje pactó con los roldanistas y luego el estado monárquico dio prerrogativas a los colonizadores repartiendo tierras, solares, aguas, entre otras en 1504
[44].

Francisco de Bobadilla fue el juez pesquisidor enviado por la Corona, luego de la revuelta de Roldán para acabar con los grandes sueños de poder, fama y fortuna, del Gran Almirante.

Bajo el gobierno del Comendador Mayor esos privilegios pasaron a ser controlados directamente por él. Luego bajo el gobierno de Diego Colón esos privilegios pasaron a ser controlados por la Real Audiencia y los oficios reales a través de la instrumentalización de los repartos aunque sólo los conocían las necesidades de los municipios; los funcionarios acaparaban la mayor cantidad de manos de obra indígena. El cabildo fije el escenario de estas disputas entre los señores del poder económico por hacerse de los controles de los mecanismos de poder político.

Los conflictos se procesaban en el cabildo y la Real Audiencia tal como se desprende de la lectura del capital texto de Genaro Rodríguez Morel, supracitado y de otros trabajos referidos a la cuestión.

El período 1493 1519 es ilustrativo para dilucidar el tema de la aparición de la oligarquía en La Española. Juan Bosch
[45] sitúa la aparición de la oligarquía en los repartimientos efectuados bajo Ovando y Diego Colón, empero es dable demostrar que la oligarquía apareció al tomar control un grupo de funcionarios de las posiciones claves de los cabildos para instrumentalizarlas y poner los órganos municipales a sus servicios, lo mismo que subordinarlo al poder central.

El hecho es que el concejo fue el espacio de confrontación social por excelencia para procesar los conflictos de clases en la primera etapa de la conquista y colonización y aunque las tareas institucionales se efectuaron nunca las disputas estuvieron al margen de la operatividad como queda claro en los documentos sobre Santo Domingo, San Juan de la Maguana, La Vega y Bonao por lo menos.

Otra prueba de lo arriba sostenido es la designación de los funcionarios edilicios regidores, alcaldes, provinciales, alcaldes de hermandad, procurador general, escribano público, alférez real, alguacil mayor, fiel ejecutor y el depositario general; que requería de intervención real, cuando no eran compradas.

El cabildo colonial opinaba de todo lo concerniente a la vida social
[46]; Lo mismo solicitaba para la construcción de iglesias, obras públicas como fortificaciones, acueducto y puentes; intervenía en la regulación de precios, introducción de monedas, solicitaba reducción de impuestos o prorrogas de pago de mismos, etc. Se observa que los regidores llegaron a formular peticiones cono la prohibición de testar y legar incondicionalmente bienes a la Iglesia o la exclusividad en la concepción de canonjías eclesiásticas a los naturales de la isla.


2 comments:

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Bastante completo el articulo, gracias!"Fitness Elipticas Mancuernas"

EsSchneider said...

Un muy buen espacio para historiadores, excelente! "Schneider Carteles
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